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jueves, 16 de enero de 2014

Muhammad V

Rey de Granada en dos ocasiones, el total de su gobierno alcanzó los 29 años. A lo largo de todo este tiempo, nunca tuvo el trono de Granada un emir tan culto, refinado e intelectual. Es el espejo de la delicadeza alcanzada en al-Andalus y modelo de la erudición que la corte nazarí logró y se refleja en las obras públicas y el legado inigualable que nos dejó en los Palacios de la Alhambra. Formó un perfecto equipo de regidores del Reino entre los que destacó su visir o primer ministro Ridwan, el historiador y jefe de su cancillería al-Jatib y el jefe de sus ejércitos, Yahya.

Ejerció una política de diplomacia que le granjeó la amistad de Pedro I, Rey de Castilla. Fue un astuto gobernante que estrechó lazos con todos los enemigos, cristianos y musulmanes del norte de África y supo aprovecharse de las luchas intestinas castellanas para ampliar el Reino y reintegrar a éste las plazas de Úbeda, Algeciras, Rute o Cambil. Tras sus éxitos militares, fraguó una paz que duró más de 20 años, todo lo que quedaba de su vida y por ende de su reinado.

La estabilidad social que consiguió se tradujo en una corte plagada de intelectuales y de artistas que se acogieron a su protección. Sólo así pudieron nacer las mayores fantasías decorativo-arquitectónicas de la Alhambra, gestadas entre el 16 de marzo de 1362 y el 16 de enero de 1391, tal día como hoy, cuando se cumplen 624 años de la muerte del que con toda probabilidad fue el más inteligente y propicio rey de Granada.

Añadió a la corona Utrera, Jaén y a punto estuvo de conquistar nada menos que Córdoba, en 1368. Pero si por algo pasará a la historia es a raíz de 1362, cuando nacerá un nuevo Palacio en los reales de la Alhambra que es, a día de hoy, el más cautivador ejemplo del arte musulmán. Todo empezó en una mítica sala. El día que se acababa, todavía durante su primer reinado, el arte nazarí entraba en el Olimpo de la excelencia y comenzaba a elevar los alcázares regios granadinos en los más legendarios y universales espacios palatinos del Medievo Universal.

La Sala de Dos Hermanas. Al fondo, Lindaraja

La Sala de las Dos Hermanas fue el espacio para el consejo de visires y salón del trono, abierta hacia Lindaraja con un objetivo: que el sultán contemplara Granada ocupando el solio real, para no olvidarse nunca de qué gobernaba. El poema lo dejó claro para la eternidad: “Desde aquí contempla la capital del emirato, cuando espléndido aparece y brilla en el trono". Y a partir de 1363, llega la fantasía y además, de su mano. Muhammad V. Este palacio se articula por un patio en forma de crucero que es, realmente, el paraíso. Una fuente le dará nombre e inmortalizará la Dinastía Nazarí, el Reino de Granada y el Palacio que lo comanda, en todo el Mundo: los Leones.

No hay palabras que describan la cúpula de la Sala de Abencerrajes

Poemas, mármol y agua. El sultán se remangaba cada mañana y se ponía, codo con codo, a trabajar junto a los alarifes. La paz en las fronteras y la cultura en sus palacios, resumían su gobierno. La sala de los Mocárabes era la antesala, la de los Abencerrajes, para la celebración de fiestas y banquetes, y la de los Reyes, siete tramos de yeserías que flotan sobre las cabezas de los presentes, la mejor fusión entre cristianismo e islamismo de la mano del arte, con pinturas italianas y el refinamiento y gusto granadino.

La Triunfal Puerta del Vino

Los diez primeros sultanes de la dinastía nazarí miran al espectador; un baño desaparecido añadía la altura intelectual alcanzada en esa época y además, el emir patentaba para siempre el lema triunfal: “al-Gani billah”. Para asombrar más a los lectores, la Puerta del Vino entroncaba con Grecia y Roma, pues se convertía en un Arco de Triunfo pero del arte hispanomusulmán para conmemorar la Victoria de Algeciras.  
Le dan nombre al Patio, al Palacio e inmortalizan a su Señor, el Sultán Muhammad V


Con Muhammad V la Alhambra alcanzan el máximo esplendor del arte nazarí en su versión ornamental. Desde él, los palacios nazaríes son ya el reflejo de la arquitectura del ocio, de las mansiones que sirven como estímulo para el placer de los sentidos, de los espacios donde como antes nunca la arquitectura y la naturaleza mejor conviven. Hoy día, la Alhambra de Muhammad V, con los Leones y Arrayanes a la cabeza, se han convertido en paradigmas de la fascinante arquitectura nazarí y en el mejor ejemplo de la inagotable intelectualidad y capacidad creativa que alcanzaron los granadinos, por lo que cada 16 de enero, los amantes de la cultura y del arte, lloramos la pérdida del mejor sultán de este Reino, del mayor emir de este pueblo, del padre de la Granada verdadera.


Así fue el Maristán de Granada

P.D. El fruto de toda esa intelectualidad referida, lo condensó uno de los primeros centros médico-hospitalarios del Mundo dedicado en exclusividad al tratamiento de enfermedades mentales, algo impensable para hace más de seis siglos. Luego el sitio fue primera ceca del Reino de España en donde habría de nacer la primera moneda válida para todos los españoles. La huella cultural de Muhammad V, emir de los granadinos, se colaba por media Europa. Para oprobio de políticos, el Maristán es hoy una ruina indeseable que, un día como hoy, duele en el alma a los que amamos la historia de nuestra madre Granada. 
Y para vergüenza de todos, así está hoy día el Maristán. 

1 comentario:

José Miguel Moreno Sabio dijo...

Preciosa y emotiva entrada. Un abrazo, David.