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domingo, 31 de marzo de 2013

Domingo de Resurrección 2013


Si después de casi 30 años tenemos que seguir preguntándonos cómo es posible que existan dos hermandades dispuestas a representar y escenificar catequéticamente la Resurrección de Cristo, lo más probable es que aún no hayamos entendido nada. En una ciudad como Granada, con 8 crucificados y 7 nazarenos, de los cuales, cinco interpretan el mismo pasaje y aún con ello, dos también, y refiriéndonos a la crucifixión de Cristo, sólo Expiración y Lanzada salen del pasaje que los otros seis repiten entre sí, no he de haber entendido bien la queja... No he de haberla entendido en tanto nadie se plantea si ha lugar a dos escenas de la Flagelación de Cristo, o a dos escenas de su Cautiverio. ¡No lo habré entendido!

Excelente fotografía de Vicente Romera

Otra cosa es la idoneidad plástica, la fuerza expresiva o la unción devocional. Bien, no digamos entonces que el problema reside en la duplicidad de “escenas”. Pero lo cierto es que al fiel (o al cofrade, que no siempre es lo mismo), le cuesta abrazar la Resurrección con el Misterio central de nuestra fe. En ello tendrá buena cuenta los más de cuatrocientos años en los que la Pasión y Muerte era el principio y fin de nuestra fe. Pero la sabiduría popular ha puesto el resto, en tanto atribuye la normalidad al hecho de que Cristo “regresara de entre los muertos”. A fin de cuentas, Dios puede obrar los milagros que su omnipotencia le otorga. Lo que al fiel le sigue maravillando es que se hiciera hombre y aceptara el peso de la redención sobre su cuerpo y a costa de su escarnio. El fiel termina por asociar a algo nada extraño que Cristo resucitara... Los Evangelios están llenos de milagros y proezas. Pero que se entregara hasta la Muerte le sigue impactando.

Detalle del Señor de la Resurrección, fotografía de Vicente Romera

Con estos espartos las hermandades de Resurrección tendrán difícil la aceptación rotunda que cualquier otra de penitencia vive y disfruta. Poco favorece la actitud de muchos cofrades que en la entrada del último paso del Viernes Santo, dicen adiós. Poco ayuda también que los medios de comunicación se despidan el mismísimo Viernes y poco que nos planteemos, en 2013, tras 28 años en los que hemos sido espectadores de dos hermandades de la Resurrección en la calle, que si ha lugar esta duplicidad. Por San Miguel Arcángel, los vientos soplados por algunos no hacen tanto daño. Por Arabial la situación se convierte en insostenible. A años luz de lo que un día fue y de la idea original.

Los católicos creemos en la Resurrección, porque fundamenta el sentido de nuestra fe. Pero no le otorgamos ningún mérito a que el mismísimo Dios haga lo que ha de hacer. Lo sobrenatural se convierte en ordinario. Por eso, en una tierra donde antes de que naciera el cristianismo ya reverenciaba por encima del resto a sus “diosas”, la Madre de Dios y nuestra, la Santísima Virgen María, cobra especial protagonismo, relevancia rayana en la idolatría, sobreactuación devocional, derroche de amor en pocas palabras. Y a nadie se le escapa, que el día, el último de nuestra Semana Santa, consagrado a dos de nuestras treinta y dos (por si alguien no se ha enterado) es de Ella. De la Virgen del Triunfo. ¡Qué sí! Que Cristo ha Resucitado, que el Concilio Vaticano II, que... Pero si estaba claro, amigo. Si es Dios Mismo, por lo que iba a ser Dios Vivo. De modo que Granada pone a funcionar su inventiva, pare una advocación única y nuestra, la reviste de plata inmaculista, que de eso sabemos como ninguna otra ciudad y la encarama en la verdad más verdadera: la verdad de un paso de palio... Y así termina esto.

Don Manuel Puga Castillo firma y rubrica las fotografías que ilustran esta entrada, convirtiéndose un año más en el fotógrafo de esta Alacena, que contrae con su capacidad artística y su generosidad extrema, una deuda insalvable. 

sábado, 30 de marzo de 2013

Sábado Santo 2013


Lleva Granada más de tres décadas siendo una de las pocas ciudades españolas que sí cuenta con Sábado Santo. Lo tenía Sevilla merced a la cantidad de Hermandades que procesionan en su Semana Santa, y nosotros nos sumamos a ello tras la reforma conciliar que entendió esta jornada, no como el “Sábado de Gloria” de antaño, sino como la víspera de la Resurrección, considerándola acertadamente como un día más luctuoso por la Pasión y Muerte de Cristo. Así las cosas, inauguramos en 1976, camino ya de los 40 años, un día en el que debe haber hermandades, posibilitando a los cofrades otra jornada más que complete, sume y aúne esfuerzos devocionales y catequéticos en las calles. El debate puede estribar en torno a la idoneidad de la Hermandad que procesiona, que en efecto, tal vez (y es una opinión personal y muy mía) habría de permutar su día procesional con el Entierro, a cuentas de que no se descabalgue la tónica de cinco hermandades diarias que tiene Granada y pasando al Viernes, deje el Sábado para la “oficial”, permitiendo que todas las demás, como estipula el sentido común, formen parte de sus tramos. ¡Todo puede llegar!

