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miércoles, 31 de julio de 2013

Accidente de tren de Santiago

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Eran las once de la noche de hace una semana. Todavía, se hablaba de una  cifra de fallecidos que a pesar de que espantaba, firmaríamos todos a día de hoy: 24. El Canal 24 horas de TVE tenía en directo al presidente de la autonomía gallega y la pregunta de la periodista que conducía el espacio no era otra que “¿ha podido hablar con los familiares de las víctimas?”. Al corresponsal que se hallaba a poca distancia del siniestro conmovedor se le apremiaba para que contase qué le habían dicho los vecinos. Las televisiones emitían imágenes de ciudadanos de a pie ayudando y dejando claro que ante una desgracia, lo primero, es lo primero. Pero los objetivos buscaban, como el olfato de un perro policía, sábanas blancas, viajeros cubiertos de sangre con el móvil en las manos y desastre.

A los pocos días comenzaba el show. Parece que atar los contratos publicitarios importa más que servir y hacer algo de provecho. Los ciudadanos seguíamos conmocionados y algunos supimos de conocidos y amigos que a última hora no tomaron ese tren. A la memoria resucitaba un 11 de marzo de 2004, que para la mayoría de españoles, es un vaivén de imágenes de muerte y sangre. Cuando hacemos ese mismo esfuerzo para un 11 de septiembre de 2000, nuestra memoria no recuerda cadáveres ni llantos.

Pasan los días y todas las televisiones generalistas, las de mayor cuota de pantalla, ingresos, cortes publicitarios y en definitiva, todo aquello que mueve al Mundo (el dinero) seguían arrancando sus informativos de la misma manera: una dotación técnica de unidades móviles en la puerta de los hospitales viendo entrar y salir a personas normales y corrientes desolados y arrasados en lágrimas. Se emitieron incluso funerales gaditanos, hermanas y esposas a punto del desmayo y pena, porque la pena vende.

Un buen conocido trabaja en un medio de comunicación nacional y fuerte. De esos cuyo nombre marea con sólo oírlo. Me asegura que un compañero, en la redacción, apostaba porque el número de fallecidos subiera. Era un deseo, no un vaticinio. Y lo hizo el pasado viernes, con la esperanza de “joder” más al Gobierno. Sí, es el momento que pueden dejar de leer y vomitar. De todas maneras, no me sorprende. En la redacción de un medio de comunicación, hace años, ví y oí a uno de sus pesos pesados desear la muerte de muchos soldados españoles en Irak. Lo malo es que lo que se desea suele volverse en contra del ruin.

Imagen de "laviñetasatirica.com"

En ABC se le pone rostro a todos los fallecidos. En El País, el titular dice “Explicar, no ocultar”.  En Libertad Digital se deja constancia que esta línea la puso en marcha el PSOE, en (no sé cómo calificarlo, si Diario o...)  Alerta Digital, se habla de Sabotaje. En periódicos independentistas, se hace risa con el suceso explicando que la marca España sólo trae muerte. En el blog de los ex trabajadores del Diario Público, nos cuentan que la alta velocidad española no es segura y por tanto, se está intentando cerrar los acuerdos con Brasil antes de que se sepa la verdad. Por su parte, La Gaceta recuerda la demagogia de los líderes de IU y cómo no han sabido estar a la altura de “próceres de la patria” ante el tremendo accidente.

En las redes sociales, todos somos periodistas, todos somos informadores, todos tenemos nuestra propia columna de opinión gratuita y respaldada con la que dejar bien claro lo mucho que sabemos. Y a simple vista se adivina hasta la ideología política del informador amateur: el que exculpa al maquinista y se apiada del pobre hombre, a sabiendas que será el chivo expiatorio y el que carga contra los sistemas de prevención y de repente, poco más o menos que nos informa que su tatarabuelo fue carbonero en la línea Barcelona-Mataró que inauguró la Reina Isabel II. Eso sí, ha sido más indignante el error del comunicado de Rajoy que la desgracia de decenas y decenas de familias españolas.

El Mundo entrevista a un catedrático de física cuyos comentarios son desmontados uno a uno por ingenieros industriales a pie de noticia. Siguen los titulares: “El porqué del accidente”. En 20 minutos, el titular es “Otro sistema de frenado hubiera evitado el accidente”. Por otro lado, descubrimos que España es el país europeo que tiene más kilómetros instalados del sistema de seguridad ferroviaria más eficaz y a lo que todos nos ha quedado claro es que si un tren circula a 200 kilómetros por hora cuando ha de hacerlo a 80, la catástrofe se ha de contemplar.

A las 15 horas del accidente, en los móviles de la mayoría de los españoles ya ha llegado vía mensaje, vía whatssap, las imágenes del descarrilamiento. Y a mí me sigue pareciendo inaudito que nadie tenga imágenes de heridos, de sangre, de muerte y de caos tras los atentados de Boston, que nadie vea cadáveres tumbados en el suelo y cubiertos por una sábana cada vez que un loco dispara y asesina a decenas de personas en Estados Unidos, que nadie pueda ofrecer una imagen dantesca de ninguna tragedia americana, donde el pueblo se olvida del color de la piel, de la condición republicana o demócrata y se esfuerza en hacer lo único que hay que hacer en estas ocasiones: ayudar, si se puede, o apoyar simplemente. Sin demagogias, usos ideológicos, partidistas, ataques voluntarios, tú más, este es el culpable, por qué no comparece nadie o cosas por el estilo tan cainitas y tan españolas.

