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domingo, 12 de enero de 2014

Centenario del Tráiler

No sería la primera vez que un gran, que un buen invento, es violado, pervertido y explotado hasta tal punto que lo convierten en malo y lo destrozan. Es lo que ha ocurrido con la mala práctica, abusiva y sin sentido que las salas de cine, empresas exhibidoras o las mismas compañías han hecho con el tráiler, aquella novedad que nació en 1914 y que con sus 100 años a las espaldas, fue una rentable, originalísima y creativa campaña de publicidad encubierta, notoria pero elegante.

Todo comenzó cuando la compañía de Edison proyectaba series en pequeños capítulos, uno al mes, tanto en 1912 como en 1913, aprovechando el tirón sin discusiones del cine. El invento francés de los Lumière que siempre pretendió usurpar el estadounidense Thomas Alva Edison, había desbancado a pesar de su juventud, al teatro, el vodevil y el espectáculo de revista. Las salas de cine estadounidenses no tenían que competir todavía con aquella hermana pequeña que terminaría engullendo al cine (la televisión) y los precios populares y las sesiones continuas hicieron furor.

El Cine Español Embassy se inauguró en 1914.

En 1912, la división cinematográfica del gigante empresarial de Edison se inventó la serie “¿Qué pasó con Mary?”. En 1913 perfecciona la manera de emitir estos capítulos y el 29 de diciembre de 1913 se presenta el capítulo piloto de una nueva serie: “Las aventuras de Kathlyn”. La estrategia era emitir el piloto a fines de 1913 y a lo largo de 1914, proyectar en cada sala dos capítulos al mes... Pero había que generar interés, había que enganchar al espectador que con el precio de su entrada, veía la función anunciada y este capítulo pequeño de una serie que lo obligaría, más que el film en sí, a acudir al mes siguiente a la sala de proyección.

Y así fue como los productores idearon que al final de cada capítulo, los espectadores vieran un pequeño avance de lo que iba a suceder en la siguiente entrega. Esto pasó en enero de 1914, justo hace ahora 100 años. Acababa de nacer el tráiler, tal y como lo conocemos hoy en día. Y de ahí le vino el nombre, pues tráiler (en inglés remolque, o dicho de otra manera: “lo que va después”), convirtiéndose en un fenómeno publicitario y comercial sin precedentes. No tardó nada en ponerse de moda y comenzó a emplearse como estrategia de venta y publicidad para otras películas, como manera de mostrar al espectador futuros estrenos y en definitiva, como lo conocemos.


Pero estos tráiler se emitían al final de la película, cuando buena parte de la sala se había ido. Así que como sucediera con las pequeñas series de escuetos capítulos que inventara Edison, ocuparon los primeros minutos de la sesión hasta que en un enrevesado y disparatado momento, estos “anuncios” se convierten en la pesadilla de muchos espectadores hartos de un invento tan bueno, directo y rentable, que está cumpliendo ahora 100 años. 

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