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viernes, 24 de enero de 2014

El himno de la Champions

Lo hemos repetido mil veces y puede dar la sensación que lo decimos con sorna, pero no por ello deja de ser cierto que los ingleses han pretendido desde el primer momento y en todas las situaciones posibles, distinguirse del resto de países, culturas y ciudadanos del Mundo; el ejemplo más claro es la dirección de su conducción, pero también lo que hoy contamos: cuando el Rey Jacobo, quizás el primero del que podemos ya hablar de Reino Unido, manda hacer una traducción al inglés de la Biblia (recordemos que la primera traducción de la Biblia la hicimos los españoles) pero con una versión propia y adaptada. Así nació el texto sagrado casi idéntico pero sin serlo que los anglicanos tienen como cabecera espiritual, en 1611.

Händel

Bien, tenemos que saltar en la historia 126 años. Subía al trono de Inglaterra el que sería conocido como Jorge II, al que por cierto los españoles le zurraron la badana de lo lindo por tierra y mar a lo largo y ancho de los siete mares, gracias a la valentía sin freno de don Blas de Lezo. Pero no mezclemos temas... El caso es que para la ceremonia de coronación, la Corona Británica le encargó una música propicia y rotunda al prestigioso alemán Georg Friedrich Händel que se devanó los sesos para crear una obra única a la altura de un acontecimiento de esa trascendencia. Descubrió la Biblia que el Rey Jacobo mandó acuñar 126 años antes y basándose en pasajes del Antiguo Testamento, alusivos a los legendarios reyes de Israel, compuso una obra dividida en cuatro himnos para los cuatro momentos álgidos de la coronación, sin olvidar la ceremonia de imposición a la esposa del Rey, la Reina Consorte Carolina.

Pero el más importante de los himnos se reservaba como aderezo y acompañamiento del instante en que el protocolo eclesial y real de Gran Bretaña, ceñiría la corona sobre las sienes del futuro Jorge II y le depositaría en las manos el mítico cetro real. Este himno estaba basado en la coronación de Salomón como rey de los israelitas, tal y como narra el libro I de los Reyes del Antiguo Testamento. El afamado Händel lo bautizó como Zadock el sacerdote y en menos de cinco minutos, un coro seguido por la orquesta, precedida por una fanfarria de tres trompetas, elaboraba el tema musical. Solemne, regio, portentoso, brillante, sin duda era perfecto para un momento tan importante como el de la Coronación del Rey Jorge II.

La misa y ceremonia resultó un absoluto triunfo. La Casa Real aplaudió el trabajo de Händel y hubo que esperar 65 años para que otra coronación real tuviera un himno capaz de superar este prodigio gestado por el alemán. Como no cabe duda, se trató de la Misa de Coronación del Emperador Francisco II de Austria, para cuya ceremonia se escogió la obra que años antes había creado el más grande de los músicos de todos los tiempos: Mozart. Pero aún con todo, la Música de Coronación de Händel siguió hasta nuestros días siendo una de las más vibrantes y efectistas de cuántas en este estilo habían sido creadas.

Tony Britten, "medio padre del Himno de la Champions"

Pero el cambio de gustos, de mentalidad, los procesos sociales de la Europa contemporánea y la creciente sensación anti-monárquica hubieran condenado al ostracismo y al olvido aquella obra de 1727 de no ser porque el máximo organismo del fútbol en el Continente Europeo, la UEFA, quiso tener un himno propio para los partidos de su máxima competición, la Liga de Campeones. Los dirigentes del ente futbolístico le encargaron en 1992 al músico británico Tony Britten una composición que representara la excelencia deportiva de la máxima competición futbolística en la que se enfrentan los principales clubes del Mundo y que transmitiera los valores deportivos que pretende inculcar la UEFA.

Los barcos de Blas de Lezo zurrando a la Armada inglesa

Y dicho y hecho, se presentó con una obra; cuando la oyeron, todos aplaudían su sagacidad, su fuerza, su capacidad de transmisión. Hasta que Tony Britten aclaró que lo único que había hecho era usar a la Royal Philharmonic Orchestra y al coro de la Academia de St. Martin in the Fields, para, con unos pocos arreglos, usar una pieza con casi tres siglos de historia a sus espaldas. En efecto: el Himno de Zadock el Sacerdote que sirvió para ungir como rey, 265 años antes, a Jorge II, el que después sería humillado, vencido y aplastado por la Armada de Blas de Lezo en Cartagena de Indias, mientras sus corsarios se le presentaban llorando como niñas de teta con una oreja menos porque un capitán español los había puesto en su sitio.


Y no puedo dejar de reírme para mis adentros cada vez que veo por la tele un partido de la Liga de Campeones. Me acuerdo de la bravuconería inglesa, de cuando nos echaban pulsos que perdían de inmediato, cuando querían hacerlo todo distinto, todo al contrario y a la vez un medio hombre al que le faltaban más miembros en su cuerpo que los que todavía conservaba, dejó en bragas la armada inglesa de Jorge II, el mismo que sin quererlo suena por la megafonía de los estadios de fútbol en el día de su coronación. ¡Así les va a los equipos ingleses!

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