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sábado, 30 de noviembre de 2013

Folies Bergère

París era la capital del Mundo, cargada de la revolución del arte, preñada de vanguardias y devorada en su 9º distrito por la bohemia que vomitaba las entrañas de madrugada, a la salida de los cabarets y se dejaba el alma en lienzos y folios el resto del día. París era la luz, el espejo moderno y sensual donde se miró el Mundo durante décadas hasta que desde la otra orilla del Atlántico Nueva York impuso sus ritmos. Aún cuando el dominio neoyorkino era indiscutible, el españolito rebelde y progresista de la España de Franco suspiraba, con cada comida, por París.

El bar del cabaret Folies Bergère. Edouard Monet, 1882. 

Estamos en esa ciudad de caballetes por el Sena y por Montmartre; mejor aún, estamos a la orilla derecha del río, por las Galerías Lafayette y el imponente Teatro de la Ópera lo malo es que en la fecha que les voy a dar ni una ni otra habían comenzado y Garnier ni siquiera soñaba con el edificio que al final izó y a Monsieur Bader le faltaba aún para inaugurar el primer centro comercial de la historia. Pero estamos allí, un 30 de noviembre de hace 141 años, a empujones en la Calle Richer número 32 para ver el estreno de un edificio construido para ópera y reconvertido en sala de fiesta y cabaret, el más famoso, retratado y encumbrando de París: el Folies Bergère.

Interior del Folies Bergêre

Pinturas vivientes en el escenario, Zola y Mallarmé, Monet y Manet. Había abierto como Folies Trévise por la calle cercana pero el Duque de Trévise se quejó. Su aristocrático nombre no podía estar relacionado. Mientras decía eso, regurgitaba absenta en la acera cualquier impresionista. Así que se llamó Bergère (pastora en francés), por otra calle al lado; y nació para ser la estrella del art decó, la sala que inmortalizaran los pintores y la competencia del Moulin Rouge.

Este es el teatro, el que fue inaugurado tal día como hoy hace 141 años

El Folies puso boca abajo París, cuando Josephine Baker bailó sobre sus tablas con una falda de plátanos. Se volvió flamenco con la española La Bella Otero, rió con Charles Chaplin, se sobrecogió con la voz de Édith Piaf y simplemente, aplaudió a Frank Sinatra. En sus mesas se sentaron los que tenían algo que hacer y que decir, desde Mata Hari a Degas, de Buster Keaton a la crema y nata de la política.

Y en ese universo de intelectualidad y excesos, ningún espectáculo podía tener menos de 13 letras. Así ha sido desde 1872, hace 141 años, porque al igual que el nombre de tan emblemático lugar, sus espectáculos siempre tenían que tener, 13 letras. Hasta para reírse de la superstición popular

viernes, 29 de noviembre de 2013

El Día de la Ópera

Ópera Garnier. París.

Se celebra en mayo el día europeo de la ópera y cada 29 de noviembre hay tal sucesión de acontecimientos y efemérides que, habida cuenta de la capacidad social para hacer que cada día del año se consagre a algo (a veces loable, no tanto en su mayoría), aún me cuesta creerme que cada 29, cada día como hoy, las principales plazas operísticas mundiales no hagan unas jornadas de puertas abiertas rotundas y absolutas. La combinación, el feliz encuentro de fechas nos golpea: el día en que nació Claudio Monteverdi, padre de la ópera; el día que nació Gaetano Donizetti, que por cierto recordó a Granada en alguna de sus magistrales creaciones y el día que falleció Giacomo Puccini. Ningún otro día del calendario lo encontrarán tan rematada y fortalecidamente consagrado a uno de los partos intelectuales, artísticos y estéticos más grandes que el género humano ha sido capaz de crear alguna vez: LA ÓPERA.


Italia, 29 de noviembre de 1643 (hace 370 años). Nace Claudio Monteverdi, padre de la Ópera.

Fue un revolucionario, el que hizo la transición desde la tradición musical a la nueva música, padre del género operístico, responsable de los cambios drásticos que tendrían lugar en la música a partir del año 1600 y que podemos definir como un innovador adelantado a su tiempo que terminaría por definir las escuelas clásica y romántica. En 1607 estrenó Orfeo, acta de fundación de la ópera. Por sí sola representa la evolución más importante de la historia del género, imponiéndose como una forma culta de expresión musical y dramática. Un año después estrenaba Arianna pero de ella sólo nos queda el famoso 'Lamento de Ariadna', suficiente para convertirlo en el creador de algo nuevo, distinto y vibrante.



Italia, 29 de noviembre de 1797 (hace 216 años). Nace Gaetano Donizetti, padre del bel canto.

En el año 1998 se cumplían 150 años de su muerte y Sevilla lo conmemoraba llamando a la Orquesta Ciudad de Granada para que se encargara de la instrumentación e interpretación musical de Alahor in Granata, estrenada el 7 de enero (clave esa fecha y el por qué de su estreno) de 1826 en el Teatro Carolino de Palermo. Comienza el libreto describiendo la escena: Una gran plaza de Granada. A la derecha la Alhambra, el palacio real. A la izquierda, una puerta de Granada. Al fondo una perspectiva de las Alpujarras... Era el autor más alabado, componía una ópera en dos semanas y cosechó abrumadores éxitos con “Lucia di Lammermoor”, “Ana Bolena” y “María Stuarda”, pero entre la llegada de Puccini y la retirada de una serie de maestros, Donizetti cayó en desgracia. Hasta que de repente fue redescubierto por Calas, Kraus, Caballé, Carreras, Pavarotti, Plácido Domingo. ¡Resulta que Donizetti componía una ópera ideal para una voz superlativa, un verdadero torrente intachable y alguien con dominio del canto. No fue la única ópera que le dedicó a Granada (“Zoraida en Granada”, por ejemplo) aunque serán sus llamadas óperas menores las más reconocidas: L'elisir d'amore (1832), La hija del regimiento (1840) y Don Pasquale (1843). La recta final de su vida es novelesca: murieron a corta edad sus tres hijos, mueren los padres y en menos de un año, su esposa, víctima del cólera. Abatido, contrae sífilis y recibe las visitas y el cariño de Giuseppe Verdi. Al fin, muere a los 51 años de locura, interno en un sanatorio mental, el creador de algo tan sensible y tan estético y que con 21 años ya había hecho la primera de sus casi 100 óperas, carrera truncada por la vida.


