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jueves, 30 de enero de 2014

110 años de los Hot Dog

El dachshund es el nombre correcto del perro tejón, también conocido como teckel pero popularmente llamado “perro salchicha”, dotado de una peculiar fisonomía e injustamente comparado con una comida rápida que está este año de aniversario. Sí, el perrito caliente cumple 110 años con un nombre que responde a un error de traducción.

El “hot dog" es una de las comidas predilectas de los ciudadanos estadounidenses, popularizado en decenas de películas y llevado a medio mundo bajo distintos nombres, pero con la misma filosofía: una comida suculenta de fácil ingesta y que puede ser consumida en la misma calle facilitando a la pléyade de ciudadanos estresados que continúen llevando su acelerado ritmo de vida.

Pero si todo en la vida tiene un origen y una paternidad, el perrito caliente no iba a ser menos. Su historia es la de un emigrante, como la historia propia del “país de las oportunidades”. Se llamaba Antoine Feuchtagner y había abandonado su Alemania natal, Baviera para más señas, rumbo al gigante americano. Llegaba a los Estados Unidos hacia 1880, estableciéndose en la entonces pujante, quizás una de las más pujantes ciudades: Saint Louis. Fíjense cómo sería de importante esa ciudad que precisamente el mismo añlo que nacieron los perritos calientes, acogía la Exposición Internacional que la convirtió en el referente de Norteamérica por encima de ciudades como Nueva York.

El caso es que este muniqués se dedicó en su ciudad de acogida a trabajar en lo que mejor sabía, recuerdo nostálgico de su patria natal: la comercialización de salchichas, tópico alemán donde los haya. En 1904 Saint Louis, en Missouri, era un hervidero de visitantes foráneos, construcciones sorprendentes y exhibiciones de los avances más punteros de la época. Y con tanto visitante Antoine Feuchtagner se le ocurrió  salir a la calle para que los atareados turistas, ávidos de ver todo lo que la Exposición ofrecía, comieran sin perder un minuto y degustaran las fabulosas salchichas wiener o franckfurt que él comercializaba.

Pero añadió una innovación al negocio que determinaría y serviría para precisar el nacimiento de los perritos calientes. Primero, ofrecía a la clientela unos guantes al fin de que los comensales callejeros pudieran comer la salchicha sin quemarse y sin mancharse. Pero a las pocas semanas se dio cuenta que el coste de los guantes era excesivo y casi devoraba el margen de beneficios, por lo que se empeñó los día siguientes en encontrar una solución que favoreciera la venta de la cárnica bávara, tan atractivo que relanzase el negocio y le dejara beneficios.

La respuesta se le ocurrió a su cuñado, panadero de profesión y que ideó un pan alargado que se ajustara al tamaño de la salchicha con lo que se salvaban los dos escollos fundamentales del negocio: que el cliente no se quemara ni se manchara al ingerir el particular embutido alemán. Acababa de nacer el perrito caliente, aunque todavía no recibiera ese nombre. Para ello, hubo que aguardar unos años. La fiebre de la Exposición de Missouri había pasado y Saint Louis comenzaba una lenta decadencia a favor de otras ciudades. Nueva York acababa de arrancar esa época dorada que todavía mantiene y que la convirtió en lo que es hoy día: la capital del Mundo. Peor una segunda versión desmiente al “salchichero” de Missouri y da una nueva paternidad a la cmida rápida que nos ocupa.

Y esta es la historia de otro alemán, carnicero, inmigrante y de nombre Charles Feltman (desde luego, americanizó su nombre) que con mucha más capacidad y suerte para los negocios, parece ser que en verdad acabó convertido en el padre del perrito caliente. Al parecer, su negocio arrancó en la lejana fecha de 1867. Ayudado por unos carritos, ya vendía perritos por el paseo y aledaños de las playas de Coney Island, la costa de Nueva York. La popularidad fue en aumento y el negocio creció con fuerza. Pero de nuevo aparece la fecha de 1904, asociada a Nathan Handwerker, un polaco que empezó trabajando como repartidor/camarero de Feltman y acabó independizándose y convirtiéndose en su directa competencia.

El empleo que le ofreció Charles Feltman le permitió ahorrar lo suficiente para abrir su propia tienda de perritos calientes, eso sí, al otro lado de la calle. Nathan puso grandes letreros anunciando sus productos, a mitad de precio que los de Feltman. Al poco tiempo, una competencia feroz entre ambos acabó por darle la victoria al polaco, que llegó a formar toda una cadena de establecimientos y una legión de carritos recorriendo las playas de Coney Island. Acababa de nacer Nathan's Famous que acabaría por absorber el negocio del alemán pionero.

Otro alemán, Chris von der Ahe, estuvo detrás de la popularización definitiva del perrito caliente cuando se le ocurrió venderlos durante los partidos de béisbol. Pero lo curioso es que los emigrantes alemanes estuvieron detrás de la adopción de esta comida rápida como el arquetipo y tópico de lo americano. Sólo con decir su nombre, se nos viene a la cabeza la salchicha germana: en efecto, es Oscar Mayer, el primero en hacer que los hogares de América disfrutaran de la salchicha, abriendo su fábrica en Chicago y permitiendo que dos hermanos patenten un negocio que hoy no tiene rival. Se llamaban Dick y  Mac McDonald.

Pero, ¿por qué se les dice perritos calientes, por el teckel o perro tejón? Thomas Aloysius Dorgan (1877-1929) era periodista deportivo y se encargaba  de ilustrar él mismo sus crónicas en el períodico de Nueva York. Durante un partido de los New York Gigants, el vendedor de salchichas vociferaba la mercancía: "Red hot! Get your red-hot dachshund sausage!”. O lo que es lo mismo: "¡Al rojo vivo! ¡Compren su salchicha dachshund al rojo vivo!". Y es que, el término dachshund (en referencia al perro teckel) era un insulto en aquellos años en los que los inmigrantes alemanes se habían convertido en legión. A cualquier cosa con pasado germano se hacía referencia de manera peyorativa con la descalificación dachshund, de manera que el Thomas Dorgan entendió que hacía referencia al perro e incluyó en su crónica una caricatura muy aplaudida.


Los americanos, justo ahora hace 110 años, empezaban a tener sus HOT DOGS, sus perritos calientes; desde luego, mucho más patrióticos que las salchichas alemanas al rojo vivo que el carnicero de Saint Louis, o el de Coney Island, desde la Alemania materna, dejaron como herencia a la cultura de la comida rápida americana. Y el cine, terminó por hacer el resto. 

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