He empezado con don Antonio Machado. ¡Se equivocaba! A mí me hiela el corazón las dos Españas, las dos. Me hiela y me repugna. Desde sus medios de comunicación, buitres expectantes en el circo de la vida y de la muerte, a los ciudadanos de a pie, jueces implacables de todo y de todos que bajo el frescor del aparato de aire acondicionado, juzgan a maquinistas, Gobiernos anteriores o presentes y hasta se frotan las manos con la cantidad de muertos y heridos. Y maquillan la iniquidad humana con una frase cortita, escueta y sentida dando condolencias en su cuenta de Twitter.


Yo ya no sé qué pensar...

martes, 30 de julio de 2013

El peor cine de la historia

Ed Wood rodando "The love feast" (1969)

Dicen que todos los artistas, los que se escriben con mayúscula, es decir, los auténticamente demoledores y dotados de una capacidad creativa fuera de lo normal, demuestran extrañezas y rarezas dignas de llevar a la historia. Luego, están aquellos que nunca hicieron nada importante y cuya huella estética o creativa jamás merecería un solo comentario en los libros del arte (el primero, el tercero o el séptimo) pero que para ser fieles al tópico de las peculiaridades de los auténticos artistas, conservan intactas las patologías más divertidas o especiales. Al fin, hay un tercer grupo: los que son raros y sus obras, más aún. A este poco honroso club, perteneció Ed Wood, director, productor, guionista, editor y actor de cine, que a su muerte, la crítica, la prensa y la Academia del Cine lo consideró EL PEOR DIRECTOR DE TODOS LOS TIEMPOS.

Debajo de su uniforme, llevaba lencería femenina, muy apropiada para matar nazis.

Ed Wood era un apasionado del cine, con una afición insana que le hacía devorar películas de dos géneros en especial: las de terror y las del Oeste. Poco le importaban las tragicomedias de Charles Chaplin, los balbuceos del cine negro con Orson Welles a la cabeza, las irrepetibles actuaciones de Humphrey Bogart, las hilarantes acciones de los hermanos Marx o las estrellas incombustibles tipo Garbo, Hepburn, o la gran Rita Hayworth. ¡No! A él le interesaba el ambiente del cine expresionista y la dureza, la ruda actitud de los vaqueros legendarios. ¡Sospechoso!

Ed Wood dirigiendo una de sus películas con un jersey de angora teñido en rosa

Fue llamado a filas y combatió en la Segunda Guerra Mundial. Pero lo hizo de una manera muy particular, que ya reflejaba algo de su caótico universo, que ya dejaba patente filias y fobias de difícil catalogación. Entró en servicio con su uniforme del ejército de los Estados Unidos, claro. ¡PERO DEBAJO DE ÉL LLEVABA ROPA INTERIOR FEMENINA! Y el resto de su vida, fue un enamorado de las prendas de mujer, aunque gustara de ellas y mantuviera relaciones heterosexuales. Prefirió por encima de cualquier otra, la angora, la lana turca tan brillante y suave. De hecho, a su novia, solía hurtarle una pequeña rebeca que usó incluso para dirigir y con la que se sentía cómodo y seguro. Lo que no queda claro es si se trataba de un fetiche o simplemente, una extravagancia, porque nadie entendería jamás a Clint Eastwood rodando con braguitas de mujer. Ed Wood sí lo hizo.


Al final de sus días, Bela Lugosi estaba tan trastronado que pidió enterrarse como su personaje DRÁCULA

Dicen que los amigos de cada se escogen por parecidos, porque lo que se comparte une y define. Pues el círculo “artístico” de Ed Wood fue precisamente muy parecido a él, un conjunto de particulares actores, productores y responsables artísticos que provocaban más risa que arte. Desde 1948 llevaba años intentando que alguien financiara sus proyectos cinematográficos hasta que consiguió uno de sus sueños adolescentes: conocer a Bela Lugosi, el que había sido uno de los más grandes iconos del cine de terror y que llevaba años olvidado por la industria, avejentado, arruinado y enganchado a la heroína. Pero para Ed Wood, el más grande de cuántos actores había encarnado a Drácula, seguía siendo un ídolo con nombre y apellidos. Desde ese día, no hizo otra cosa más que escribir un papel para el regreso a la pantalla de Bela Lugosi estando él mismo tras la cámara. 

Su ópera prima fue “Glen o Glenda”, un largometraje con bastante de autorretrato y cutre como pocos. Aún muchos se fascinan que en 1953 se atreviera a abordar el tema del travestismo pero quizás, lo valiente no fue el argumento, sino confiar en un equipo técnico novel e inexperto que estaba conformado por un productor y a veces actor, al que le daban accesos nerviosos. Terminó operándose para ser mujer. Rodaba en la calle sin el permiso pertinente y Wood y su equipo fueron detenidos por la policía, sin contar con que en otras dos ocasiones tuvieron que huir de la policía como vulgares delincuentes.

Tor Johnson demostrando "sus cualidades" interpretativas

Tras esta “presentación” al mundo del séptimo arte, consiguió su acariciado sueño de hacer regresar a Bela Lugosi a la gran pantalla. “La novia del monstruo” satisfacía los deseos de Ed Wood de rendir homenaje al género del cine que más le apasionaba y a su personaje fetiche. La novia, sería su propia pareja, a la que deja en la estacada a última hora para incluir en el reparto como protagonista a una joven que probaba suerte en Los Ángeles y a la que creía con suficiente dinero para costear el rodaje. ¡No fue así! Además, uno de los que se convertirá en su personaje estrella, será el secundario Tor Johnson, un sueco imponente, una mole calva y antiestética que se dedicaba a la lucha libre con el componente teatral que llegó a España en la década de los 90 del pasado siglo: Pressing Catch. Al pobre de Tor Johnson, que siguió siendo un secundario de serie b, le llovieron todo tipo de críticas. El New York Times lo ridiculizó y la única notoriedad importante de su vida, fue haberse convertido en la máscara más vendida de la Fiesta de Halloween de 1968. Eso sí, sus 136 kilos lo convertían en una persona bonachona, amable y cariñosa, que fuera de la cámara le hizo recibir el mote del “gran pan de azúcar”.