Italia, 29 de noviembre de 1924 (hace 89 años). Fallece Giacomo Puccini, el músico de Hollywood y padrastro del todoterreno.

Quizás no haga falta ni hablar de él, ni describir sus insuperables y capitales obras, porque basta recorrer alguna de ellas para que hasta el más errático ciudadano reconozca los títulos: “Tosca”, “La Boheme”, “Madama Butterfly” y “Turandot”, “Manon Lescaut”... arias inmortalizadas por Pavarotti, Hollywood componiendo sus bandas sonoras con óperas de Puccini,  escenas con Demi Moore y su música de fondo, o Kirk Douglas. “Serpico”, “La teniente O`Neill”... hasta 80 películas han sido espejo de la música que creó décadas, un siglo antes. Pero si Puccini no necesita de nosotros para reflejar su espectacular contribución al universo de la ópera, sí que llama la atención una de sus aficiones incurables: era un enamorado de los coches. Comenzó su colección particular en 1901 comprando un De Dion Bouton " de 5 CV", que sustituyó en 1903 por un Clement Bayard. Entonces descubrió que le encantaba correr (quizás por eso Speed 2 lleva música de su obra Gianni Schicchi: el “O mio babbino caro”.

Fue multado en numerosas ocasiones por exceso de velocidad, tener accidentes mientras viajaba con su mujer, su hijo y un mecánico y buscar nuevos retos, como el que halló en 1905, comprando un Sizaire et Naudin, para cambiarlo por un Isotta Fraschini del tipo "AN 20/30 HP", varios Fiat, un "40/60 HP" en 1909 y un "Fiat 501" en 1919. El problema de todos sus coches, según el compositor, es que eran vehículos adecuados para viajes y uso familiar, pero no para su otra gran pasión, la caza. Y fue la caza lo que hizo que Puccini pidiera a Vincenzo Lancia la realización de un vehículo que pudiera utilizar en terrenos de difícil orografía. ¿Es posible que por el capricho del compositor naciera el primer todoterreno? Le costó el desorbitado precio de 35 000 liras de la época) que a Puccini no le importo pagar pero fue su antepenúltimo coche. Con el último, recorrió toda la Europa Continental en 1924. Cuando murió, dejaba una pasión por el automovilismo, la caza, la velocidad, los retos de los ingenieros y sobre todo, por una música que elevó a la descripción de sublime.



Esta sociedad que tiene fechas para todo, y sin embargo, no se ha percatado de las incontestables efemérides que tienen todos coincidencia, en un día como hoy...

jueves, 28 de noviembre de 2013

El té de las cinco

El té en el Palacio de Buckingham

Cabinas rojas, autobuses de dos plantas, guardias de extraños sombreros, conducir al contrario que la inmensa mayoría... y el té de las cinco. Es el colmo de lo inglés, de lo británico. Una merienda importada desde las islas al resto del Mundo a pesar de que el té gozaba desde dos mil años antes de Cristo de toda la tradición y popularidad que los chinos encontraron en la bebida. El té les pudo venir a los ingleses al ser dueños de India en el dorado instante de su Imperio; otros, apuntan a que detrás de tan típica costumbre inglesa está Anna María Stanhope, Duquesa de Bedford, que hacia 1840, despertó de una siesta con hambre justo en el momento en que recibía visita en su palacete de Woburn Abbey, de modo que para comer algo a la vez que atendía a los invitados, mandó al servicio que prepararan pastas, sándwiches y creyó conveniente acompañarlo con té, creando de golpe y porrazo la costumbre de la merienda “british” por naturaleza.

Siguen insistiendo que la Duquesa de Bedford recibió incluso a la misma Reina Victoria y que se fue extendiendo esa manera tan peculiar de “merendar”, con tanto refinamiento, por lo que la reina casi que impuso la costumbre. Pero lo cierto es que el té inglés, fue popularizado, impuesto y dado a conocer por una ibérica, por una europea del sur, por la portuguesa reina consorte, Catalina, esposa de Carlos II de Inglaterra.

Carlos y Catalina comenzaron a reinar en 1662.

Carlos comenzó a reinar después de un breve periodo de republicanismo inglés y tras una guerra civil desoladora. Catalina Enriqueta de Braganza era hija del Rey que empezó a reinar tras lograr la independencia portuguesa del Imperio Español. Dos reyes neófitos y con un pasado trágico, representantes de dos países en horas bajas. Catalina se había convertido en la llave para que su tierra fuera algo en Europa. Los franceses habían obviado de la política internacional a Portugal y el otro país dominador, España, era el enemigo a batir. Por lo que los padres de Catalina quisieron que ésta casara con el Rey Inglés a fin de que Portugal contara con un aliado en el continente. Pero para conseguir la boda, Portugal tuvo que hacer importantes regalos a la corona inglesa: Tánger y Bombay.

