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miércoles, 29 de enero de 2014

La Leyenda Negra española

Si emitir juicios morales sobre hechos históricos ocurridos hace centenares de años ya supone una flagrante deformación de la realidad del pasado y un intento por violar la propia historia, cuando no la pretensión de ciertos sectores por “reescribir” el pasado de la Humanidad, que muchos “personajes” de la España televisiva sigan apostando por creerse el bulo tejido por Inglaterra y países satélites sobre la leyenda negra española resulta cuando menos imposible de entender. Por eso es muy recomendable acercarse a la obra de los hermanos Juan y José María Sánchez Galera, “Vamos a contar mentiras. Un repaso por nuestros complejos históricos”.

Pero el caso es que la mentalidad del pueblo llano sigue creyendo lo que vende, o tal vez vende todo esto gracias a series en donde, imbuida de una comicidad muy discutible, los guionistas de algunas series de éxito españolas se han empeñado en vendernos la imagen de un pueblo genocida y aniquilador como el nuestro en la América colombina. A todo esto, sin que aún logremos entender qué persiguen, muchos miembros de la casta política progresista siguen envenenando a la sociedad con la falacia de la convivencia de culturas en la España medieval, aseveran el idílico universo de paz social de al-Andalus y olvidan a posta hechos que demuestran que aquella España centenaria fue pionera en políticas igualitarias más próximas al pensamiento del siglo XXI que al del siglo XVI.

Dos hechos nos interesan hoy para desenmascarar esa leyenda injusta. La primera, con más de cinco siglos de historia, constituyó nada menos que el primer escrito de Derechos Humanos del Mundo. Se trata de los últimos párrafos del Testamento de la Reina Isabel la Católica, en donde realiza una defensa frontal y decidida a la protección y respeto de los indígenas americanos. La “arquitecto de España” se adelantó la friolera de 289 años a la Declaración de Derechos cuya paternidad seguimos asociando a Francia. Decía la soberana así:

Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien”. Aún con todo, los hay que por un furibundo odio a todo lo que suene a español, mezclando franquismo con Colón y patriotismo con espadas, se creen sin ruborizarse de su falta de conocimiento histórico todo lo que los países enemistados con España han propagado sin base alguna. Mal que les pese a algunos, España no tomó el Nuevo Mundo a base de hierro sino de curas y evangelizadores.

Todo comenzó en 1493, cuando una Bula Papal autorizaba a nuestra Corona a disponer de las nuevas tierras descubiertas siempre y cuando se comprometieran a evangelizar a los indígenas. Alejandro VI formalizaba lo dicho en su bula Inter Caetera: la propiedad de la recién descubierta «terra nullis» (tierra de nadie) era de los Reyes Católicos, a condición de que evangelicen a los nuevos súbditos. Y sin embargo fueron los propios monarcas los que cuestionaron el derecho que tenían de obligar a ese Nuevo Mundo a responder ante la vida como europeos de siempre. Tal es así que Isabel la Católica determinó que seguirían siendo los propietarios de las tierras que les pertenecían con anterioridad a la llegada de los españoles. Luego, en el año 1500, dictó un decreto que prohibió la esclavitud y al fin, crea sin proponérselo la idea de las libertades de los hombres.

Si decisivo fue el papel de Isabel, el de su nieto Carlos, el Emperador, será rotundo. Convocó en 1540 una junta de intelectuales que en aquellos momentos, se daban cita en la prestigiosa Universidad de Salamanca: De allí saldrían leyes de obligado cumplimiento que decían textualmente: “tanto el Rey, como gobernadores y encomenderos, habrán de observar un escrupuloso respeto a la libertad de conciencia de los indios, así como la prohibición expresa de cristianizarlos por la fuerza o en contra de su voluntad”. Además, aquellas Leyes de Indias eran de una modernidad aplastante, prohibiendo injuriar o maltratar a los indios, la obligación de pagarles salarios justos, su derecho al descanso dominical, la jornada laboral máxima de ocho horas y un grupo de normas protectoras de su salud, especialmente de la de mujeres y niños. Resulta casi increíble y afortunadamente pueden consultarse para comprobar su veracidad.

La Real Orden de 1526 impuso en todas las expediciones militares la compañía de sacerdotes; a España seguían llegando noticias de abusos de la población indígena y el fraile evangelizador estaba, sobretodo, para procurar que gobernadores y potentados sin pudor y ávidos de poder, se atrevieran a incumplir los deseos regios de igualdad. Pero lo cierto es que los pueblos anglosajones se entretuvieron en que no aflorasen realidades constatadas y constatables como las que contamos; el mismo pueblo que extermina en la América que está bajo sus dominios a los indígenas. El mismo pueblo, que observa cómo los españoles hacen que nazca una nueva raza, el mestizo. El mismo pueblo que mira hoy día como la mayoría de ciudadanos de los países hispanoamericanos son herederos genéticos de los pueblos anteriores a la llegada del español y sin embargo ellos no pueden sostener lo mismo.