Poco después le llegaba su gran éxito. O eso creía él. “Plan 9 del espacio exterior” también iba a llevar a Bela Lugosi como protagonista, pero murió. Así que un quiropráctico que conocieron en bar de Los Ángeles y con el que guardaba un remoto, lejano y arrebolado parecido, hizo de Lugosi. Para colmo, la financiación partió de una Iglesia Batista a la que pudo engañar Ed Wood. Los pastores protestantes querían rodar la vida de los doce apóstoles sin escatimar en el coste, aún a sabiendas que realizar 12 películas, una por discípulo, no sería barato. Ed Wood les propuso que financiaran una maravilla, una genialidad, una creación fuera de serie que sería su película y que con los importantes beneficios que obtendrían, costearían sin problema alguno las doce películas religiosas. Los batistas, confiados y educados, financiaron el largometraje que fue, como era de esperar, un horror. 

Una de las exigencias de los batistas es que el héroe de la película fuera el director del coro de la Iglesia. Bajo estas premisas, el resto estaba claro cómo saldría. Tenía numerosos errores de continuidad, los peores efectos especiales jamás vistos, la iluminación era totalmente artificial, se notaban los hilos que sujetan los platillos voladores y los mandos de los aviones eran de cartón. En diversas tomas, los personajes entraban en escena de día y al plano siguiente ya era de noche, sin conservar el orden narrativo.  Como Lugosi estaba muerto, Ed Wood aprovecha los tres minutos de grabaciones inéditas de Bela y las incluye en la película. El resto de su aparición lo hará mediante ese doble que era quiropráctico; pero para que nadie notara que en realidad no era Bela, lo obligó a taparse con una capa durante toda la película.

En la obra además, aparecía la famosa Maila Nurmi, una exuberante finlandesa que trabajaba para la principal televisión de California presentando “El Show de Vampira”. Era un programa  de películas de terror y ambientes misteriosos que durante dos años fue uno de los más vistos de la televisión. Ella era una vampira tetona y sensual que cautivó a Ed Wood. Pero la actriz se negó en rotundo a participar del cine de Wood por más propuestas que este le hiciera. Hasta que tras la cancelación del programa y la dificultad para abrirse hueco en la pantalla, aceptó formar parte del estrambótico rodaje de Plan 9 del espacio exterior pero sin diálogo. Y así, Vampira, en la que se han basado dibujos, películas, muñecos y tantos otros productos de márquetin, tomó parte de este rodaje cochambroso propio del demente de su director. ¡Los batistas perdieron toda la inversión!

No se desanimó nuestro hombre y un par de años después, hacía el remake de La novia del monstruo. El gran fichaje para el reparto fue un vidente de tres al cuarto que aseguraba que en 1990 Marte sería habitado. Sus predicciones eran variopintas y numerosas, entre las que estaba el asesinato de numerosos personajes públicos, entre ellos el de John Fritzgerald Kennedy. Cuando asesinaron al Presidente, nadie tomó en serio el vaticinio, que formaba parte de otros tantos. Criswell se sumó al rodaje, una película memorable con cadáveres que son esqueletos de plástico, la aparición de un demonio que era un hombre negro con un casco del Ejército Británico y otros disparates del estilo. 

Tim Burton, Johny Deep y Sarah Jessica Parker durante el rodaje de Ed Wood (1994)

Ed Wood se dedicó tras esto al cine porno. Su gran éxito fue "Muerte de un travesti". La obsesión no cejaba. Alcoholizado, desahuciado  llegó a vender su máquina de escribir para conseguir alcohol. Murió a los 53 años, el que fue considerado el peor cineasta de la Historia, el peor director del Mundo. En 1994, Tim Burton llevó su vida al cine, encarnando a Ed Wood Johny Deep y haciendo de su novia Sarah Jessica Parker de Sexo en Nueva York. 

lunes, 29 de julio de 2013

van Gogh asesinado

"Trigal con cuervos". Su última obra (julio de 1890)

Un trigal plagado de cuervos... Ya se sabe que en la región de la Isla de Francia, los veranos nada tienen que ver con este sur de Europa. Lo había acabado hacía unos días; uno de sus 900 cuadros. Tenía 37 años, una perturbada concepción de la vida y una coherente visión del futuro del arte. Sólo le quedaba su hermano Theo y la huella de su desequilibrio en la tajada de la oreja. Entonces, para despedir julio y justo ante el mismo campo de trigo que pintó poblado de cuervos, Vincent van Gogh se disparó en el pecho. En el Olimpo de las artes, dicen que hubo fiesta ese día.

El último autorretrato que pintó.

¿Es normal que alguien que piensa descerrajarse a la altura del corazón un balazo acabe con minuciosa atención un cuadro apenas unos días antes de hacer la maleta al otro mundo? En la vida de van Gogh, parece que todo era posible. Pero 120 años después, repasando las decenas, cientos de cartas que le mandaba a su hermano, algo no concuerda. ¡Alguien nos ha vendido la imagen de un loco, de un demente, para que su pintura se envuelva en el hálito del misterio y cotice más!

Autorretrato (enero de 1889)

En diciembre de 1888, año y medio antes de su presunto suicidio, se automutiló cortándose su oreja izquierda. En aquel momento compartía piso, taller, amistad y más con Paul Gauguin. El carácter de ambos era irascible y chocaban; la frecuencia de las peleas y las riñas era de sobra conocida en todo Arlés, el pueblecito sureño de Francia. El día de los inocentes, el pueblo vio como van Gogh perseguía a Gauguin blandiendo una navaja con la intención de alcanzarlo. Luego, dando síntomas de desmayo, se presentó en el burdel que más frecuentaba y con una de sus prostitutas, a la que tomó todo el cariño que su dinero le permitió, le dio envuelta en un pañuelo su oreja. Gauguin había desaparecido esa misma tarde y a van Gogh hubo que encamarlo de urgencia, cortarle la hemorragia y hacerle una transfusión de sangre. A su regreso a aquella habitación mil veces plasmada en sus cuadros, se autorretrató con la oreja vendada. Acababa de convertirse en “el loco del pelo rojo”. Pero: ¿y si nunca se autolesionó y lo hizo Gauguin?