No hace falta que digamos que la India es uno de los principales productores de té y que su milenaria cultura sabía de los beneficios de su consumo. Así que la Casa de Braganza, dinastía reinante en Portugal, ya tomaba té con asiduidad. Fue la princesita portuguesa la que introdujo la costumbre en Inglaterra, además de convertir a su marido en católico. Estamos de acuerdo que fue definitiva la influencia de la Duquesa de Bedford, que lo único que hizo fue poner de moda “la típica merienda inglesa”. Y estamos de acuerdo que si aquello no hubiera encantado a la Reina Victoria, no tendría tanta fama. Pero no es menos cierto que la primera en tomar té por la tarde lúgubre y fría londinense, fue nuestra medio paisana Catalina Enriqueta de Braganza, Reina Consorte de Inglaterra.

Luego, llegó el protocolo de la época victoriana, la elegancia y el refinamiento... Todo empezó a las 4 de la tarde, pero en verano, se permitía por el calor celebrarlo a las 5. Y fuera de Inglaterra, todo el Mundo, así cree que sucede en el archipiélago Británico, todo el Mundo le concede el honor del invento a una duquesita con hambre de 1840 y todo el Mundo celebra la ocurrencia. Pero yo, reivindico a nuestra vecina, a la pobre Catalina, que soportó estoicamente que los ingleses la ningunearan por ser católica, que su marido le fuera infiel y engendrara hijos fuera del matrimonio, que los tres abortos impidieran dar un heredero y que reconcilió al esposo con la fe en sus últimos días.


Catalina de Braganza, la reina del té. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Premio Nobel

La mezcla de la nitroglicerina con serrín cambió la vida del inventor sueco que veía crecer sus ingresos de manera desorbitada a la vez que se consumía en un debate interno por las atrocidades que podía alcanzar su descubrimiento, usado desde la Guerra Franco Prusiana como “la nueva arma, la más destructiva”. Un 27 de noviembre de 1895 Alfred Nobel presentía el final de su vida  aún cuando le quedaría un año más y testaba en el Club Sueco Noruego de París, dejando su imponente fortuna a una fundación que persiguiera las excelencias creativas e impulsara, principalmente, la paz en el Mundo. No deja de ser paradójico que alguien con una fortuna de 33 millones de coronas del año 1896, la casi totalidad de esta millonaria cuenta hecha a costa de la dinamita y de las vidas que se cobró, sirvieran a la postre para dotar un premio anual que está a punto de cumplir 113 años pero que no se celebraron en 6 ediciones, por lo que en 13 días (coincidiendo con la muerte de Nobel), se entregarán los correspondientes a la 107 edición. Sólo legó a sus herederos un 0,3 % de su fortuna, porque el resto, acabaría patentando los famosos premios que llevan su nombre.

En 1901, se otorgaban las primeras distinciones que premian anualmente a aquellas personas que más han hecho en beneficio de la Humanidad en distintos ámbitos; la  Física, la Química, la Medicina, la Literatura y la Paz. El primer galardonado fue el físico Wilhelm Röntgen, descubridor de los rayos X aplicados en muchos campos de la medicina. Otorgados por primera vez el 10 de diciembre de 1901, el más joven en ganarlo ha sido el físico Lawrence Bragg, que tenía 25 años cuando lo recibió, y el longevo del grupo lo encabeza Leonid Hurwicz, que conquistó a los 90 años (en 2007) el Nobel de Economía.

783 hombres premiados y sólo 43 mujeres, aunque algunos recordarán que Marie Curie, lo logró dos veces, primero el de Física en 1903  y el de Química en 1911. Su marido participó del primer galardón y su hija, Irène Joliot-Curie en 1935, el de Química, lo que hace de la familia Curie la “estrella del Nobel”. E incluso quedan en la memoria los nombres de  dos escritores que rechazaron el premio: Boris Pasternak, autor de “Doctor Zhivago” y que no quiso aceptarlo en 1958 y el del filósofo Jean Paul Sartre que denegó el privilegio en 1963. ¡Sus razones tendrían! Y a la Academia se le olvidó, algo muy reprochable, premiar en su momento a quienes a título póstumo no lo necesitan: James Joyce, Kafka, Borges o Federico García Lorca.

Pero dentro de la locura que le fue propia, hace su aparición en escena el tirano Adolf Hitler, que obligó a tres galardonados a rechazar el Premio: Richard Kuhn (1938), en Química y en 1939 le prohibió la comparecencia y aceptación a Gerhard Domagk (Medicina) y Adolf Butenandt (Química). El caso es que el más prestigioso y meritorio premio universal, que se entrega en la Real Academia de Música de Estocolmo y de manos del mismísimo Rey de Suecia, tiene cada 10 de diciembre su puesta de largo... pero nació tal día como hoy, de hace 118 años, por el cargo de conciencia de quién se había hecho rico a costa de un invento letal.


Por lo menos contribuyó con algo. Obama, no tuvo reparos en aceptar el Nobel de la Paz...

martes, 26 de noviembre de 2013

Isabel la Católica

"El testamento de Isabel la Católica". Eduardo Rosales, 1864.

A pesar de que nos hemos ocupado de la figura de la Reina Isabel en no pocas ocasiones, refiriéndonos a ella como gestora del Nuevo Estado y recordando la trascendencia de su matrimonio, en un día como hoy que se cumplen 509 años de su muerte y aprovechando que la Serie Isabel de TVE rinde homenaje a una de las más preclaras figuras históricas que ha dado España, creo oportuna la consagración de su figura y volver a resaltar algunos de los logros de su reinado, cuando no gracias a su propia intervención que la han terminado por catapultar como una de las gobernantes más acertadas y con el legado de mayor prosperidad en la historia moderna y contemporánea.