Hasta tanto, el Sábado es para la Virgen de las Angustias Coronada, la que en los Reales Sitios de la Alhambra, tiene perenne y exultante Altar. Estamos ante una de esas Hermandades que subyuga desde su cruz de guía a las maniguetas de la trasera de su paso. El patrimonio, elegante, rico y meritorio demuestran su antigüedad, criterio y sobranza. Ha de fijarse el cofrade en los fabulosos bordados, destacándose de la pléyade exuberante de insignias, el guión y el simpecado, provechosas piezas de la mano de la insigne Trinidad Morcillo que las concluyera camino ya de las seis décadas atrás.

Se arremolinará el curioso sobre las andas, capitales piezas de orfebrería, plata fantasiosa en las que 82 años las han tamizado y convertido en referentes del arte cofrade local. Si a eso sumamos que se convierten en las únicas muestras de arte nazarí que procesionan en toda España (vamos, en todo el Mundo), la excusa para detenerse en sus 1728 piezas encajadas a cincel ya es más que suficiente para recomendar el paseo. Pero a las posibilidades plásticas que ofrece la Hermandad, de las que no podemos dejar de seducirnos por la corona que le sirviera en el año 2000 para ungirse canónicamente (pieza que un día habrá que restañar al lugar artístico que se merece), el riquísimo sudario pendiente y oscilante de la cruz, quizás la última obra de las encajeras de ese Albaicín que se nos fue, o las varas y astas de enseres, sin descuidar por supuesto la más elegante y altiva vestimenta para los hermanos de luz de cuantos cuenta Granada, al amante de la fotografía le faltará el resuello para disparar su cámara sobre la vasta y prolija exposición estética que ofrece la Hermandad.

Pero no se engañen... A fin de cuentas, ni las originales andas, ni el nutrido acolitado, ni una estética tan peculiar que se deja seducir por el arte nazarí, ni, si me apuran, toda la personalidad paisajística concentrada en el paso de una Hermandad por los recintos del Monumento más visitado de España y uno de los más demandados en el Mundo (las fachadas del mejor palacio renacentista español, el del Emperador Carlos, las puertas con siete siglos de recodo que atraviesa, los arcos de triunfo renacentistas levantados para gloria de los Austria hispanos, las alamedas y bosques románticos de los Reales Sitios...) hacen sombra y restan un ápice de protagonismo, a los sacrosantos protagonistas de la jornada. Porque el cofrade avezado y el foráneo, tendrán la oportunidad de hallarse ante nada menos que el conjunto iconográfico de la Piedad más valioso de Andalucía, si cabe de los más destacados de la historia del arte en tanto a imaginería se refiere. Ambas obras, Señor y Madre, ejecutados hacia 1750 por Torcuato Ruiz del Peral, el último escultor barroco español, de talla completa y tamaño natural, vienen envueltas en un halo estético, en una impronta irrepetible, con una fortaleza plástica incontestable y con una carga emocional difícil de emular.

La Virgen de las Angustias, porque no podía llevar encima otro nombre, sostiene de verdad el cuerpo inerme de su Hijo. Se resbala del regazo materno, en una forzada y recurrente torsión que el tormento en cruz y el “rigor mortis” le provocara. Una mano sobre otra polariza las atenciones. Ni con toda una catalogación reflexiva y pormenorizada podríamos llegar a describir a ciencia cierta la magnificencia del conjunto devocional venido desde los Reales Sitios de la Alhambra y que ponen fin a las jornadas de Pasión y Muerte que los cofrades de Granada escenifican con fines catequéticos.

Sí, es sólo una Hermandad la de este día... pero qué Hermandad. E insisto que para el bien de la Semana Santa, buscaría su ubicación en el Viernes Santo, pasando a este día la del Santo Entierro. Saber que en el mismo instante en que se hubo de producir el santo depósito del cuerpo sin Vida del Redentor en los brazos de María, en Granada tuviéramos tal magnitud artística y emocional en la calle, sería la redondez plena y catequética. Porque miren si es especialmente único esto que les contamos, desde cruz de guía a maniguetas de las andas, desde las túnicas que visten sus hermanos de luz a los entornos por donde transita, de los rostros a los más pequeños pliegues del bendecido grupo de la Piedad que tenemos ante nosotros, que en 1928, llevó Federico García Lorca, hermano de esta Cofradía, su Cruz de Guía.

Una vez más, la generosidad y categoría profesional de Manuel Puga Castillo hacen posible la ilustración fotográfica de esta entrada. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Viernes Santo 2013


Nos gusta decir en Granada que entre tanto paso, capirote, vaharada de incienso y cortejo, seguimos guardando un recodo, un instante, un momento para la devoción más íntima y pura, lejos, muy lejos de la alharaca festiva y folclórica que cada vez con mayor exceso es tónica habitual de las Cofradías de la mitad sur de España. Y ese momento se concita en la nonagenaria tradición de las 3 de la tarde, en la Plaza regia del Campo del Príncipe y, una vez más, en el Realejo. Ante el Señor de los Favores, un monumento pétreo de 1682 construido y constituido a tal fin por la piedad espontánea del pueblo, hermandades, fieles, feligreses, poderes civiles, Arzobispo y miles de miles de personas se dan cita para la oración lúgubre y ferviente, atenta y ensimismada que recuerda la hora precisa a la que murió Cristo. Ver tal concentración de personas y con tanto respeto no ha de perderse bajo ningún concepto; el espectáculo es digno de sentir y de oír, de vivirlo. El hecho religioso recuerda a pasados tiempos y nos permite hablar de las cinco hermandades y 10 pasos del día, que en cuanto la muestra más devota de la ciudad en Semana Santa haya concluido, tomarán las calles.