Será difícil que lo descubramos ya, como que sostengamos plenamente que van Gogh ¡NO SE SUICIDÓ! sino que fue la víctima de un homicidio involuntario. Sí, hubo un disparo, pero no hubo suicidio. Las balas que acabaron con su vida procedían de la escopeta de unos jóvenes cazadores que acabaron con la vida del que hoy pasa por ser uno de los más admirados y cotizados artistas de la historia pero que en vida, fue un fracasado que nunca vendió un cuadro. Sn embargo, las cartas que le enviaba a su hermano Theo, mucho más que un confidente, más que un apoyo moral (su mecenas, quién le costeaba, quién compró el único cuadro que creyó haber vendido) dicen lo contrario. Aquel mes de julio escribía su extraordinaria voluntad de seguir viviendo y trabajando. En otra carta anterior, sin venir a cuento, manifestaba que el suicidio era un acto de cobardía. Los textos se amontonan. Sí, es cierto que sufría esquizofrenia, pero nada más lejos de la demencia que nos han querido vender.

¿Un enfermo que poco antes de morir pinta 500 cuadros?

Durante sus internamientos en psiquiátricos, de manera voluntaria, su pintura no se vuelve negra, extraña o aterradora. Pinta y mucho, hasta 2.500 obras en un cuarto de siglo. No parece la actividad de un demente, de un enfermo ni de un perturbado. En los dos últimos años ejecutó 500 obras; en los dos últimos meses, pintó más de setenta cuadros. En los últimos 69 días, 79 cuadros. ¿Así se comporta un loco? ¿Es esa la actividad de un enfermo mental?

El 29 de julio de 1890, hace justo hoy 123 años, Vincent van Gogh aprovechando la caída de la tarde, volvía al campo que inmortalizó días antes. El trigo atacado por la bandada de cuervos que lo sobrevuela. Por las fincas colindantes de hallaban los hermanos René y Gaston Secrétan, menores de edad, díscolos e incontrolables. Vicent van Gogh los conocía bien, se podía decir que hasta había hecho buenas migas con los dos. Sobre todo con René, el mayor de los dos, el líder. Un preadolescente problemático al que gustaba vestirse de cowboy y se entretenía disparando a animales con una vieja pistola del calibre 38. Ese día, una de las balas se perdió hasta encontrar el pecho del pintor que se sabía herido de muerte. Jamás quiso incriminar a los jóvenes, a fin de cuentas, el tormento mental que la enfermedad le provocaba era inmenso. Tenía 2.500 obras sin vender, dependía de la generosidad fraternal de Theo, era considerado un loco y puede que se hubiera rendido ya. No, no se suicidó, pero cayó la verdad para que René Secrétan no arruinara su vida cuando aún no había comenzado de verdad.

"La habitación de Arlés" (1888)

Murió ese día. Sin vender un cuadro; sin una crítica favorable, sin el apoyo de los colegas y sin el refrendo del arte. O fue un adelantado, o su pintura se ha convertido en un gigante gracias a la colección de inexactitudes que han poblado su biografía. Porque van Gogh puede que no se cortara la oreja, puede que no se suicidara y puede que sin todo ello, no hubiera tenido el reconocimiento aplastante del que goza hoy... Puede, por eso, que los responsables de su Museo en Ámsterdam nieguen todas estas investigaciones y corran al desmentido. Tal vez, como tantas veces, estemos ante un “producto”, el resultado del marketing, la rentabilidad de la falacia.   


"La noche estrellada (1889)

¿Tú que piensas? ¿Fue un grandísimo artista, un revolucionario, un adelantado, un vidente del arte o es un subproducto de todas las mentiras que sobre su vida se han podido contar? 

"Los Girasoles" (1889)

domingo, 28 de julio de 2013

El fruto prohibido

"Adán y Eva". Tiziano Vecellio, 1560.

Y Yavé Dios le dio al hombre un mandamiento; le dijo: «Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, pero no comerás del árbol de la Ciencia del bien y del mal. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás. [...] A la mujer le gustó ese árbol que atraía la vista y que era tan excelente para alcanzar el conocimiento. Tomó de su fruto y se lo comió y le dio también a su marido que andaba con ella, quien también lo comió”.

"La maldición de Dios". James Jacques Joseph Tissot , 1899

Y digo yo... ¿En dónde está escrito que Eva y Adán comieran manzanas? Pues ya se lo digo yo: en ningún sitio. Una mala traducción está detrás de la mala fama que ha tenido la manzana desde entonces, puesto se confundió la palabra latina para manzana, malus, con la palabra que identifica el mal, malum. El caso es que en plural ambas palabras vienen a decir “mala”, que no manzana, de manera que el árbol de la Ciencia del bien y del mal, por un error humano, acabó sin esperarlo en un manzano. Al momento de la ingesta prohibida, Eva y Adán se dieron cuenta que estaban desnudos y sigue el Génesis contando: “entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”. El debate en el siglo II era claro: los pecadores que desobedecieron a Dios, se taparon con las hojas del mismo árbol del que tenían prohibido comer su fruto. Luego, hemos de tener en cuenta una cosa, que el Nuevo Testamento se plaga de citas del Antiguo, como para hacer bueno lo que no necesitó jamás de textos anteriores (porque el ejemplo de Cristo ya fue suficientemente claro y plausible), pero lo cierto es que los Evangelios hacen mención continua a profecías y pasajes de la Ley de Moisés.

