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domingo, 22 de diciembre de 2013

Viva el lujo y quien lo trujo

El pasado jueves os propuse un menú para estas fechas, sencillo de cocinar pero sobre todo, ajeno a malos tiempos, desplomes financieros e inversiones ruinosas. Pero no os dije con qué vinos acompañarlos, que es algo igual de importante cuando uno “viste” decorosamente su mesa para almuerzos o cenas que merecen la ocasión. Así que remiendo el error y paso a enumeraros qué caldos ha de tomarse con los platos propuestos:

Los entrantes

Recuerden que propuse una sopa de atún de aleta azul, tostas de caviar beluga albino y una ensalada de pasta con trufa blanca. Así que los vamos a marear a base de champán. Ya es hora que perdamos la costumbre de usar un espumoso como postre, quitándole la condición de vino y reduciéndolo a mero espectador de la comida. El champán (o el cava español) es tan vino como el que más, así que va muy bien para estos platos; y el que desde luego no puede dejar a nadie indiferente es lo que quede del lote de Veuve Clicquot de 1825 que naufragó en el archipiélago finlandés de Aland. La botella cuesta 30.000 euros.

Pero a lo mejor es usted escrupuloso con una botella que se ha tirado casi dos siglos en el fondo del mar; pues no se preocupe porque acabo de recordar que puede hacerse con una botella de Goût de Diamants, que es un champán embotellado en una creación del Alexander Amosu y que él ha bautizado como “Taste of Diamons”. La botella se las trae: se personaliza y hace a medida, lleva una placa de oro de 18 quilates y dentro, el vino se mezcla con polvo de diamantes, para que el producto final cueste, cada botella, 1,2 millones de euros.

Los Primeros

Nuestro menú llevaba un Salteado de Hongos Matsutake y una tortilla de patatas La Bonnotte, así que nos pega un tinto, algo que aún siendo tinto nos dé la sensación de blanco, algo que pegue con lo que comemos. Bueno, pues qué mejor que una botella que desde el corcho al fondo, sea de oro y se llame Louis Roederer Cristal Brut Methuselah 1990, con un precio de 23.908,04 euros.

Los Segundos.

Vamos por partes; no vamos a beber lo mismo siempre, así que sugiero que los quesos los bajemos tráquea abajo con un blanco, por qué no. A mí me ha parecido muy oportuno el Château d’Yquem embotellado en 1811 y procedente de unos viñedos de Burdeos, por 166.000 euros.

Y para el suculento buey japonés, para el costillar o el solomillo de Wagyu de Kobe, nada mejor que un tinto, por supuesto que sí. Y he pensado en uno que se componga de Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc y Petit Verdot, por lo que he elegido el Château Lafite Rothschild Imperial 1982: Uno de los referentes mundiales de los vinos de Burdeos, de la región del Médoc, y que cuesta 45.089, 20 euros.

Postres

No quiero que llenen la mesa de copas, que estén a punto de romper alguna o que alguien vaya de continuo a fregar las que han de usarse rápidamente. ¿Ven qué bueno soy? Así que lo mejor es beber para los postres previstos, el mismo vino. Lo que íbamos a tomar era Nueces de Macadamia con nata y una brocheta de sandía Densuke Black y melón Yubari Cantaloupe. Pues nada, algo dulce, con cuerpo, rico... ¿Un oporto? ¿Sí? Tengo el perfecto, el Hunt´s Porto, DO Oporto, a 25.987,08 euros la botella.


Bueno, pues toca hacer cuentas: hemos comprado 6 botellas, dos de champán, dos tintos, un blanco y un oporto. Y la suma es: 1.490.984,32. Casi millón y medio de euros. Bueno, pues un día es un día. ¿A qué hora voy a tu casa?

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