El que fue barrio añejo y hoy modernizado a base de piqueta y edificios de 10 y 11 alturas sigue volviéndose en barrio de siempre, en enclave centenario como cuando servía para la entrada de los “reales cadáveres” y por el llegaban rumbo a la Catedral-Capilla Real los mortales restos de emperatrices y príncipes. San Lázaro estaba mucho antes que se inventara el tren, pero allí llegó a finales del siglo XIX y mediando la siguiente centuria, los empleados de lo ferroviario crearon una Hermandad que se ha reinventado, reconstruido y afirmado en un Viernes Santo de solera y de tradición. El Señor de la Buena Muerte nos recuerda la advocación jesuítica y en su paso adusto, reconvertido y mejorado, sigue latente la obra artística de la Granada barroca pero sobria.

Pero el enclave urbano “Pajaritos-San Lázaro” tiene un icono devocional que no ofrece dudas. Es la dolorosa dieciochesca, seguro que cercana a Torcuato Ruíz del Peral, el último escultor barroco español y además la imagen para la que se han puesto a funcionar la juventud más capaz de esta ciudad, con Álvaro Abril en el diseño y flor, Jesús Arco en el bordado y Paco Garví en la vestimenta. Estos nombres apabullan, capaces cada uno en lo suyo, de testificar la progresión sin freno que Granada ha adquirido en tan pocos años. Veremos, Dios quiera que no tardemos mucho, una originalidad sin parangón en el palio, mezcla de talla, cristal, orfebrería y bordado, con detalles de la taracea milenaria granadina; se ajustará la vestimenta de la Virgen al día, la jornada luctuosa y la clarividencia de su artífice. Y sobrarán palabras que describan la grandiosa técnica del bordado de uno de sus hijos. Lástima de cuadrilla costalera que no se remoza a la altura de todo lo dicho. Y estén ATENTOS a la flor, siempre original pero ajustada al canon.

De allí regresamos al Realejo... Siempre a la vieja judería, siempre algo que encontrar de nuevas en el crucificado soberbio y manierista de los Favores, ese Cristo único con las formas y los patrones del inconmensurable Pablo de Rojas, sobre el paso medido y preciso de altos candelabros y con una imaginería valerosa en su programa iconográfico. El prestigio de la que pasa por ser la mejor agrupación musical, la Pasión de Linares, pone algo, si es que faltaba, a tamaña estética.

Y la que nunca necesitó corona que la avalara como Reina de su pedanía, y de su barrio, y de su Parroquia, y de cuanto domina desde la atalaya patronal de San Cecilio. La Virgen de la Misericordia es fiel a unos mismos presupuestos estéticos que Pedro Bazán impulsa. Fiel a un manto con más de 60 años, a unos respiraderos soberbios de los plateros granadinos y al contrapunto del día, con el lápiz dispuesto a subrayar la personalidad de barrio que cobra esta Hermandad. Amplio cortejo, buenas insignias, mucho calor de regreso, mucha devoción contenida en las siete horas de camino... Es el Viernes Santo según Favores y Misericordia.

Sin colación identificada porque San José de Calasanz, el antiguo Monasterio de los Basilios, es como la aduana que fiscaliza la estética granadina, la frontera por donde se da paso a lo moderno a lo antiguo, la rivalidad de chapiteles con los patronales, el arancel entre ríos. Así es la Hermandad Escolapia también, de Viernes Santo, de centro y de un rigor templado que descansa en la soberbia categoría de sus Imágenes Titulares. El Crucificado expira en la que puede ser la mejor obra del mejor escultor de todo el sudeste español del siglo XX. Ahí es nada. Coge color de oro su paso, poco a poco y sobresale el más grande y más rotundo de los crucifijos que se elevan por Granada.

La Virgen del Mayor Dolor sigue hiriendo a los hermanos de otras ciudades, que presumen de Ella por haber salido de sus talleres pero que envidian su hazaña del año 2000, cuando fue bendecida personalmente por un Papa, que oficiaba Pontifical en la Basílica de San Pedro bajo su paso de palio. La Virgen que sabe de calles romanas y que puede presumir de haber estado en tres países distintos bajo su palio negro bordado, lleva además el mejor manto de la ciudad, no nos cabe duda, camino de sus 70 años de historia, en el palio de varales de plata y con el acierto y buen gusto de un equipo prioste que rezuma compromiso y claras ideas. La Virgen la viste Paco Garví, la envuelven los bordados monjiles, las manos cofrades y el gusto medido, comedido y conjuntado. Todo responde a la mesura y la elegancia que propicia el día: flor, marchas, vestimenta, andar costalero. La Virgen del Mayor Dolor, rebasa sobradamente la sensación de acierto.