Jesús y la higuera sin frutos

Pues bien, nos ha de seguir valiendo lo que Marcos recoge en su Evangelio. En concreto en el capítulo 11, versículos del 11 al 20, que dice: Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a su alrededor y, siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania. Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. A lo lejos divisó una higuera llena de hojas y fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó, pero no encontró más que hojas, pues todavía no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: «¡Que nadie coma fruto de ti nunca jamás!» Y sus discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía a nadie transportar cosas por el Templo. Luego se puso a enseñar y les dijo: «¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero vosotros la habéis convertido en una guarida de ladrones!» Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se enteraron de lo ocurrido y pensaron deshacerse de él; le tenían miedo al ver el impacto que su enseñanza producía sobre el pueblo. Cada día salían de la ciudad al anochecer. Cuando pasaban de madrugada, los discípulos vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz.  

PUES NADA, EL VERDADERO FRUTO PROHIBIDO

También nos cuenta Mateo los remordimientos de Judas Iscariote, que devolvió el dinero de su traición a los fariseos, se ahorcó en el Campo de Aceldama. Y en concreto, de una higuera. De todo esto sacamos varias ideas. La primera es que una mala traducción lo arruina todo y entra algo de miedo pensar qué otros fallos hay en la Biblia que perviertan la verdad. La segunda, que llevamos dos mil años poniendo de hoja perejil a la pobre manzana que no tuvo culpa de nada. Y la tercera y última, que lo más seguro que a lo que se refiere el escritor del Génesis, es a un higo. Un higo, ahora que es tiempo de ellos. Un puñetero higo y no una manzana como el arte y los artistas han difundido. Un higo con la guasa que tiene por su comparación con...


En fin, un higo.

viernes, 26 de julio de 2013

España Nazi

Dijo Adolf Hitler que si hubiera tenido un hijo, le hubiera gustado que fuese él. El “piropeado” era el belga León Degrelle que se la devuelve al tirano diciendo de él: “el hombre más grande de nuestra época”. Tanto cariño mutuo se reflejó en una carrera militar de ascensión estratosférica que culmina con su nombramiento como General de las SS. Y cuando los barcos se van a pique, las ratas salen por las claraboyas más rápido que un ciclista dopado. Y eso hizo el héroe, mover cielo, tierra y documentos para encontrar un país que lo refugiara justo cuando la cosa se había puesto bastante fea. ¡Qué le dieran al hombre más grande de la época y a toda la cruz gamada que salvar el culo era objetivo primordial! Dicho y hecho, Degrelle encuentra asilo en un país con el norte perdido y la moralidad laxa: ESPAÑA.

¡Vergonzoso!

El avión que lo conduce a nuestro país sufre un accidente en la Bahía de San Sebastián y si dicen los científicos que las cucarachas son las únicas capaces de resistir un ataque nuclear, hizo bueno el estudio científico y salió ileso. Y caso le vino bien eso de coquetear con la muerte, porque fue la excusa que el General Franco adujo a la Comunidad Internacional para no entregarlo. Pero por si alguien se le ocurriera molestarlo, desde el Pardo se dieron órdenes precisas de qué hacer con el “honrado General de las SS”, concediéndosele  la nacionalidad española, con su pasaporte expedido al nombre falso de José León Ramírez Reina, buscándole como oficio el de constructor y haciéndolo miembro de Falange Española, eso que algunos siguen diciendo que fue poco menos que un partido por y para todos. ¡Y tanto! ¡Para todos los nazis!

La Carlina en Constantina, Sevilla

Si todo esto fallara, su padrino estaría detrás. Y en España, desde siempre, el que no tiene padrino no se bautiza; así que a él lo “españolizó” en la pila bautismal del franquismo, José Finat y Escrivá de Romaní, embajador de España en Alemania y Director General de Seguridad del Gobierno Español. Y se le buscó un sitio apacible, tranquilo, retirado y saludable para que gozara de la máxima calidad de vida, como merecía una persona que formó parte de la maquinaria más asesina, denigrante e inhumana de la historia de la humanidad. Así que para ensuciar por y para siempre uno de los lugares más bonitos y honorables del Mundo, se le entregó una casa en Constantina, el sevillano pueblo de la Sierra Norte que está a 86 kilómetros de la Tierra de la Giralda. La sacrosanta Sevilla, mancillada...

La bellísima Constantina, la que manchó un nazi

Constantina fue fundada por los celtas. Como quiera que estaba en medio de la ruta entre Sevilla y Portugal, o Híspalis y Lusitana, en época romana fue un asentamiento importante. Luego, las más notorias familias de Castilla sentaron aquí sus señoríos y hoy conserva castillos e iglesias de impronta indiscutible. Es un pueblo de 7.000 habitantes precioso con esta mancha en la historia de la que no es responsable ninguno de sus hijos. Se le dio en premio el Castillo de la Carlina. Y los nobles hijos de Constantina, de repente observan que se instala entre ellos un señor adinerado que debía ser muy, muy importante, porque tenía siempre una dotación policial siempre a la puerta de su casa. Pero a algunos, les escamaría que toda la calle que conduce, en cuesta pronunciada a la Finca de “La Carlina”, se decorara con esvásticas. Claro está que corrían tiempos de hablar poco y callar mucho. Pero en los años 50 del pasado siglo, cuando ya el Mundo sabía que 6 millones de judíos habían sido masacrados de la manera que los nazis lo hicieron y que los campos de exterminio de Europa revelaban la sanguinaria actitud nazi, España permitía que un personaje como este exhibiera sin pudor el símbolo de la muerte. ¡Ojalá algún defensor del Régimen me lo pueda un día explicar!