He querido beber y embeber la producción e investigación de Manuel Fernández Álvarez (Director del CSIC, catedrático de Historia de la Universidad de Salamanca) y de Manuel Ríos Mazcarelle, el más prolífico de los historiadores y de los escritores sobre la Monarquía española y la historia que le es propia. Y apunto esto como ejemplo de un rigor histórico que trasciende los “ensayos” y opiniones escritas de cuántos detractores pueda tener la figura de la reina más evocadora y reformadora que conoció Europa. La artífice de que España fuese la nación más poderosa del Continente. 

Bajo su reinado se gestaron empresas socio-económicas y transformaciones civiles que sin duda, permiten llamarla la “arquitecto de España”. Recordamos algunas de ellas de manera sucinta:

-Reformas en Justicia, el Clero, la Nobleza y el Orden Público.
-Creación de la primera policía del mundo.
-Expulsión de 40.000 forajidos.
Fortalecimiento de la autoridad real y freno a los desmanes de la nobleza.
-Repartición justa de los impuestos (Cortes de Toledo, 1480)
-Medidas sociales con los bienes incautados a la nobleza destinados a huérfanos y viudas de los militares.
-Control del poder eclesiástico.
-Reforma de las Órdenes Militares.
-Profesionalización del Ejército.
-Invención de la artillería militar.
-Fundación de los primeros hospitales profesionales (Reales y/o Militares).
-Remodelación del Consejo del Reino y del órgano de la Corte.
-Creación de la nueva administración de justicia.
-Apoyo a la industria y comercio lanar.
-Unidad legislativa para el territorio (Leyes de Toro).
-Política diplomática de alianzas (matrimonios regios).
-Apoyo y financiación al Descubrimiento de América.

Isabel es madre intelectual de España; hemos dejado fuera de la lista la unificación bajo una misma corona y trono de los reinos peninsulares alcanzando España las dimensiones que conserva actualmente entre las fechas de 1474 y 1504, salvedad hecha de Navarra que se debatía en guerra civil desde la muerte de Carlos, Príncipe de Viana, en 1461. No podemos dejar de pensar en la influencia y gobierno directo de Francia sobre un reino navarro que tenía poca posibilidad de autogobierno y que cuando es incorporado a la Corona de España en 1512 (así consta en los legajos, por el contrario de lo que algunos apuntan) se divide en dos, siendo la Baja Navarra desde entonces, parte de la vecina Francia. No es pues indicativo que en 1504 a la muerte de Isabel, Navarra no formara la nacida España. Los Reyes Católicos no estaban dispuestos a injerir en un territorio que se debatía en Guerra Civil aunque los Acuerdos de Ejea (1467), la Paz entre agramonteses y beaumonteses (1476) y lo más importante, el Tratado de Valencia (1488), que prohibía que hubiera tropas navarro-gasconas en Navarra, obligaba a los alcaides y soldados de las fortalezas a prestar pleito homenajea a los Católicos e impedía el matrimonio de los hijos de los reyes navarros sin autorización de Isabel y Fernando, deja bien claro, que sin necesidad de anexión, la tutela de España sobre Navarra era rotunda y podemos afirmar que para 1492 era España y no reino independiente.

Isabel Clara Eugenia; Juan Pantoja de la Cruz, 1599

Salvado este escollo, lo que nos interesa ahora es incidir en mentiras históricas que han resumido de manera cicatera y falaz a la Reina Isabel, comenzando con la famosa (tan famosa como mentirosa) historia de la promesa de no cambiarse de camisa hasta conquistar Granada. Lo cierto es que ocurrió 110 años después y sin saber aún por qué se le atribuye a Isabel la Católica, fue protagonizada por su tataranieta, Isabel Clara Eugenia, Gobernadora de los Países Bajos en nombre de su padre el Rey Felipe II.

"El sitio de Ostende". Pieter Snayers, 1626-1627

El error histórico se fundamenta en el primer nombre de ambas protagonistas, aunque si esta supuesta promesa la realizó la soberana en 1491, la verdadera se llevó a cabo en 1601, 110 años después y a miles de kilómetros de Granada. Durante la Guerra de los 80 años (1568-1648), los sublevados contra España habían conquistado varias plazas capitales. Una de ellas fue Ostende, en la actual Bélgica. Los españoles al mando de Ambrosio de Espínola, tuvieron que sitiar la ciudad durante tres años, resistiendo entre sus muros al mando de Francis Vere los ejércitos de las Provincias Unidas. En calidad de gobernadora, Isabel Clara Eugenia dijo al inicio del sitio que no se cambiaría de camisa hasta tomar Ostende, pero desconocemos si aguantó con su sacrificio a Dios los tres años de asedio.

Boceto preparatorio de Francisco Pradilla, 1881. 

De ese intento de ridiculización higiénica a Isabel la Católica vino confundir un episodio con otro 110 años posterior; además, los documentos de la época son aplastantes: Hernando de Talavera, entonces Arzobispo de Granada, reprendía a la Reina Católica por “el excesivo cuidado que prestaba al cuerpo”. Y conviene además contar que el caballo que nació de la mezcla de las caballerías reales con los ejemplares árabes de las cuadras nazaríes, fue llamado isabelino. Sobre todo el de pelaje blanco oscuro, que decía Hernando de Zafra, secretario real, le recordaba a “la camisa de Su Alteza”.

Disipada esta duda, este craso error histórico, afirmamos sin miedo a equivocarnos que la Reina fue una joven “adelantada a su época”. Rechazó y se negó a matrimonios que le impusieron (aún no era ni monarca ni nadie en Castilla), algo que tanto valoramos de lo que han hecho las monarquías europeas del siglo XX. No sería tampoco justo que dejáramos de valorar y de ensalzar que una mujer, hace 540 años, se impusiera al hombre y gobernara sin ceder lo que legal y moralmente le correspondía: ejercer de Reina. Aún más si cabe cuando todavía hoy, la mujer es víctima de atropellos sociales que también se intentaron con la Reina Isabel.