Quedan dos hermandades, las más antiguas, las más históricas, las que nunca desaparecieron y las que a pesar de las guerras, los gobiernos y los tiempos convulsos, hicieron que la Semana Santa de Granada siguiera viva. La de la Urna es de 1615; carey y plata del ensamblador granadino Valdés de 1670; Señor barroco. Quietud. Procesión oficial y necesidad de que pase al Sábado Santo, cierre todo y protagonice un nuevo resurgir que la saque de esta situación lánguida que nos incomoda a tantos.

Ella. La Virgen servita, ahora del Calvario. José de Mora y el año 1671- Insuperable. El verdadero sabor de lo antiguo, de la calidad, del mérito. Me hace gracia ver cómo algunas hermandades de otras ciudades representan  la soledad de la Virgen al pie de la cruz en un discurso que no es creíble. Y llega Ella, Calvario bendito del arte, Soledad perfecta de la estética, sobre un paso pobre, sobre una cuadrilla esquilmada en una Hermandad retraída y es capaz de escenificar, representar y ofrecer lo que tuvo que ser ese instante. Como no lo hace nadie. Como no puede presumir ninguna otra ciudad. Paradigmas de la vida, diría yo que casi contradicciones de la vida. Austeridad casi rayana en lo pobre pero sin embargo, no hay nada que no pueda vencer esta Virgen de talla completa, que debería ser auspiciada como octava maravilla.

Cierra el día la más antigua, la primitiva de nuestras corporaciones de penitencia, desde uno de los monumentos renacentistas más inigualables de la historia del arte y con una carga histórica y estética reconocible y rayana en el éxtasis. Viene la Hermandad de la teatralidad, de los recursos del barroco que el día que se pierdan, habrá muerto parte de la historia y de la misma identidad granadina. Viene un paso viviente, los tétricos y fantasmagóricos personajes de las chías, el Señor, a caballo entre su Descendimiento y Traslado al Sepulcro y la guardia romana.

Pero la que viene es la mejor de las nacidas. Es la más auténtica y vívida imagen de María en el llanto de la escuela granadina. Bordados de 1880 para su saya y manto, corona de 1887 sobre sus sienes, la factura de Pedro de Mena y las policromías de cristal y nácar en sus mejillas. Rigor en la fabulosa vestimenta de Paco Garví. ¿Qué importa el paso, qué la cuadrilla, qué las marchas, cuando es la Soledad, la indiscutible aristocracia hecha entera dolorosa, la que sale a la calle? No hay mejor escena mariana luctuosa ni Virgen más regia sobre unas andas. No al menos en Granada, me cuesta pensar que en otros sitios, y uno conoce unos pocos. Así concluye el Viernes Santo. Rendidos ante la belleza arrebatadora de la Virgen Jerónima.

Fotografías de Manuel Puga Castillo, al que no podré pagar su contribución generosa. 

jueves, 28 de marzo de 2013

Jueves Santo 2013


Albaicín. El Barrio único, el barrio mil veces citado y otras tantas llevado a la poesía. El patrimonio de todos y hoy más que nunca, abierto de par en par para que cuatro de las cinco hermandades del día hagan cierto aquello de “la pena de ser ciego en Granada”. ¿Quién no se sugestionaría viendo un paso de palio recortado en los fondos blancos e impolutos de un caserío cuatro, cinco, seis veces centenario? ¿Quién no caería rendido cuando Dios mismo viaja ante el conjunto de palacios más admirables del Medievo universal? ¿Quién no quedaría vencido ante el imposible de los pasos que pasan y no caben por el dédalo de calles tortuosas, laberínticas, empinadas y recoletas en donde se tejen las leyendas de un universo que está cumpliendo ahora, mil años? Ese es el Jueves Santo granadino, ni mejor ni peor, ni más glorioso ni menos, el de cuatro hermandades albaicineras diseminadas e inundando desde los techos urbanos la ciudad baja. ¡Y el Zaidín!



Fotografía del Blog Los redentoristas

Es de locos entablar competencia entre quien disfruta de campanarios mudéjares y puertas renacentistas, jabalcones y piedras centenarias y ha de vérselas con la juventud insultante de la ciudad más funcional. Por eso por Salesianos, lo mejor es poner la pintura y precisar del marco. Porque el segundo es incomparable pero el primero es mejorable. Hay un diseñador, un escultor-imaginero en Granada que de manera autodidacta y firme, creyó en el arte y lo centró en el universo cofrade. De Alberto Fernández Barrilao llega este 2013 la originalidad aplastante de los cuatro caballos del Apocalipsis para ir configurando pausadamente el “trono” donde reine la Redención de Cristo. Y no nos puede faltar por las calles de la modernidad este año.

