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miércoles, 1 de enero de 2014

Año Nuevo

"El dios Marte". Diego Velázquez, 1660.

Roma gobernaba el Mundo en todos los sentidos y su indomable dominio se debía al poder militar. El mes de marzo era el inicio de cada año romano, entre otras porque estaba consagrado al dios Marte, el dios de la Guerra y porque en ese mes comenzaban las campañas militares con las que el Senado de Roma controlaba su vasto territorio o por qué no, lo ampliaba. Además, en marzo se escogían a los nuevos cónsules o se ampliaba su mandato. El cónsul era el magistrado de más alto rango, el que se encargaba de la buena marcha del Estado y de la dirección de las campañas militares.

Así fue hasta el año 154 antes de Cristo. Una población hispana no estaba dispuesta a pagar los impuestos y a someterse a los caprichos de Roma y contagiaron a las pequeñas poblaciones cercanas, celtíberas, que con Segeda (en la comarca de Calatayud), Garray (en la provincia de Soria) y Numancia, se alzaron en armas contra el poderoso gobierno de Roma. Lideraba la revuelta, el carismático Viriato.

Hispania era una de los territorios más codiciados de los romanos. Despensa de la República, luego del Imperio, además de esto su estratégica situación la convertía en codiciada y hacía falta su dominio y pacificación cuanto antes. La sublevación estalló en el décimo mes romano, decembris, esto es, diciembre. Quedaban sólo dos meses para la conclusión del año, el nombramiento del nuevo cónsul y el inicio de las nuevas campañas militares y al Senado de Roma sólo le quedaban dos opciones: mandar al cónsul que gobernaba entonces para intentar que en los dos meses restantes de su mandato pacificara a revuelta o esperar a marzo y con nuevos cargos y un ejército entero dispuesto, arrasar Hispania. Pero las decisiones eran difíciles de tomar; conseguir un ejército que en dos meses alcanzara la victoria no parecía muy posible ni siquiera para la poderosa Roma, pero esperar a que la sublevación llegara a la Hispania Ulterior (el sur actual, es decir, la “Hispania más lejana”) era un riesgo que no se podía correr.

"Viriato". Ramón Padró y Pedret, 1882. 

La única solución se debatió en el Senado con vehemencia: cambiar el comienzo del año desde el mes de marzo a uno nuevo... Conviene aquí especificar que el calendario romano se basaba en la luna y un cambio coincidía con el ciclo lunar. Y el siguiente ciclo lunar más próximo, se dedicaría a Jano, el dios que abría y cerraba las puertas, el dios de las dos caras que atraía la suerte. Y suerte iban a necesitar si querían vencer a Viriato y su ejército. Y dicho y hecho, el nuevo año por vez primera empezó en Ianuarius, en enero, respetando la tradición de elegir a los cónsules a comienzo de año y consiguiendo que el nuevo cónsul marchara hacia Hispania y aplastara la rebelión.


"Numancia". Alejo Vera y Estaca, 1880.

Así que los españoles, (o para los quisquillosos, digamos que los herederos de Hispania), obligaron a modificar el calendario e hicieron que desde entonces, los años comenzaran como hoy estamos viviendo, una tradición de casi 2.200 años que empezó por Numancia y con los lusitanos como protagonistas... y héroes.  

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