El modelo a imitar: la Residencia de Himmler

En el pueblo era ya  “Don Juan de La Carlina”, o lo que era lo mismo, Juan Sanchís arrendatario de Manuel Amaya Ávila. La finca se convirtió de repente en la sede del Partido Rexista, homólogo belga del fascismo en Italia, del falangismo en España o los movimientos de Corneliu Zelea Codreanu como la Guardia de Hierro en Rumanía. Para terminar de ensuciar la historia, el movimiento belga tomaba el nombre de “Cristo Rey”, asegurando que comulgaba con el catolicismo. La Carlina era el Castillo Blanco escenario de fiestas imposibles en los años de la posguerra a las que no faltaban los dirigentes de Falange y que exhibía su imponente decoración, que además, imitaba la del Castillo de Welwelsburg, en Westfalia, el santuario del nazismo que había pertenecido a Heinrich Himmler. Por tener, tenía hasta pasadizos subterráneos en caso de necesidad de escape. En las fiestas, el “respetable” don Juan lucía uno de sus mayores tesoros: la Cruz de Hierro.

Años 60 del siglo XX. Ya no podemos excusarnos; el nazismo se procuraba olvidar en Alemania y el resto del Mundo se enteraba bien de lo hecho y perpetrado para que nunca más se produjera algo así. Mientras, en Constantina, la hija de Degrelle se casaba con el hijo del farmacéutico del pueblo en la Iglesia Parroquial, engalanada con banderas con la esvástica. Ese día alguien ofendió al cielo sevillano, uno de los más bonitos del Mundo.  Y mientras, dejaba escrito lo que sigue, que nos hace pensar de lo lindo: “Cuando ellos creían que estaban a punto de ganar la partida, cuando ya las líneas telefónicas de mi propiedad de Constantina la habían cortado los comunistas y todos los perros de la vecindad habían sido envenenados para que no hubiera señal de alerta, cuando mis raptores llegaron a la fase final, ¡catapún!, la policía española se les echó en lo alto. Una última tentativa de secuestro fue perpetrado por barbouzes del general De Gaulle. Los secuestradores del general no tuvieron más suerte que sus predecesores belgas o israelíes... Fueron detenidos por la policía española junto a la misma valla de mi propiedad”.

Porque los servicios secretos judíos y belgas intentaron atraparlo y sacarlo de aquella España que desgraciadamente, tuvo mucha oscuridad y putrefacción. Perdonaríamos hasta la dictadura, pero nos conmocionamos con ese tan católico General Franco que daba asilo a nazis, a asesinos de tal calaña. Esto quedará siempre en nuestra memoria. Pero Degrelle no fue el único, porque 107 altos dirigente nazis vivieron en España a cuerpo de rey, frecuentando el lujoso Madrid de la época, sin dejar de asistir a Chicote, Horche, Lhardy, o el Pasapoga. La mejor documentación al respecto la ofrece el sevillano Andrés Pérez Domínguez, autor de “El silencio de tu nombre”. El gobierno de Franco autorizó que los alemanes expoliaran minas españolas de wolframio, para endurecer misiles. A cambio, España recibió 87.422 kilos de oro en lingotes. Cada uno de ellos, llevaba la cruz gamada grabada en la cara externa del metal preciado. Y a estas alturas no parece extraño que uno de los principales valedores de los nazis escondidos en nuestro país fuera nada menos que el consuegro de Franco, José María Martínez Ortega, padre de Cristóbal Martínez Bordiú.

Estas fotos las conocía Franco, como las conocieron Adolfo Suárez o Felipe González. 
Pero los responsables y los que apoyaron esto, vivieron muy bien en España

Degrelle murió en su verdadera patria, es decir, en España. Pero lo hizo en 1994 y en concreto en su casa de Torremolinos. España fue durante décadas, incluso cuando la democracia se había consolidado, el paraíso climático y el remanso de paz de los mayores asesinos de la historia. Mientras expiraba el belga que fue el hijo que nunca tuvo Hitler, nadie se acordó que sus ideas, produjeron 57 millones de muertos en todo el Mundo. Y que un país neutral como el nuestro, fue la covacha donde las ratas pudieron vivir en sus palacios, como trabajadores honrados, mientras el pueblo aguardaba turno en las colas de racionamiento.


¡Lo dicho! Me río de la crisis de ahora. 

jueves, 25 de julio de 2013

San Jacobo

La gran aventura del Reino de Asturias fue la gran épica del Hijo del Trueno. Con ella, se fraguó poco a poco con la paciencia de 8 siglos una nación que ya existía y que tuvo que reinventarse. ¡De acuerdo! No nos pongamos misteriosos y mucho menos enrevesados. En España, Santiago no es sólo el Patrón de los hijos de bien de esta patria. Es un canto, es una arenga, es un estímulo cuando la cosa se pone fea y hay que sacar de dónde no hay. Pero es una de las rutas culturales más trascendentales e importantes, una de las vías históricas, de los caminos patrimoniales más arraigados y de uno de los medios de comunicación que sirvieron para fraguar la historia y con ella, a Europa.

Y además, en sus diversas variantes que significan lo mismo, bien Santiago, bien Tiago, bien Yago, bien Jacobo... es uno de los platos más arraigados de la cocina española, fácil, nutritivo,  que a muy pocos deja indiferentes y que es tan sumamente español, que pone al descubierto la verdad de nuestra historia. Sí, aunque no se lo crean, los crujientes, dorados, alimenticios y sabrosos “San Jacobos”, que de manera tan ordinaria en Francia son “cordon bleau”, copiando y emulando a su manera a nuestro San Jacobo, en realidad es un plato con moraleja, es una comida con mensaje, es una enseñanza histórica que nutre. ¡Así somos por el sur de Europa!