Monumento a Isabel la Católica en Madrid. Manuel Oms, 1883

Un último par de anécdotas humanizan su figura. Jugaba Fadrique Enríquez con su sobrino, el Rey Fernando el Católico. Le ganó a los dados y se rió de ello con simpatía y la euforia contenida durante el juego, por lo que la reina le llamó la atención. Fadrique, además de tío carnal del Rey, era Almirante de Castilla, y le hizo ver a Isabel que estaba bromeando con su sobrino; pero la Reina le reprendió diciendo: “un Rey no tiene familiares ni amigos, lo es hasta la muerte”. Esto explica su sentido del deber y la segunda anécdota, ha dejado una frase para la historia.

A pesar de que los reyes eran de una moderación en el gasto y de una sencillez importante, en la cocina Isabel odiaba el ajo. Sentía una profunda aversión por el mismo y dejaba bien claro a los cocineros que no lo emplearan bajo ningún concepto. Pero en una ocasión alguno de éstos olvidó la indicación y usó en el guiso ajo; para cuando quiso remediar el fallo, era tarde y esperaban el servicio del almuerzo, así que decidió disimular el sabor usando todo tipo de especias, sobre todo perejil, de un intenso sabor con el que creyó poder enderezar el entuerto. Pero Isabel detectó el sabor a ajo y espetó: “¡venía el villano vestido de verde!”, que ha quedado como frase histórica de ironía latente.

Reconstrucción del Campamento de Santa Fe

Al fin, durante el asedio a Granada, los reyes mandaron construir un campamento en las inmediaciones a la Ciudad de la Alhambra. El 14 de julio de 1491, un formidable incendio redujo a cenizas los barracones, tiendas y partes de esta improvisada ciudad, a punto de llevarse por delante la vida de los Reyes Católicos. Quedó Isabel sin ropa siquiera con qué vestirse, perdiendo todo su ajuar en el incendio de la tienda real pero gracias a don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, se salvó la situación. No hacía tanto que el brillante militar se había casado y dejaba en la vecina Íllora a su mujer y las ropas y vestiduras de ésta, no dudando en ofrecerlas a la Reina, que quedó sorprendida por su riqueza y lujo, más del que ella solía hacer uso. El Gran Capitán le recordó que estaba cerca la Conquista deseada y ansiada de Granada y le dijo: “Todo es poco para ser presentado a tan Gran Reina”.

Sí, la arquitecto y madre de España. La que moría con Granada en sus labios, tal día como hoy, hace 509 años

lunes, 25 de noviembre de 2013

El último rey de Granada

Ellos fueron los Nasr, emires de Granada, gobernadores del último reducto del Islam en Europa, representantes de la cultura andalusí y edificadores del mayor y mejor edificio medieval europeo y cumbre del arte musulmán (qué decir del arte hispanomusulmán): La Alhambra. Los nazaríes fueron 22 reyes de una Granada que la formaban desde Cádiz, pasando por las provincias de Málaga, Almería, la granadina y otros lugares de las vecinas provincias actuales, extendiendo sus dominios sobre más de 36.000 kilómetros cuadrados, 3 veces la actual provincia de Granada.

Restos de la Rawda Real de la Alhambra

Descansaron en un principio en el Cementerio de la Sabika, que hunde sus raíces en los pueblos iberos y romanos. En el actual Paseo de Coches o acceso a la Alhambra desde Plaza Nueva y la Cuesta de Gomérez, se sepultaron el fundador, Alhamar y su hayib, el comandante en jefe de las fuerzas militares nazaríes. Pero fue a principios del siglo XIV cuando en torno al Palacio de Comares y del Partal, aprovechando la X`aria (explanada) y en buena parte de los que es hoy el Palacio de Carlos V, se construyó la Rawda Real para que desde Muhammad II en adelante, con la excepción de Muhammad V (el gran constructor del Palacio de los Leones, por ejemplo) y Abu al Hasan (Muley Hacén para los cristianos) se enterraran los soberanos granadinos.

Capitulaciones de Granada

Pero fue en 1491, un 25 de noviembre, por tanto hace ahora  522 años, que se firmaban las Capitulaciones de Granada, los acuerdos en los que el último emir y los Reyes Católicos pactaron la rendición de la ciudad y la entrega de esta al poder de Castilla y la fe católica. Ante las murallas granadinas, casi 90.000 soldados de 12 nacionalidades distintas esperaban que un emir, condenado por los suyos, abandonase la pretendida y acariciada capital. Desde el 25 de noviembre al 2 de enero, cuando se cumplimenta la entrega, pasaron 37 días, tiempo más que suficiente para poner en orden todo lo necesario; imaginamos que el último emir intentó asegurarse el resto de sus días, eliminó documentos comprometedores, dispuso lo necesario y no se olvidó de algo que para él era fundamental: exhumar los restos mortales de sus antepasados y llevarse consigo los huesos de los Reyes de Granada.

Restos del Castillo de Mondújar a cuyos pies estuvo el cementerio real

En el Valle de Lecrín, a 30 kilómetros de Granada, está Mondújar, un pequeño pueblo que en las fechas que nos ocupan pertenecía como señorío personal a Aixa al Horra, la madre de Boabdil y legitima del penúltimo emir. Allí mandó enterrar el sultán a la familia real nazarí a los pies del castillo que eligió en 1485 su propio padre, Muley Hacén, para retirarse y en donde murió. La leyenda de su entierro no es más que un “cuento dorado” aunque si algo tiene de verdad, es la proximidad de las nieves de Sierra Nevada, pero ya está. En esa rauda sencilla y sin el esplendor de las lápidas de mármol que conserva el Museo de la Alhambra, descansó Muley Hacén y por ello decidió Boabdil unir al cuerpo de su padre, los de todos los emires.

