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martes, 28 de enero de 2014

El chotis de Madrid

Huele a guiso castizo; chulapos y majas ponen rumbo a la Pradera de San Isidro. Tarde plomiza de “Austrias y Borbones”. Puertas soberbias que se yerguen hacia Alcalá. A la “señá Cibeles” le salpica el polvo de la historia y se desborda el genio por aquel Prado que fue agustino. De “allí al cielo”, porque en verdad es el sitio donde cualquier hispanohablante se siente en casa, convertido el arenal del Manzanares en “el rompeolas de las Españas”. Madrid, algo más que la capital, algo más que el corazón flameante de la historia de un Reino. Y de todos estos tópicos, una música inalterable que es sinónimo de los “gatos” de bien de la Villa y Corte: el chotis. ¡Pues no!

"La pradera de San Isidro". Francisco de Goya, 1788. 

Madrid se dibuja en el imaginario colectivo pintada por Goya, con tardes de Ventas y Verbenas de la Paloma. Y si Buenos Aires suena a tango y Viena a vals, el Madrid de todos nos suena a chotis. Siempre hemos creído que ni el cocido es tan madrileño como ese baile agarrado y estilizado, reflejo de chulapos románticos y mira por donde resulta que ni el baile ni la palabra nacieron en “el rompeolas de las Españas” ni siquiera en nuestra Patria.

El Chotis es escocés, pero el padre es bohemio, no como sinónimo de artista libre y errante, sino de la región checa de Bohemia, cuya capital es Praga. Pero fueron los campesinos escoceses los que recibieron la cultura folclórica, la perfeccionaron y abrillantaron y se la dejaron a media Europa en prenda. Se enmarcaba dentro de las contradanzas, lo que Estados Unidos ha popularizado como el “country”. Por alguna razón Francia la introdujo en aquella corte versallesca del siglo XVIII y como para su interpretación no podía faltar la gaita le pusieron como nombre “schottisch”, de donde deriva el que Madrid hizo suyo.  

"El chotis" de Beethoven. ¿Se lo imaginan de "chulapo"?

Antes de escucharse en nuestra Nación, Beethoven, Schubert o Chopin se habían atrevido a componer alguna pieza a la escocesa, siendo los verdaderos responsables de un nombre que por su pronunciación alemana, en España nos sonaba a Schottish. En el idioma de Goethe, la palabra significa "escocés" pero el idioma de Cervantes tiró de fonética y lo bautizó como chotis. La primera vez que se escuchaba en suelo español fue el 3 de noviembre de 1850, en el Salón de Bailes del soberbio Palacio Real de Madrid, escogido por la jovencísima Reina Isabel II para abrir el baile, sorprendiendo a los asistentes que esperaban una polka y no esa novedosa música. El diario La España, se hacía eco de la revolución folclórica diciendo textualmente:

La Reina Isabel II por Madrazo (1850)

Anteanoche, como habíamos anunciado se verificó el segundo baile en Palacio. SS. MM. Se presentaron en los salones a las diez y media. La Reina llevaba un vestido de crespón blanco con blonda y prendidos de flores; en la cabeza tenía un sencillo adorno que hacía realzar su gracia y hermosura. El medio luto que guarda la corte había sin duda obligado a S. M. a presentarse con tan elegante sencillez. S. M. La Reina Madre llevaba un vestido de raso negro también con prendidos de flores: S. A. R. el infante don Francisco de Paula vestía de frac con las banda de Carlos III. S. A. la infanta doña Amalia iba vestida de blanco. S. M. la Reina rompió el baile con el embajador inglés. Después bailó con algunos extranjeros y personas distinguidas del país. Ejecutó con mucha gracia el baile nuevo de Schotichs, y otro elegantísimo, La Varsoviana, llevando por pareja al hijo del señor conde de Casa-Valencia”.

El Salón de Columnas del Palacio Real fue habilitado para los bailes "schottish". 

Otras revistas y publicaciones se fueron haciendo eco de la noticia y en menos de un mes no quedaba un rincón madrileño que no hablara de un baile y música tan agradable y elegante para fiestas regias. Y lo que se pone de moda, no es fácil que se olvide. Ediciones de “El Clamor Público” o “La Perla madrileña” no cesaron durante los meses de noviembre y diciembre de ese 1850 de mencionar el Schotisch bailado en Palacio. Poco a poco el pueblo llano quería hacerse con ese baile de moda y las verbenas de los barrios contaban con grupos y orquestas que en su programa, ofrecían rigodones, canciones andaluzas y contradanzas al estilo de los nuevos schottisch. La fama fue tal que la Isabel II mandó habilitar en Palacio una sala oportuna para bailar e interpretar esta pieza de moda hasta que al fin, parimos el primer CHOTIS.

Porque ya se había españolizado, pasado bajo el crisol de nuestra tradición y compuesto a nuestras formas. Así nació el primer chotis, que ya no era schottisch: "El grillo". Y al fin, en 1890, un italiano residente en España bajo el amparo del popular músico Tomás Bretón, introdujo el castizo, el madrileño, el rotundamente particular organillo. Ese día, en torno a 1890, cuando Luis Apruzzese fabrica en el madrileño barrio de la Latina, en su taller de la Costanilla el organillo hispano y madrileño, el chotis dejó de ser medio austriaco, medio bohemio, medio escocés y medio alemán para ser tan gato como la Virgen de la Paloma, tan de la Villa y Corte como la fiesta de San Isidro y tan banda sonora de esa ciudad que es para cualquier español como una segunda casa, que nadie hubiera dicho, que el Chotis no nació en la Cava Baja.

Que como dijera Pedro Calderón de la Barca, “Yo salí de Granada, y vine a ver, la gran villa de Madrid, esta nueva Babilonia, donde verás confundir en variedades y lenguas el ingenio más sutil”. A lo mejor valen más las palabras de Ramón Gómez de la Serna: “Madrid es tener un gabán que abriga mucho y con el que se puede ir tranquilo hasta a los entierros con relente. Madrid es no admitir lo gótico. Madrid es la improvisación y la tenacidad. Madrid es quedarse alegre sin dinero y no saber cómo se pudo comprar lo que se tiene en casa.” Pero le cojo prestado a Sabina un poco de su arte; al fin y al cabo, al hablar de chotis, PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID.


P.D. Para una madrileña de Almería, ¿o era almeriense de Madrid? 

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