Nació en las hospederías del Camino de Santiago por su facilidad de ejecución y la consistencia que aporta, tan necesaria en los peregrinos que se las ven con decenas de kilómetros diarios. Pero alcanzó su cenit, su gloria, durante ese periodo de la Contrarreforma española en la que cualquier judío había de salir de nuestras tierras y se sospechaba de todos y de todo, de la verdad de la conversión de un musulmán, de la franqueza a la hora de abrazar la fe católica de un extranjero y hasta de tener apellidos portugueses. Como bien saben, judíos y musulmanes tienen prohibido comer cerdo por prescripción de sus sagrados libros. Así que el San Jacobo se convirtió en un espía, en un delator, en el mecanismo más fácil y más rápido para descubrir a cristianos y a los que no lo eran, para sonsacar sin torturas ni violencia, a los que se habían convertido a la fe de Cristo de veras o sólo en apariencia.

Nuestro San Jacobo se encargaba de cerciorar quién era cristiano viejo y quién un advenedizo, sin necesidad de pruebas de limpieza de sangre, de rebuscar en legajos y archivos y de enfrascarse en engorrosos pleitos. Una capa de jamón, o de carne de cerdo, un casi derretido queso, la cobertura de huevo y pan rallado, el aceite de oliva y el que de veras no era católico, aunque se le hiciera la boca agua (como a mí escribiendo esto) se negaría a probar el manjar creado en honor de Santiago, Patrón de España, Capitán de las tropas cristianas, milagrero en la Batalla de Clavijo, inspirador y animador constante de los Viejos Tercios, protector de los soldados de Flandes y conquistadores indianos y tan español como el que más.


CIERRA ESPAÑA. Y que al igual que un día, “el Hijo del Trueno” blandió su espada contra el infiel, se acuerde ahora que “su Patria” está de capa caída, de no abandonar a los españoles. Hasta tanto, buen día el de su festividad para comer en su honor un San Jacobo, la comida espía que inventaron los españoles para que los peregrinos repusieran fuerzas y se convirtió en nuestra particular máquina de la verdad. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Julio Romero de Torres

"Vividoras del amor" (1906)

María Teresa López González (1914-2003) era ni más ni menos que “Mariquilla”. Y ya está. Una de las primeras musas del pintor, una hija de inmigrantes en Argentina, emigrantes en España, una modelo que empezó pasándose por el taller de su vecino y que con 12 años quedó inmortalizada como “La Fuensanta” y desde entonces, en un buen número de obras del inmortal cordobés. Pero en aquellos años no era fácil que nadie se quisiera desnudar y que las autoridades, incluido las intelectuales, entendieran que el desnudo y el arte son algo tan normal como necesario. Julio se enamoró de Mariquilla y Mariquilla se convirtió, para la sociedad analfabeta de la España de hace un siglo, en una vulgar barragana al servicio de un pintor que no le dio por hacer Inmaculadas y rollizos niños encarnando a media corte celestial.

"Nuestra Señora de Andalucía" (1907)

Porque la desgracia de don Julio Romero de Torres (en vida, porque el arte y la cultura lo terminó poniendo en el sitio que merecía) fue ser un admirador de la mujer, de la de siempre, de la sencilla, de la popular y pobre. Y a esa cordobesa de pelo negro y ojos de azabache, medio romana y medio gitana, se dispuso a lo largo de medio centenar de joyas del arte a encumbrarla y elevarla a pedestales que hasta entonces, estaban reservados a las diosas de Grecia, las heroínas de Roma, las santas del Barroco español y las señoras bien, las de encaje de Bruselas, guardainfantes y diademas de brillantes. Si Goya fue el primero en pintar un desnudo porque sí, Julio el primero en pintar a la mujer de la calle, la vecina, la prima, la hija y hasta la misma madre de cualquiera que lea esto. La mujer, sin más. Y es que no hubo otro enamorado más grande del género femenino que el cordobés, el más progresista de los aristócratas, el más aristócrata de los pobres.

"Musa gitana" (1908)

Fue el mismísimo espejo de Venus en carne y hueso y le parecía delicioso codearse con mujeres de las altas esfera, de la cultura, de la farándula y de la calle, porque con todas compartió amistad y a todas estimó en el mismo grado. Y de ese trato cercano y bueno nació su correspondencia, porque lo idolatraron esas mismas que acabaron en su vida o en sus cuadros: buen patrón con sus modelos. Nunca juzgó, nunca preguntó. A quién debió, la sacó de un oficio “complicado y duro” y jamás dio lugar a maledicencias, aunque las hubiera, por lo que nunca se quedó a solas con una modelo en el estudio. Y a pesar de ello, alguna de esas muchachas acabaron señaladas y estigmatizadas.

"Retablo del amor" (1910)

Todo gira en torno a la mujer en la obra de Julio Romero de Torres. El vientre de la vida, el origen del Mundo... Mujeres castizas, atormentadas, soñadoras y por encima de cualquier otra cosa, mujeres luchadoras. A Julio le gustaba decir que sus modelos eran “como un Cristo-Hembra, que lleva encima el Calvario de los acontecimientos”. Y la mujer se convirtió en Jesús, en un Arcángel y se subió al lienzo para ser adorada. Provocación intencionada, simple licencia, falta de respeto... el caso es que sus obras fueron relegadas, otras consideradas inmorales, otras, perseguidas. Romero de Torres puso a las monjas, a los obispos  y a los santos, a adorar a la mujer. Desnuda y rotunda, cómo no.