En 2011 fue un amago. Escueto, sucinto, con sabor a poco. En 2011, va para tres salidas, el tiempo se alió en parte, muy poca, con la excelente labor de cuantos ampararon a Rafael Fandila en los deseos de cambiar y a mejor la manera de andar del palio de la Virgen con el nombre más aclamado y necesitado. Y la Salud nos regaló con la brevedad de los empeños del tiempo, unos minutos soberbios donde creímos firmemente que desde Salesianos se iba a desbancar el buen andar costalero de los palios históricos. En 2012 nada. ¡Bueno, sí! La excelencia de la vestimenta de Israel Cornejo, con probabilidad la mejor del año. Por eso en 2013, tres años seguidos sería el varapalo mayor, hay que estar pendientes de la experiencia solvente y seguro que adquirida de Salesianos. A la vuelta de unos años, los de San Juan Bosco habrán hecho posible milagros que ni nos atrevimos a soñar.

Vamos para allá. Al universo donde Pagés es una calle que conduce a la más corta y bonita, en donde pasé entradas de ensueño rozando las cinco de la madrugada. En sus placetas viví la historia de la Banda más antigua de Granada y en los muros salpicados de macabrillas y losas fúnebres musulmanas, puse cariño a esta Estrella que es más que una Hermandad. Por Larga de San Cristóbal nos viene el primer Nazareno de la ciudad que combinó al revés que todos, túnica y tono de la alfombra de flor. Y con vestimentas cardenalicias sobre lecho de lirios, Pasión aguarda mejores momentos que le completen el ansiado paso, del que ya vemos algo más. Mientras, será la labor costalera que recordamos con la vaguedad de los tres años de impedimento del tiempo la que nos atenace, porque quiere y puede la “decana de la música cofrade”, los hermanos de la Estrella.

Cerrará un cortejo mariano la que remoza piezas de su patrimonio y con el sabor de un cortejo bien ordenado, en franco crecimiento y empeñado en resucitar la parte menos poblada del barrio, le da nombre a todo. Suerte, Estrella, en tan largo caminar.

Bajamos; porque en el Albaicín, o se sube, o se baja. Y lo hacemos deteniéndonos en los entornos del que fue palacio del primer rey de Granada, sobre el foro romano de Iliberis, junto al Palacio de la sultana de los granadinos y por calles de clausuras y espadañas. En el flamante Santuario de Nuestra Señora de la Aurora Coronada el Paso de Misterio de la Flagelación atenaza. Se recuperó la extinta peana de carrete olvidada, se obró el milagro de la originalidad del diseño, lejos del adocenamiento, se compuso un conjunto capaz de entablar relación con el potentísimo Cristo que el genio Diego de Siloe  hiciera y se conjugó todo con una Banda como la del Despojado y un trabajo valeroso que demuestra la capacidad del costalero que trabaja a hombros.

Y la Aurora. Querida, gritada, admirada y canónicamente coronada. La Aurora es una de esas dolorosas envueltas en un halo de misterio, que se encaraman a zonas poco accesibles y cada vez menos pobladas y sigue sosteniendo la tradición y la devoción. Se coronó, sí. Se estrenaron sayas, tocas, bordados de enseres, se aunó todo al palio de firmas rimbombantes... pero este año se estrena lo que más veces habrá que tener en cuenta y más repetirse y darle las gracias a sus hermanos: la restauración de un Templo que se caía, con sus casi 500 años a las espaldas. La Iglesia lo vuelve a ser, late gracias a la Cofradía y vive porque mil sacrificios y esfuerzos de los de la Aurora lo han hecho posible. ¿Qué más dará este año cualquier cosa que se ponga de manifiesto el Jueves Santo más que este regalo sin parangón para la historia y el patrimonio de Granada? No tendremos con qué pagároslo, hermanos.

Entre lo torero y lo monástico, Jesús del Amor pone medio pie en la zona baja del barrio. Nada más salir, a vencer angosturas, por las que prosigue, por las que avanza hasta salir devolviendo severidad y austeridad a la calle más bonita del Mundo, la Carrera del Darro. Más pasos, más avances en su canastilla y respiradero. Imaginería que se combina con platas y caobas y sigue naciendo unas andas que estén a la altura de la rotunda potencia de los faroles de las esquinas.

Y Ella. Azul y plata. La que convive con la Hermandad de la Inmaculada más antigua del Mundo. La que presenta la verdadera contemporaneidad en su rostro, la que es la pieza de imaginería del siglo XX auténtica. Se llama Concepción, pero preguntar así en Granada por Ella es pérdida de tiempo. Simplemente es Concha, como el castizo apelativo, con cariño, con amor filial, con el puro, popular y oriundo trato que se le dispensa. La Concha cambió de vestidor y recuperamos su impronta. Vivió una intervención que le retirara los daños del tiempo y redescubrimos su originalidad. Y no puede tener gente más cariñosa ni más torera que ella. La Hermandad de los diestros y de los saeteros, esto último disputado con la del Nazareno.

Se nos va el día. Se ha hecho hasta la madrugada, que no es poco decir. Doce en punto y chirrían los goznes de San Pedro. La estampa eriza el vello del menos crédulo. La Alhambra en lontananza, un silencio que hiere, la compostura impávida de hermanos de luz y de penitentes, el reloj de la Torre de la Vela, las campanas del mecanismo de Chancillería, la calle más bonita del Mundo, la taracea de una cruz, la oscuridad ingrávida que rompen cuatro hachones... y el Señor. Dicen de esta Imagen que es la obra cumbre del crucificado barroco español. Con 336 años y como la pieza capital del imaginero capital don José de Mora, bien lo puede ser. Es un cadáver de marfil, de muerte serena, sobre escabel de taracea. Es un Dios hecho hombre, un Hombre sublimado. Es simplemente el Señor del Silencio, el Cristo de la Misericordia, la Hermandad del negro y el mutismo. 