"El suspiro del Moro". Francisco Pradilla, 1888

Boabdil cruzó por Mondújar camino del exilio, pues se dirigía hacia las tierras concedidas en las Capitulaciones a la familia real nazarí, en Andarax, la Alpujarra almeriense. La comitiva la conformaba la familia, sirvientes directos y arcones con recuerdos, aunque no faltaban las joyas de la corona, muebles y telas. Este lugar de “destierro dorado” fue escogido por los Reyes Católicos con enorme cuidado. Andarax alejado de la capital y del mar en previsión de un intento de sublevación que animara a los musulmanes. Y en Andarax se establecieron Aixa, Boabdil y su esposa Moraima, llegando al poco Ahmed y Yusuf, los dos hijos del real matrimonio, pero el sucesor murió a mediados de 1492. Por algún motivo Boabdil no se sintió jamás a gusto en su nueva tierra y escribe un 8 de julio de 1493 a los Reyes Católicos anunciándoles su intención de marcharse. Isabel y Fernando son los encargados de comprar el señorío y asegurarle cierta solvencia económica al último emir.

Antes de la partida, el 28 de agosto de 1493, moría Moraima y a principios de septiembre se le enterraba en el Cementerio de Mondújar, convirtiéndose en la última soberana en recibir sepultura en suelo granadino. Aquel cementerio que nos lo describen con una extensión de 6 marjales (alrededor de 3. 300 metros cuadrados) quedó la historia real. Muhammad al- Mayrat y su esposa, que con nombre cristiano se llamaba Isabel Nihiriza, eran los mayordomos personales de Moraima y los que se encargaron de hacernos saber que Boabdil repartió los bienes de su esposa entre los necesitados de Mondújar y dejó pagado y encargado al alfaquí que fuera a rezar dos veces por semana sobre su tumba y sobre la de los otros emires.

Lápida real en el Museo de la Alhambra

En 1542 primero y luego en 1574 se fueron encontrando los sepulcros reales en la Alhambra. Se necesitaba espacio para las obras del Palacio del Emperador Carlos y aparecían las losas, unas de alabastro, otras de mármol, con los fantásticos poemas grabados en su superficie que recordaban a los emires allí enterrados. Pero no había ni resto de los huesos y cuerpos reales; sólo apareció un gigantesco esqueleto humano que algunos relacionan con algún hayib del ejército granadino. Estaba claro que Boabdil no quería que por cualquier motivo, los cristianos violaran el descanso eterno de los suyos y no se arriesgó a profanaciones posteriores.


El cementerio de Mondújar fue clausurado por mandato del Rey Fernando el Católico y rellenado de tierra para ocultarlo en 1509. Se trataba de que los musulmanes terminaran por abrazar la fe católica y olvidaran usos y costumbres, especialmente funerarios. Fue así como se pudo preservar tal y como quiso Boabdil, pero lo que jamás imaginó el último emir de Granada ni ninguno de los amantes de la historia, es que unas obras, en 1988 iban a masacrar los restos mortales de la Casa Real Nazarí. Ese año, las tumbas fueron removidas y los huesos esparcidos, quedando ocultos bajo el asfalto de la circunvalación de Mondújar. Los emires y la familia habían sido saqueados, restituidos por una carretera y estuprada la historia. Después de 400 años allí, la insensibilidad, la barbarie y la estupidez de unos pocos, silenciaron a los responsables de la obra cumbre de la arquitectura palatina, de la construcción medieval y de la cultura que durante casi 8 siglos, reinó en la Península. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Aquí hay gato encerrado

"Tres hombres a la mesa". Velázquez, 1617.

Era la España que domeñaba al Mundo, la que ponía en el Olimpo del Arte a sus mejores pintores y escribía sus mejores métricas. Era la España de Cervantes y Quevedo, de Lope y de Gracián, de Velázquez, Murillo, Zurbarán y el granadino Cano. Era la España del Siglo de Oro que bajo Felipe II al IV, con una mano empuñaba espadas y con la otra derrochaba ingenios. En esta tierra nuestra comenzó a decirse “gato” a la bolsa que a manera de cartera o monedero actual, contenía el dinero de los españolitos de a pie que se las veían con el día a día. De todos conocido el poema de don Francisco de Quevedo, “Poderoso caballero es don Dinero”:


Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las Casas de los viejos
gatos le guardan de gatos.
Y pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso Caballero
Es don Dinero.

Rinconete y Cortadillo del Monumento a Cervantes en Madrid. 
Federico Coullant Valera, 1960.

El talego de cuero que empezó a recibir el sobrenombre de gato se escondía bien y más que bien entre las ropas; en esta nación nuestra, como demuestran los literatos, ha habido tantos pícaros y asaltadores como en la actualidad abarrotan los titulares de las noticias. De alguna manera se cuidaban los viajeros y los viandantes de que alguien pudiera sustraerles su pequeña fortuna, y entre los pliegues y bajo las capas, el gato permanecía oculto a la vista del indeseado ladrón. Pero hoy como ayer, se las sabían todas, de manera que los amigos de lo ajeno acuñaron un grito de aviso para dar a conocer a los compinches si la futura víctima, era digna de ser asaltada o no.

El “oteador”, experto en detectar cualquier bulto extraño que chivatease la presencia de una bolsa oculta entre las ropas, se lo hacía saber al otro experto del equipo de ladronzuelos, en su caso en robar con elegancia; el grito de aviso no era otro que HAY GATO ENCERRADO, o lo que es lo mismo, una bolsa con dinero escondido.