"El pecado" (1913)

Su canon de belleza era el más apropiado, el más correcto, el más entendido. Jamás, ni una sola de las protagonistas de sus cuadros acabó pintada si no como se vestía en la época, con el peinado de la Córdoba de la época, o de la clase social imperante. No sucumbió a “disfrazar” a sus mujeres según la moda que se veía en las revistas. Él, pintaba mujeres  libres de ataduras económicas y matrimoniales; otras, mal vistas por la sociedad, las que más, criticadas por sus vecinas, por sus amigas y al fin, las que malvivían de la farándula barata o por qué no, de la prostitución.

"La consagración de la Copla" (1912)

Cuando le llegó el éxito a Julio Romero de Torres, o sea en la etapa final de su vida, adquirió fama internacional, sus cuadros se habían convertido para muchos países en iconos. Muchas mujeres quisieron ser retratadas por “el pintor que mejor pinta a las mujeres” como es el caso de Josephine Baquer, gran diva americana del teatro de variedades que cuando llegó a España dijo a la prensa que había venido para ser retratada por él. Las consagradas actrices del film d`art, las italianas Adela y Mery Carbone, posaron para él. La primera, fue la figura central de "La Consagración de la copla".

"La Gracia" (1915)

Se empeñó la gran Pastora Imperio en quedar inmortalizada por Romero de Torres, y lo consiguió en nada menos que cuatro retratos. Por aquel entonces, era toda una institución Tórtola Valencia, la gran diva española del Music Hall internacional, que no podía quedarse sin pasar por los lienzos de Julio. Y eso le ocurrió a doña Concha Piquer, a la famosísima bailarina española Agustina Otero Iglesias, que triunfaba en Estados Unidos bajo el nombre de La Bella Otero, o  Anita Delgado, esa malagueña que pasó de bailar cuplés a convertirse en Maharaní (Reina) de Kapurthala. Codiciaron a Romero de Torres la actriz Aurora Redondo, la exitosa bailarina Elisa Muñiz, la Amarantina. Esta sevillana fue bautizada por el pintor como la Gioconda de Andalucía. Y se convirtió su rostro en “Encendiendo la mecha” o  "La niña de las saetas". También pasaron por sus pinceles,  Pastora Pavón, “La niña de los peines”, a la que el autor inmortalizó varias veces.

"Las dos sendas" (1915)

Otra habitual fue Carmen de Burgos, la primera corresponsal de guerra, profesora universitaria de Magisterio, adelantada a su tiempo varias décadas, feminista consagrada, pareja de Gómez de la Serna y todo un hito de la España del momento. Bajo el seudónimo de Colombine la inmortalizó el maestro. Como haría con su otra modelo, una bailarina de nombre “La rusa” y en el día a día de la vida, Margarita Goudoum. Ella es la protagonista de "Rivalidad", la mejor modelo posible habida cuenta que era toda una referencia del erotismo y la sensualidad. se puede observar como Julio Romero de Torres estilizó la figura; comparando el retrato fotográfico que refleja su aspecto real, y que se consideraba como una sex-simbol de la época, y el estilizado y moreno aspecto del retrato pintado.

Pero ser modelo de Julio Romero de Torres no era fácil; la moral de la época llenó de estigmas a las jóvenes y no faltaron chascarrillos. Cuando encima Estrellita Castro cantaba la copla escrita por Nicolás Miguel Callejón, todo estaba perdido. Y una jovencita de los años treinta, se desayunaba todos los días al soniquete de sus vecinos, que le cantaban con sorna y mala intención aquello “¡Ay chiquita piconera, mi piconera chiquita!/ Esa carita de cera a mí el sentío me quita/ Te voy pintando y pintando/ al laíto del brasero/ y a la vez me voy quemando/ de lo mucho que te quiero/ Válgame San Rafael/ tener el agua tan cerca y no poderla beber”.

"Arcángel San Rafael" (1925)

Ser la modelo del pintor me amargó la vida”... Esas fueron las palabras de una adorable anciana que le prestó cara y cuerpo a los mil millones de pesetas que se expidieron en billetes de 100 desde 1953 a 1978. “Hasta mi padre me pegó un día al llegar a casa harto ya de tantas murmuraciones y poco menos que acusándome de haberme acostado con él. ¡Pero si yo no hice nada! Al poco tiempo me eché un novio y ni él mismo confiaba en mi virginidad. Estaba tan seguro de que me había acostado con el pintor que me obligó a hacer el amor antes de casarnos para comprobarlo. Cuando vio la sangre se quedó tranquilo. Y tuve tan mala suerte que me quedé embarazada a la primera. Poco después contrajimos matrimonio por lo civil y nació mi niña, a la que llamamos Paquita”.

"Mariquilla con 16 años, antes de ser la Piconera". 

Para colmo, aquella tierna Paquita murió con tres días. Romero de Torres estuvo siempre enamorado de María Teresa y la Chiquita Piconera fue en la calle poco menos que una manceba de un artista descarado. Murió hace 10 años en un asilo de Córdoba, la más sensual de las mujeres que se encaramaron a un lienzo, sin necesidad de salir desnuda, pero con manos de bronce, cargada del erotismo que sólo un pintor de la altura y la capacidad del cordobés, pudo inmortalizarla echada sobre un brasero de picón para calentarse.

Y el arte consagró a don Julio Romero de Torres, el más creativo de su época y quizás el más valiente, el más adelantado, el más alegórico y el más poético. Sin la suerte de locura de Dalí ni la venta política de Picasso. Sin el uso partidista de otros creadores que han acabado en el Olimpo de las Musas pero que no tuvieron ni la mitad de creatividad que el cordobés. Él se perpetuó, pero quizás, esta entrada lo que pretende es homenajear a las mujeres que fueron condenadas por ganarse con moralidad, con ética y con valor, unas pocas pesetas que callaran hambres atrasadas en una España donde si el arte no es religioso o izquierdista, no es arte. Por usted, Chiquita Piconera... Descanse en paz.
La Chiquita piconera, casi 75 años después