Como siempre, de quién mejor, las fotografías son de Manuel Puga Castillo

miércoles, 27 de marzo de 2013

Miércoles Santo 2013


Cuando se haga el día, a la Semana Santa de Granada le sobrevendrá justo, la mitad de sus hermandades, de sus jornadas y la sensación de principio del fin, aunque hay quiénes señalen éste en el mismo instante en que se nos venga encima la cruz de guía de la Entrada en Jerusalén. Fue el Miércoles Santo durante años, el día por excelencia de Granada, en tanto la estética, patrimonio, grado de implicación y número de sus cortejos, no tuvieron rival. Hoy, el Domingo de Ramos se lo disputa aunque sus cinco hermandades y nueve pasos siguen siendo excusas inapelables para tener a la 4ª jornada de nuestros días grandes, muy en cuenta.

No sabemos dónde está el secreto para que tras el varapalo mayor que recuerden los tiempos, una Hermandad como la de los Estudiantes haya sido capaz de alcanzar a la vuelta de menos de 8 años tal empaque en la calle. Es una de estas Cofradías que presenta una dualidad de carácter como en su día fueron las de Nazareno y Despojado, entre la severidad de San Agustín y Silencio y la festiva (pero piadosa) algarabía de una Hermandad de Barrio y como demuestra esta ciudad, es la línea que más gusta. Lleva años, a pesar de su juventud presentando uno de los cortejos más grandes y prolijos. ¡Misterios de esta tierra!, hunde sus raíces en el siglo XVI, se reformó para los universitarios granadinos en 1979 pero nació de buenas y de nuevas en 2005. El caso es que a nadie dejará indiferente que nos traigan el mayor estreno del año en forma de 4 imágenes secundarias que recreen el momento previo a la crucifixión de Cristo. Sois ejemplo de tesón, paciencia, constancia y de que todo puede hacerse si se tienen ganas.

Y aguardamos, vaya si lo hacemos, a que estés pronto entre nosotros. Quizás a la vuelta de unos años. La Madre de los Estudiantes de Granada es ya una de las Titulares Marianas, quizás porque aún no procesiona, quizás por su delicadeza intimista, quizás por lo bien vestida que nos la presenta su autor, más anheladas.

Corremos al corazón, al centro, a las arterias milenarias rodeadas de imponentes fachadas del siglo XVI, caracteres imperiales y balconadas del barroco. San Matías es barrio embebido por el Realejo, y es centro porque vomita sus calles hacia las más neurálgicas entrañas de Granada y es escalinata delante de la fachada que se hizo por empeño del Emperador Carlos y es un Cristo que es el mismísimo motivo, suficiente, para acudir a Granada. Puede ser de entre 1575 a 1585, puede ser una de las obras más colosales nada menos que del padre de la imaginería procesional andaluza (de toda) y lo que es seguro, es la Imagen del Azotado, con la espalda más excelente, rotunda y grávida que exista. Por supuesto que le demandamos un paso a su altura, por supuesto que soñamos con una peana de carrete (tan granadina, donde tuvo la cuna), o con una orfebrería imposible... Pero nos basta con verlo, con mirarlo, con detenernos en la conmovedora y paciente mirada en eterno contraste con la fortaleza muscular de su espalda ofrecida para que tenga sentido la Hermandad y hasta el mismo día.

La Virgen de las Penas constituyó un singular conjunto en su día. La mortecina indolencia de la ciudad la postergó y hace una década se empeñó en crear unas andas a su altura, a las de la ciudad y a las del día. ¡Sea! Lleva la más ostentosa (por grande) de las coronas de realeza marianas de la Semana y la eucaristía en cada detalle. Queda camino, pero se anda con pie derecho.

Y Jesús Nazareno. Traer de vuelta una Hermandad de 1580 a 1980 fue lo más acertado que pudo soñar un cofrade hace tres décadas. Luego, llegaron sus sobrecogedores Altares de Cultos, su patrimonio en progreso, su línea marcada porque estaba meditada y su reconversión a hermandad de todos los días. Así es como veremos a los carmelitanos, sobre las andas que en aquel 1994 fueron un antes y un después y así como soñaremos con la gallarda postura de un Nazareno silente y fuerte como lo concibiera el autor.

Mas en el palio de la Merced residió durante años las medidas, proporciones, acabados y la marca “completo”. Hoy aguarda el último empuje para trasladar todo eso a calidades inmensas, aunque con la fidelidad de su inicio: líneas rupturistas dentro de lo clásico y todo muy medido y más que bien hecho; pioneros en el uso de la orquídea (y en saber ponerla bien), en la candelería alta y espigada, en la vestimenta recoleta y precisa y la estética que añorábamos con los ojos puestos en otra ciudad, la Merced se hace acompañar desde hace unos años con la que (a riesgo de enfado de otros amigos músicos) es la mejor banda de música para ubicar tras los palios de toda la provincia de Granada, ¡y ahí lo dejo por no pecar de optimista! Da igual, no se puede escoger mejor el repertorio ni interpretarlo con más acierto. El gusto musical detrás de Merced es ya un motivo poderoso para no perderse a la Hermandad que recorta sus pasos ante fachadas góticas, postigos y arcos del arte nazarí con 600 años de antigüedad y todo bajo la imprimada mezcolanza de lo severo “ma non tropo”.