Vergonzosa fotografía de indios americanos encadenados y capturados por estadounidenses.

Theodore de Bry grabó numerosas calumnias y los británicos se encargaron de difundir esos grabados. Luego, el cine hizo el resto. La realidad, aunque algunos se empeñan en verla, es que España creó una sociedad mestiza, mientras que los anglosajones se encargaron de fomentar lo que han venido haciendo hasta no hace tanto: una especie de apartheid que separaba a británicos de indígenas. España creó un Mundo mitad europeo mitad indígena. La corona británica, los colonos puritanos holandeses y otros pueblos europeos no crearon nada nuevo, sino que aniquilaron a los indios a su cultura, impusieron su forma de vida y nunca se movieron en las conquistas y expansiones por los mismos motivos que España: mientras que a esta Nación le impulsaba el interés de la propagación de la fe, a ingleses, franceses y holandeses los motivó el dinero, la prosperidad comercial y el mercantilismo.

Hasta en la fe había diferencias: el catolicismo español dejó claro que los indígenas eran iguales. Lo fijó en forma de ley Isabel la Católica en 1500. Volvió a insistir en ello en 1504 en su testamento, lo que nos deja claro que hasta en sus últimos instantes de vida le preocupaba y mucho la suerte de los pueblos americanos. Y al fin, Bartolomé de las Casas refleja a la perfección el modo y la manera católica de evangelizar. Pero el protestantismo insistía en que los indígenas eran pecadores. Y eso se deduce de los textos propios que han llegado a nuestros días.

Pero si alguna otra prueba hacía falta, nos llega desde el mismo Estados Unidos. Desde hace unas semanas, la población de San Agustín de Florida recoge una exposición que desmonta la falacia de la leyenda negra española en América y que deja claro que la Florida española, a lo largo del siglo XVII, fue la promesa de libertad para los esclavos sometidos en la cruel explotación de los británicos. San Agustín es la ciudad más antigua de los Estados Unidos. Fue fundada por el español en 1565 y por ello, será sede hasta el 15 de julio de una exposición homenaje al pueblo negro en América. Pero es que además en San Agustín estuvo el primer asentamiento de negros libres; y es que, los primeros africanos que llegaron al nuevo continente “no eran esclavos y los primeros esclavos no eran africanos”. Estas palabras las dijo al Diario ABC Dana Ste. Claire, director de la comisión para el 450 Aniversario de San Agustín.

Una historiadora estadounidense, Jane Landers, publicaba un dato demoledor: en 1513 llegaron a América dos africanos libres, bautizados como Juan Garrido y Juan González Ponce de León. Ninguno de los que viajó luego en los barcos expedicionarios de Vázquez de Ayllón (en 1526), de Narváez (en 1528) o con  Cabeza de Vaca eran esclavos. Procedían además del sur de España, conservaban los derechos que las leyes españolas les garantizaban, (personalidad moral y legal y protecciones iguales a los cristianos viejos). Además, los siervos americanos en nada tuvieron que ver con las prácticas esclavas, tal es así que aquellos negros que servían, se les permitía poseer y transferir propiedades y emprender procesos legales y se recogen infinidad de ejemplos de manumisión, es decir, de cartas de libertad.

En San Agustín, los negros estaban en el Ejército de la Corona Española, trabajaban como artesanos y en1693, Carlos II garantizó a todos los esclavos que serían hombres libres si se convertían al catolicismo. A cambio, los liberados prometían derramar hasta la última gota de sangre en defensa de la Corona y de la Fe. Y de golpe y porrazo La Florida Española se convirtió en la tierra prometida, en el paraíso anhelado; no dejó de aumentar el número de negros que escapaban de la esclavitud en las plantaciones británicas hacia Florida hasta el punto que se fundaría Gracia Real de Santa Teresa de Mose, la primera comunidad autogestionada por negros libres y nativos americanos. En el Fuerte Mose, el capitán del Ejército era un negro mandinga de nombre Francisco Menéndez.


Pero la mejor defensa siempre ha sido un buen ataque: Estados Unidos nace de una guerra por cuestiones esclavistas, que nadie lo olvide. Los anglosajones alimentaron esa leyenda negra que a la postre, se desmiente con argumentos basados en la historia. La pena de todo esto es que algunos de nuestros paisanos se atrevan todavía a creer bulos y mentiras a pies juntillas y a incluir en sus histriónicos argumentos, lo que no deja de ser una excusa de odio hacia la historia del primer país del Mundo que se preocupó por cualquier ciudadano más allá del color de su piel. ¡No olvidemos que lo que no consiguió Hitler con los judíos, lo lograron los ciudadanos de cultura anglosajona en el país de las libertades: exterminar a todo un pueblo y a día de hoy, seguir recluyéndolo en “MODERNOS CAMPOS DE EXCLUSIÓN”, LAS RESERVAS INDÍGENAS. 

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