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sábado, 4 de enero de 2014

Chupa Chups

Enrique Bernat acababa de terminar la Mili y era hora de ponerse manos a la obra y empezar a buscarse la vida y desde luego, que su abuelo José Bernat se hubiera convertido en el primer español que se dedicó en exclusiva a hacer caramelos para los niños, pesó bastante. Su padre, Román, había fundado en 1940 la firma de galletas La Gloria, en donde tendría sus primeros con ese universo del dulce. Así que una vez terminado el obligado cumplimiento del servicio militar, en 1950 y a sus 27 años, inauguró su primera empresa confitera, Productos Bernat. Sin embargo, la producción de aquellos años tiene mucho que ver con estas fiestas navideñas, pues se especializó en la elaboración de peladillas, hasta que en 1954, el empresario Domingo Massanes le propusiera hacerse cargo del grupo Granja Asturias, dedicado a la fabricación de productos relacionados con la manzana. Enrique Bernat abandonada su Barcelona natal rumbo al prestigio, aunque él aún no lo sabía.

Eran tiempos en los que el caramelo polarizaba las delicias y apetencias de los más pequeños a la vez que provocaba los horrores de las madres; caramelos que salían y entraban de la boca y que, chupados, eran mirados con gula infantil, dejaban manchas vistosas en las exiguas ropas del momento. En tiempos en los que España acababa de dejar atrás una incruenta guerra, el término despilfarrar no formaba parte del imaginario colectivo y no era de extrañar que los más pequeños se las ingeniaran para que ese esporádico dulce durara cuanto más mejor. Los bolsillos eran el lugar perfecto para que el niño guardara, saboreado a medias, el pequeño trofeo con el inconveniente que para la pulcra limpieza de la ropa significaría.

De esto se había dado cuenta nuestro protagonista y en 1957 se le ocurrió la idea de hacer un caramelo que se pudiera agarrar con un palo, evitando manchas, la tentación de ocultar el dulce en los bolsillos e incluso que éste pudiera caerse y diera al traste con la ilusión golosa de los infantes. Pero en Granja Asturias la idea despertó el recelo de los socios, que decidieron desentenderse; Bernat estaba solo y sin la esperanza de que aquel innovador concepto de caramelo triunfara. Pero se lanzó de lleno y bautizó su idea como  Chups. En 1959 lo patenta y contrata una empresa de publicidad que sepa gestionar comercialmente hablando la idea; pero la misma no terminaba de ofrecerle una idea creativa que expresara lo que él había pretendido con el invento: “comer un caramelo cómo si lo hiciésemos con un tenedor”.

En un primer instante, decidió llamarlo Gol, imaginando que el caramelo fuera como la pelota de fútbol y que la boca abierta fuera como la red de la portería. No obstante, no se consideró lo suficientemente atractivo; al fin, la empresa tenía el nombre comercial: Chups. Una canción pegadiza empezó a sonar en las radios españolas y se había gestado hasta un eslogan publicitario: “Es redondo y dura mucho, Chupa Chups”.

Pero faltaba lo más importante que los publicistas no conseguían ni satisfacía al padre del nuevo caramelo: el diseño, el logotipo, la presentación del producto. Hastiado con dibujos y bocetos sin la fuerza que quiso desde un momento asociar a su producto, en 1961 pone rumbo al único lugar de España que sin duda alguna va a resolverle su problema. A Figueras. A estas alturas, los más versados en arte ya saben quién vivía allí; en efecto, el último gran artista español, el más imaginativo, el más capaz, el más excéntrico y el más meritorio: DON SALVADOR DALÍ.

La entrevista fue escueta. Enrique Bernat le comentó al sublime maestro surrealista lo que pretendía y éste no le dejó marcharse de su casa. Se sentó frente al papel, sacó lápices y en tan sólo una hora, había hecho el diseño definitivo que 53 años después sigue usándose en el Mundo. Ahora ya sí que había terminado de nacer Chupa Chups, con el visionario universo de Dalí que sólo usó el color rojo sobre fondo amarillo, trazó un dibujo conceptual, le dio la forma de flor que envuelve al logotipo y como derroche de su sagacidad, El colocó el nombre en la parte superior, favoreciendo su visibilidad. En una hora había logrado lo que meses de trabajo de muchos profesionales no consiguieron.

El resto ya es una historia comercial. Un triunfo que llevó al Chupa Chups incluso a Hollywood. En la serie de televisión Kojak, el actor Telly Savalas (protagonista que encarnaba al Teniente de Policía neoyorkino Kojak), aparece consumiendo un chupa chups; luego, Harrison Ford o Giorgio Armani hicieron lo propio para que a la postre, hablemos de un producto español del que se producen 17.000 toneladas anuales o lo que es lo mismo, 12 millones de unidades diarias.


Y todo empezó haciendo navideñas peladillas y tocando a la puerta del gran Salvador Dalí. 

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