Pero, ¿por qué se les llamó gato a los monederos españoles de hace casi cinco siglos en adelante? Pues por la astucia y sigilo de los ladrones a la hora de robarlos, a la hora de hacer que la víctima, ni se enterara del hurto ni del engaño. Los gatos (ladrones) le prestaron el nombre a la pieza robada y aún hoy nuestro diccionario, nos aclara al consultar la palabra gato, lo que decimos. En concreto, la 2ª, 3ª, 8ª y 9ª acepción, que como recoge el DRAE, dicen así:

2. m. Bolso o talego en que se guardaba el dinero.
3. m. Dinero que se guardaba en él.
8. m. coloq. Ladrón, ratero que hurta con astucia y engaño.
9. m. coloq. Hombre sagaz, astuto.

Casi quinientos años después, cuando algo no nos parece claro, cuando no nos gusta el cariz que está tomando algo o cuando creemos que nos pretenden engañar, solemos decir que “hay gato encerrado”, la mayoría de las veces sin saber de dónde procede una expresión que refleja perfectamente, la España de la Picaresca.

sábado, 23 de noviembre de 2013

San Fernando y Sevilla

Fernando III el Santo. Anónimo del siglo XVII Ayuntamiento de Sevilla
Lleva en sus manos a "Lobera". 

Fue un 2 de diciembre de 1230 cuando los dos reinos más pretendidos de la Península Ibérica se unen entre sí sobre las sienes del Rey San Fernando con el objetivo de recuperar para Europa, la cultura occidental y la fe católica aquel vasto territorio que antes de la ruindad de los últimos nobles visigodos fue la Hispania romana y la España del trono de Toledo. Fue con el tejido de un pendón de ese año cuando renacía con fuerzas redobladas el interés porque bajo la cruz y la cultura grecolatina, las tierras que eran de al-Andalus fueran castellanas, luego (o) españolas. Sería Isabel, madre de las Españas, la que lograra con Granada el sueño acariciado por Pelayo, pero Fernando estuvo bien cerca de lograrlo.

Ese pendón se convertiría en reliquia; la insignia y otra que con menos de 90 centímetros de largo y el sobrenombre de lobera, ha cumplido la tradición mandada por Alfonso X el Sabio de recorrer las naves catedralicias de la loca empresa arquitectónica de la Magna Hispalensis, la Catedral más grande del mundo. Bajo el universo de tracería gótica de las bóvedas sevillanas, rememorando la toma de Sevilla por el Rey Santo, el pendón y la espada han recordado que esta ciudad comenzó a ser lo que es desde el instante en que Castilla domeñó la taifa musulmana y que con este hecho de trascendencia inequívoca, la ciudad del Betis se convertiría en la primera del orbe, nadie dude eso.



San Fernando recibiendo las llaves de Sevilla. Francisco Pacheco, 1634.

Lobera es una espada de caza, la misma que el Rey, en su lecho de muerte, dejó en herencia a su hijo menor, diciéndole: “no os puedo dejar heredad ninguna pero os dejo mi espada que es cosa de mucha virtud y con la que Dios me hizo tanto bien”. En 1671 el Papa Clemente X canonizaba un héroe militar, un justo gobernante y un empecinado monarca en recuperar para Cristo territorios que lo fueron en su día. El pendón y la espada que conservaba la Catedral de Sevilla se convirtieron en reliquias y testimonios de un estadista medieval de difícil comparación en la historia. Y cada día que recuerda la conquista castellano leonesa de la tierra de Giralda y de María, el cabildo catedral y el alcalde en nombre del Rey de España, transitan la historia casi 8 veces centenaria de un pueblo, bajo la empresa católica más grande que hayan conocido los hombres. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

¿Quién mató a Kennedy?

Dallas, hace 50 años.

Una bala a 2.520 kilómetros por hora, vieja, cochambrosa y de la época fascista de la Italia de Mussolini atraviesa el cuerpo del Presidente de los Estados Unidos de América. Fueron 3, quizás 5, tal vez más disparos. Un solo culpable que es asesinado cuando se disponía a comparecer ante la Justicia, la conmoción del pueblo americano, de las minorías étnicas, de los católicos y de los demócratas y muchas cosas sin resolver que narró con brillantez cinematográfica Oliver Stone en su película de 1991. ¿Quiénes conspiraron para acabar con la vida de John Fitzgerald Kennedy?

Sin noticias de los disparos.

Primer disparo: da en un árbol, rebota en el suelo y llega a herir a un espectador de la comitiva. Segundo disparo: realizado 3 segundos después, alcanza la espalda del Presidente y sale por su garganta. Tercer disparo: casi 5 segundos después, hiere de muerte a Kennedy, atravesando su cráneo. Nace la teoría de la bala dispersa, que es capaz de hacer un intrincado recorrido por el cuerpo y el traje del Presidente hasta impactar en el chófer, de manera que desde entonces se conoce como “la bala mágica”.

Un rifle inservible y un tirador mediocre.

Según la investigación llevada a cabo por la Comisión Warren, Lee Harvey Oswald, presunto autor de los disparos, habría usado un fusil de cerrojo Carcano Modelo 91/38 de fabricación italiana, con mira telescópica. Descerrajó tres disparos en 5, 7 segundos, pero la hoja de servicios de Lee que guardaba la Marina Americana dejaba claro que Oswald era un pésimo tirador. La armería del Ejército Estadounidense consideraba este fusil el arma humanitaria, dado que tenía 70% de fallos en el objetivo de los disparos. Además, se dijo que el arma fue adquirida por Lee Harvey por correo, que implica dar de alta un código postal, enseñar documentación y dar pistas y dejar huellas, mientras que en Dallas, no hace falta ni un simple carnet de conducir para hacerse con un arma. Algo no cuadraba. Para colmo, la Comisión Warren puso a tres tiradores especializados del FBI a hacer pruebas con este fusil. Ninguno pudo hacer 3 disparos con un arma que no era automática sino de cerrojo y bajar de los 8 segundos, mientras que un mediocre tirador como Lee, supuestamente efectuó los 3 disparos en menos de seis segundos y con un arma imprecisa y defectuosa.

