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sábado, 25 de enero de 2014

La marcha nupcial

Justo hoy se cumplen 156 años de una obra que sin más pretensiones y desde luego, ni de lejos la mejor del que la compusiera, sin embargo es una de las más conocidas de la historia y ha inmortalizado a su autor. Hablamos de “Sueño de una noche de verano”, una pieza operística que basada en la obra homónima de Shakespeare, el compositor alemán Felix Mendelssohn creaba en 1842. Pero con mejor o peor aceptación, la fama que catapultaría a la misma le viene cuando la Corona Británica decidió tomar una de las partes de esta ópera para armonizar y realzar el enlace matrimonial de la joven Princesa Victoria.

Aquel 25 de enero de 1858, abandonaban la Abadía de Westminster los cónyuges Federico de Hohenzollern, futuro Emperador de Alemania y la hija de la todopoderosa Reina Victoria de Inglaterra, la Princesa (futuro reina consorte de Prusia y Emperatriz consorte de Alemania) Victoria de Sajonia. La augusta madre, desde el real palco del complejo eclesial londinense, se deleitaba escuchando la música que ella misma había seleccionado y había preparado para el enlace. Y dejó para el final, mientras los ya marido y mujer avanzaban por la nave central de la Abadía, la “Marcha Nupcial que 16 años antes había incluido en su ópera un autor por el que sentía especial predilección: Felix Mendelssohn.

Con esto habríamos terminado de contar la anécdota. Sólo nos quedaría decir que desde aquel 1858 es la marcha nupcial por excelencia, es la pieza musical que primero nos viene a la cabeza cada vez que asistimos a un enlace o vemos una película al uso en la televisión. Pero más que recordar una efemérides como esta y contar que desde hace 156 años y por el capricho de la que fue la gran reina de Gran Bretaña, Mendelssohn alcanzó el Olimpo de la memoria musical, quiero aprovechar la oportunidad para contar una serie de sucesos que relata a la perfección la crueldad y la ignominia de la que es capaz el ser humano, casi siempre por culpa de la incultura.

El 15 de marzo de 1939 Adolf Hitler se anexionaba parte de la actual República Checa, anexionando a Alemania Bohemia y Moravia. Desde el Castillo de Praga, el asesino nazi y señor todopoderoso del III Reich proclamaba la anexión, ocupación o invasión de los praguenses. Se desataba el terror, las persecuciones judías y toda la intolerancia mortal que los nazis desplegaron por Europa hasta 1945. Un oficial de las SS tenía orden de borrar de las calles de Praga cualquier referencia hebrea posible; sus soldados ya se estaban encargando de borrar a los “mortales”. Fue así como alguien le previno que en el tejado del extraordinario edificio de la Ópera de Praga, una estatua del judío Felix Mendelssohn emborronaba la nueva ciudad aria.

De disparos, persecuciones y campos de exterminio, los oficiales de la SS tenían un máster. De cultura andaban ciertamente peor. Y así fue cómo vino el gran problema: el ático de la Ópera de Praga estaba plagado de estatuas y bustos de genios de la música y la mayoría, sin identificación que les pusiera sobre la pista del “judío de piedra”. Así que dictó una orden que vista desde la lejanía, resulta cómica: mandó a sus subalternos que destruyeran la estatua del músico con más nariz de cuántas vieran sobre el Palacio de la Ópera.

Felix Mendelssohn

Los soldados cumplieron escrupulosamente la orden y bajaron la pieza. Se disponían a martillear al compositor los obreros contratados para ello cuando alguien previno a la oficina de la Comandancia de la SS en Praga que unos indeseables estaban nada menos que destruyendo al muy alemán, muy antisemita y muy admirado por los nazis Richard Wagner. Cuando se presentó el oficial al mando en la explanada de la Ópera y comprobó que en efecto, el admirado Wagner había sido reducido a arenisca, se descompuso. Fue una broma, una revancha particular de la historia, puesto que Wagner, maldito antisemita, había criticado, ridiculizado y deseado todo lo peor a Mendelssohn en vida.


Una suerte de justicia, divina o como simple coincidencia, se vengó de él. Mendelssohn sigue oteando los aires melancólicos de la ciudad del Moldava mientras que muchos años después, superada la posguerra, Wagner volvió al lugar del que un día fue despedido por narizón, por presunto judío. ¡Si se hubiera enterado en vida que sería confundido con uno de sus odiados judíos, habría caído fulminado por un ataque! SIN DUDA. 

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