Lujo, fantasía, poder, calidad, derroche, exacerbación... ¿Cuántos sinónimos podríamos usar para definir a la Hermandad del Rosario? Es imposible que nos quepan más definiciones en la que presenta el cortejo más grande, el patrimonio más extenso y la popularidad más arrollante en los últimos años. Los del Rosario primero pusieron sus ojos en el Señor de las Tres Caídas, quizás el Cristo en su iconografía más antiguo de cuantos procesionan en Andalucía. Luego compusieron su paso; la cuadrilla de costaleros adoptó una forma de caminar que goza de inmenso apoyo y calor popular y todo el conjunto recibe los vítores más sonados de la ciudad.

Pero yo me sigo quedando con su paso de palio, que a fuerza de incrementar el patrimonio, contar con vestidores capacitados, trabajar con firmeza los aspectos costaleros y aunar todo en torno a la Dolorosa dominica, ha terminado por convertirse en un referente, en un estímulo para otros y un éxtasis del buen gusto para casi todos.

Y al fin, la Hermandad de los Gitanos. Sólo podemos definirla como la más popular fuera de nuestra ciudad, por la peculiaridad de su recorrido y los instantes heterodoxos que vive en el barrio más gitano por donde pueda transitar una hermandad andaluza; toda su orfebrería guiña a sus hermanos de etnia calé, con el cobre como material para definirse. Su nómina se carga de gitanos, por encima de otras homónimas. Sigue manteniendo en la verdad a medias que la Saeta de Machado fue escrita para él y procesiona un crucificado que con 324 años es el único con cuatro clavos de la ciudad.

El Palio ha de responder a la exuberancia que piden sus fieles y sus costaleros. Son dos hermandades en una, puesto que transita penitente y devotamente por Granada hasta la frontera con el barrio más alejado y distante, en cuesta y pendiente, que pasa a ser entonces una romería entregada al pueblo, que la vive (imaginamos con fe) a su manera peculiar y particular. Contrastes, de nuevo contrastes en Granada, para cuando la más popular fuera de nuestras fronteras, no lo es tanto entre los suyos, siempre esperando cambios y transformaciones. 

martes, 26 de marzo de 2013

Martes Santo 2013


La tercera jornada cofrade granadina es la menos intensa, en tanto mientras las demás se conforman por cinco hermandades cada día, ésta lo hace con 4 (¿habrá quién se anime cuando lo requiera y merezca la circunstancia?) con el Albaicín, Realejo, Zaidín y Centro como protagonistas. Las hay que nacieron el barroco, como la del Santo Vía Crucis y que en el siglo XVIII cimentaron la devoción a sus titulares como la Esperanza (1718); las que desde esos tiempos venían a rezarle al Cristo de la Humildad y las que se constituyeron hace ahora 30 años como la Lanzada. Contrastes propios del día, que convida a escenas regias como las del urbanismo albaicinero para recortar los pasos de la Amargura o Reyes, juderías y empedrados para una Coronación de Espinas y la sublime categoría del manierismo en la Real Chancillería o del renacimiento a la italiana en pilares y portadas para que la Virgen de la Esperanza, llore envuelta en verde. Y modernidad y funcionalidad al paso de la Lanzada.

Es con esta Hermandad con la que abrimos el día, en la oferta más contemporánea de la que es capaz nuestra Semana Santa. Se cuela el siglo XXI en la arquitectura del Parque de las Ciencias, asomado a su salida, la misma que se produce al abrigo de una carpa y no bajo las cubiertas de una Iglesia, siendo ya la única hermandad de nuestra ciudad obligada a un espectáculo tan poco estético y tan poco seguro para el patrimonio, que conjuga a partes iguales su culpabilidad, entre la poca sensibilidad de quién compete y lo mal que se han ganado (o no) sus hermanos esta posibilidad. Es difícil creer que tras 30 años, 5 párrocos y todo tipo de causas, no se haya conseguido derribar la más ínfima y minusvalorada portada de las Iglesias granadinas. Muchos a quién señalar y un soberbio crucificado que no merece los riesgos de la intemperie.

Caridad aguarda que los fabulosos e imponentes diseños de Álvaro Abril cristalicen en un conjunto a la altura de una imagen bendecida, pero de esta ciudad también. Por el momento es el más exiguo de nuestros conjuntos, aunque hayamos de alegrarnos que al menos, su nueva tonalidad, conjunte mejor que el negro del pasado. Yo sí confío en las muchas y buenas personas que componen esta Hermandad y que sabrán remar hasta la orilla conveniente. ¡Ánimo!

