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domingo, 19 de enero de 2014

La bofetada que cambió la Historia de España

Muchos de vosotros, seguís sorprendiéndoos por las malas prácticas de gobernantes y políticos sin reparar en que, cuando se junta lo peor de cada familia en la tarea de regir los destinos de un pueblo, éste no tiene otro fin que el del padecimiento. Los que sentimos pasión enfermiza por la historia no reconocemos esta crisis que sufre España como el peor de nuestros episodios, porque el siglo XIX fue lo suficientemente cruel como para, a lo largo de toda su centuria, acabar con la gloria española. De la imbecilidad de sus gobernantes, a la invasión de los franceses, pasando por la pérdida del Imperio y la agónica desmoralización del 98, la centuria del diecinueve arruinó a la Nación que en 1492 se supo, “madre y maestra”.

Retrato Pop de Fernando VII por Fernando Vicente para la XXIII Feria del Libro de Colombia.

Hay una curiosa expresión que asegura que “el dinero llama al dinero” y deberíamos acuñar otra que atestiguara que “los tontos se rodean de semejantes”. Sólo así entenderemos que el peor Rey no ya de la historia de España, sino con probabilidad de toda el Mundo en su tiempo, se juntara con ministros incapaces y poco dotados. Fernando VII es una mancha de la que cuesta deshacerse y los que lo aconsejaron, jamás osarían dar muestras de más inteligencia que el Rey. Al menos no en tanto al episodio que vamos a contar.

El Ministro Calomarde. Retrato de Vicente López, hacia 1830.

Nos mudamos al mes de septiembre de 1832; España ya no era un Imperio. América cantaba su independencia, el golpe económico sumado a la catástrofe de la Guerra de la Independencia y a la era del horror impuesta por el propio Rey hacían de nuestro país ni siquiera la sombra de lo que fue y en estas vicisitudes, lo que menos interesaba era traer a España una ley que nunca existió y que desde luego, la historia se encargaba de hacerla mala. Fue en aquella infausta fecha cuando un ministro, Francisco Tadeo Calomarde, convenció al incapaz de Fernando VII de que firmase un documento que instauraba la Ley Sálica.

Las Cortes en San Jerónimo. Luis Paret, 1789. 

Esta norma fue creada por los francos en tiempos de Clodoveo I (Siglo V) y jamás estuvo vigente en España. Pero cuando Felipe V, el primer Borbón ocupa el trono español, se trae de su Francia natal esta injusta ley que sin embargo, no le sancionó ni aprobó las Cortes. Así que nunca entraría en vigor en una España que para colmo, nació gracias a una Reina. Si todavía queda alguno que no sepa qué es la Ley Sálica, se la resumo así: la imposibilidad de que una mujer ocupe el trono. ¡Y todo ello para una Monarquía y un Estado que nació gracias a una mujer, la gran Isabel I la Católica!

Carlos María Isidro por Vicente López (h. 1840), como pretendiente al trono.

Pero ni de historia ni de lógicas estaba ducho Calomarde y aprovechando que el rey, moribundo, tenía la cabeza en ponerse a bien con Dios ante su inminente muerte, le arrancó una firma por la que quedaba excluida del trono su legítima heredera la Princesa de Asturias Isabel II y pasaba la jefatura de la Casa Real al hermano del Rey. Cuando la noticia es conocida por la familia del Rey, algunos brindan la decisión y otros, enfurecidos por tamaña osadía, toman cartas en el asunto. Y para salvar el error regio, llega al Palacio Real madrileño desde Sevilla, una mujer, dejando claro por enésima vez en la historia, que eso del sexo débil es la mayor de las falacias.

Retrato de Luisa Carlota de Borbón por Vicente López. 

Se llamaba Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, era hermana de la reina, la cuarta esposa (y madre de la legítima heredera) Maria Cristina de Borbón, y a su vez, cuñada de Fernando VII y tía por tanto de la futura Isabel II. Esto quiere decir que también era cuñada del que con esta Ley en vigor, se convertía en futuro rey y si me apuran, quién sabe si no se veía favorecida por uno de esos rebotes de la historia y pudiera haber sido algún día, con la Ley Sálica en vigor, reina consorte de España. Pero el deber, el honor y la moralidad le importaban más que una posible vida de ensueño y se decidió con una valentía insólita, a hacer lo que debía.

Fernando VII aboliendo la Ley Sálica. 

Era ya el mes de diciembre de 1832; el rey estaba agonizando y la debilidad del mismo, era preocupante. En estas, Luisa Carlota entra en la real cámara y presentándole un Real Decreto, hace que Fernando VII lo firme. El documento abolía la anterior ley y restituía los derechos a la niña Isabel, corrigiendo un capricho del ministro Calomarde y de la ineptitud manifiesta del soberano. Cuando éste se entera de lo ocurrido, se presenta en la cámara de Luisa Carlota y con gestos airados e impropios, le arrebata la Real Orden de la mano y blandiéndola con fiereza, amenaza con romperla jactándose que en breve, el Rey de nuevo aprobaría la Ley Sálica. Y entonces la joven Luisa Carlota que en ese momento no tiene ni los 26 años cumplidos, le espeta en toda la cara una sonora, rotunda y magnífica bofetada que dejó paralizado al Ministro.

Los pocos presentes no daban crédito a lo que acababan de ver. Habían sido testigos de la guantada de una Infanta de España al todavía mano derecha del Rey. Y como queriendo restañar su dignidad y recomponiendo un poco la escena, Calomarde le dijo a la Princesa de las Dos Sicilias: «manos blancas no ofenden». Pero provocativa, dejando claro que ya no era tiempo de palabras bonitas sino de hechos consumados, Luisa Carlota contestó soberbiamente: «no, pero hacen daño».


Fernando VII agonizando. 

Así fue como España se aseguraba que la vergonzosa ley de los franceses jamás tuviera nada que ver con nuestra historia. Cierto es que aquello devengó en una serie de guerras que a lo largo de todo el Siglo XIX convulsionaron y hundieron más si cabe la Nación, pero lo que no nos cabe duda es que, una bofetada, cambió el curso de la historia española. Y es que el dicho popular siempre lleva razón: “una guantada a tiempo hace milagros”. 

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