Borrando pistas, ocultando huellas.

¿Entró Kennedy al hospital agonizando o ya había muerto? ¿Por qué unos médicos testifican una cosa y otros lo contrario? ¿Y por qué el Vicepresidente . Lyndon B. Johnson ordena al Servicio Secreto limpiar el coche presidencial mientras este está en el Hospital de Dallas? ¿Qué hace pensar que no se van a encontrar huellas en el vehículo y qué prisas hay por dejarlo absolutamente limpio si el Presidente de los Estados Unidos acababa de ser asesinado? ¿Cómo desaparece la cabeza del cadáver del Presidente? ¿Es cierto que a quién se le practicó la autopsia fue a un policía de Dallas en lugar de a Kennedy?

La autopsia clandestina.

Tres médicos militares se enfrentan al cuerpo de John Kennedy. A sabiendas que no tenían ningún tipo de experiencia en heridas de arma y sí como patólogos, firman una autopsia extraña. Están presentes dos agentes retirados del FBI que declaran haber visto hasta tres heridas mortales en el cuerpo, en contradicción con el informe oficial. Pero lo más importante: ¿el cadáver al que se le practicó la autopsia, era realmente el del Presidente?

El asesino asesinado.

Lee Harvey Oswald fue detenido ochenta minutos después del asesinato del oficial de policía de Dallas J. D. Tippit. Fue acusado de la muerte de Tippit y de Kennedy a última hora de la tarde del día 22 de noviembre. Oswald negó siempre haber disparado contra el presidente. Sorprende que el interrogatorio se llevara a cabo sin que estuviese presente un abogado, puesto que ante un Jurado, tamaño error según el sistema judicial estadounidense hubiera puesto en libertad inmediatamente al sospechoso. Pero no hizo falta: cuando era trasladado para mayor seguridad a una prisión, un matón local, Jack Ruby, burlando  un gangster de Dallas le disparó y lo mató. Ruby era dueño de un local que frecuentaba Oswald y se conocían desde hacía años. Cuando es detenido y conducido ante el juez, una periodista le pregunta qué pasó; esta es la conversación transcrita:

Periodista: ¿Puede decirnos que pasó en el asesinato?
Jack Ruby: Esa pregunta deberá hacérsela al actual presidente Lyndon Johnson.
Periodista: ¿me lo podría volver a repetir?"
Jack Ruby: Lo que le he dicho, que si Lindon Johnson no hubiera sido el vicepresidente, ahora Kennedy estaría todavía vivo".

Justo al terminar la investigación, Jack Ruby apareció asesinado en extrañas circunstancias.

Limpiando la historia.

La Comisión Warren fue la encargada de investigar durante 10 meses de manera ardua todo lo que envolvió al asesinato del Presidente, pero dejó frío y sin crédito a los que aguardaban aquel septiembre de 1964 las conclusiones de los servicios de inteligencia y criminología más importantes del Mundo: el informe concluyó que no podía encontrar evidencias persuasivas de una conspiración, implicación de nada ni nadie y Lee Harvey Oswald actuó solo. Lo que no dijo la Comisión es que Lee Harvey era agente de la CIA; tampoco que el agente de la Policía de Dallas, J. D. Tippit, fue asesinado por el propio Lee cuando ya estaba detenido por el agente y que se encontraron casquillos de bala a 1.500 metros de la biblioteca desde donde se disparó contra el Presidente.

Al agente Tippit no le disparó Lee Harvey Oswald, entre otras porque había sido detenido en el interior de un cine y llevaba cuatro horas en la comisaría de Dallas; el interrogatorio se extendió por espacio de 12 horas, pero desde la una de la tarde, J.D. Tippit ya había sido alcanzado por varias balas.

Recreación de la BALA MÁGICA

El muerto que asesinó al presidente.

El pésimo fusil que utilizó supuestamente Lee Harvey estaba impoluto. El FBI,  en Washington, no encontró huella alguna del tirador. La Comisión Warren jamás recogió este dato en su informe, pero sí trasciende que un policía de Dallas halla sorprendentemente una huella en la culata del arma, después que esta hubiese estado en manos del mejor servicio científico policial del Mundo sin que éste fuese fructífero. Para confirmar las huellas, la policía de Dallas  entra en el depósito de cadáveres donde se encuentra Oswald, ya asesinado por Ruby, para comparar huellas. Y en efecto, enseñan al FBI el sorprendente hallazgo. Ni en un país tercermundista hubiera podido imaginarse algo así, teniendo en cuenta que la científica del FBI en Washington, con el más preparado y equipado método, no pudo encontrar ninguna huella y sin embargo, hizo falta “comprobar” el cadáver de Lee para demostrar la existencia de su manejo.

¿Quién mató realmente a Kennedy?


El vicepresidente, la CIA ante el recorte de presupuesto, número de intervenciones y peso específico en el Gobierno, las sectas de supremacía racial blanca por la política igualitaria de Kennedy... Lo que está claro es que aquel 22 de noviembre de hace 50 años, John Fitzgerald Kennedy, fue víctima de algo más que la locura y el odio de Lee Harvey Oswald.