Y ¿cómo explicarle al visitante que una Hermandad sacada de los almacenes de la memoria, de los museos de los sentimientos, de los gustos del pasado, se va a ir recortando además en el patrimonio más señero y elegante de una ciudad que presume de mantener en pie piezas artísticas que están cumpliendo 1.000 años? Pues como las maravillas del arte y del gusto sólo se pueden explicar con imágenes, lo mejor es enfrentarse al paso romántico y embebido, organizado y comedido del Señor de la Amargura, que a nadie le cabe duda, es de lejos el mejor nazareno que procesiona en Granada.

Vendrá la Hermandad a colarse del Albaicín al Centro, con una Junta de Gobierno empeñada en hacer las cosas bien. Meditando en sus fabulosos Altares de Cultos, el regreso y la recuperación de una personalidad que le va como anillo al dedo, que podríamos colocarle los adjetivos de señera, romántica, decimonónica o tal vez clásica; pero que se resume castizamente como la Cofradía de lo añejo, de lo comedido y desbordante. La Virgen de los Reyes, una muy meritoria y soberbia Imagen de hacia 1770 ejemplifica a la perfección lo que venimos a decir. Pocos son los palios de cajón que nos quedan (3 con este) y el de San Juan de los Reyes además desborda mimetismo y austeridad sin riñas con el decoro, debiendo estar muy atentos a la particularísima vestimenta que le practica a la Señora de San Juan Enrique García, en conjunción con los elementos del palio y qué decir tiene, la colocación de la candelería con sorpresa este año, además de la flor austera y comedida de otros precedentes. ¡El regreso de lo clásico!

Y de este estilo al triunfal, popular y envuelto en la fiesta de fe que proponen desde Santa Ana. Todo se vuelve hacia Ella, incontestable, inigualable, imposible de calificar. Pero los hermanos no descuidan al Señor del Gran Poder, al que muchos quieren ver en un nuevo paso, pero que el actual ni es indecoroso ni lastimero, una orfebrería con 35 años a su espalda ajustada a las medidas de una puerta cinco veces centenaria. Y desde Santa Ana se viene obrando el milagro de una música poderosa (la de los sus hermanos en la Banda de Cornetas) y una cuadrilla remozada y con otro aire, con otra forma, al mando de José Manuel Rodríguez Quesada.

Pero la realidad se impone, se hace imposible ocultar la verdad: llega Ella, que es lo más parecido al resumen de la belleza, lo sublime y lo altivo. La Virgen de la Esperanza puede ser una de las mejores dolorosas, artísticamente hablando, de toda la Semana Santa andaluza. A punto de cumplir 300, no ha dejado de procesionar nunca en la Semana Santa granadina, siendo junto a la Soledad de San Jerónimo las imágenes con mayor presencia devocional en las calles. Posee el mejor techo de palio de Granada, bordado por la granadina Trinidad Morcillo. Sus varales, al juego de los bordados. Todo es una simbiosis cuidada entre la popularidad de una hermandad de barrio con el rigor aclimatado de una hermandad de centro. Decir Esperanza es decir “todo en su justa medida”. Alegría contenida, júbilo prudente, alborozo mesurado. Se escogen marchas, colocación de la candelería, andar de la cuadrilla, tipo de flor... Todo para el paso de palio que mejor anda en Granada, con la dolorosa que a juicio de los historiadores del arte de siempre, es la más “bella de la escuela granadina”.

Y al fin, la decana del barrio del Realejo, la madre y maestra de la historia del enclave urbano granadino más cofrade y la que con más afabilidad, amabilidad y cariño recibe la ciudad venida desde Santo Domingo. La Coronación de Espinas en Granada tiene el nombre propio, castizo y orihundo de “La Cañilla”. La depuración artística que viene sufriendo desde hace una década nos ha devuelto un paso de misterio impecable, quizás el más proporcionado de la ciudad, con permiso del Huerto. El Señor es una de esas referencias históricas inapelables, puesto que el fiel se planta ante el Cristo de sus padres, de sus abuelos, de sus... La Humildad concita la atención de una Cofradía de Martes, que se echará a la calle en dos ocasiones más y ha conseguido que todos nos identifiquemos con ella.

Y tras el Misterio, Granada no podía dejar de ser fiel a su sobrenombre de “ciudad de contrastes”. Nadie esperaría que una misma Corporación ofrezca una Coronación de Espinas seguida por la Soledad de María, al pie de una cruz desnuda. En la talla mariana podemos descubrir la única aportación del neoclasicismo a nuestra Semana Santa, unido a todas las enseñanzas estéticas y faciales de la imaginería granadina. Despierta cariño y es pieza clave de cada Viernes Santo. ¿Y si la Hermandad un día rescatara de alguna clausura una dolorosa a la altura de ese Señor de la Humildad para regalarnos el palio que seguro sabría hacer con calma y templanza? La Soledad no dejará de estar en su Capilla, ni dejaría de recibir los amores filiales de los suyos, ni dejaría de pisar las calles, que para eso escenifica el Stabat Mater que fuera del “guión oficial” de nuestra Semana Santa, es sin embargo la cita de la fe de estos días. ¿Cabe la posibilidad? Estoy seguro que sí, y aguardo esa decisión con vehemencia. Ganaríamos todos y de qué manera. La Hermandad, nuestra (porque así lo quieren sus hermanos) Hermandad la primera.

Más fotos del día: 








Fotografías de Manuel Puga Castillo.