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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Mandela

Ésta seguro, será la entrada más políticamente incorrecta de las 1.410 de esta Alacena; será la más sorprendente, la menos compartida y la que peor caiga o más vendas destape de la cara, no lo sé. Pero esta entrada ni se puede silenciar ni se puede callar, y es el momento oportuno de que vea la luz. Esta es la otra cara de Nelson Mandela, el fin del mito de Madiba, la verdad de ese personaje entrañable que estuvo en prisión como responsable directo de asesinatos, 156 cargos en contra y a quien se le ofreció la libertad en numerosas ocasiones y siempre se negó a aceptarla. Esta, por triste e increíble que parezca, es el ejemplo de cómo se puede llegar a manipular  la verdad para convertir lo negro en blanco o lo blanco en negro.

Por desgracia, la historia de la humanidad es la de las distintas varas de medir a los pueblos y a sus protagonistas, en una antagónica lucha entre buenos y malos oficiales, pero no reales. El único consuelo que realmente nos queda es que en algún momento la verdad brilla y lo hace más que toda esa mentira que manipula al ciudadano. Y esa verdad no es otra (duele decirlo, pero hay que hacerlo) que Mandela era un terrorista que no renunció al uso de la violencia, ordenó invasiones militares en países vecinos por el control del agua, sin que el remordimiento le hiciera echarse atrás en la orden dada al ejército sudafricano que entró a sangre en Lesotho, prácticamente hace muy poco, en 1998.

Desmontando el mito:

El sudafricano y obispo Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz en 1984 (9 años antes que Mandela) fue un enérgico combatiente del apartheid, pero a diferencia del líder sudafricano, jamás fue encarcelado. ¿No les resulta extraño? Es más, durante la encarcelación, Mandela no recibió ni el apoyo de Amnistía Internacional. Llegó a la cárcel como líder del comunismo sudafricano, dirigente del Partido ANC y se le juzgó por 156 acciones violentas, como atentados con bomba en la Estación de Tren de Johannesburgo. El entonces presidente sudafricano ofreció 5 veces a Mandela la libertad si renunciaba a la violencia, pero siempre rechazó el ofrecimiento y desde la cárcel conocía las noticias de su Partido sin redactar una línea que se opusiera a  las bombas en los grandes almacenes, centrales nucleares, torturas y lo que es peor, la desaparición de opositores negros. ¡Aquello no era una lucha de razas!

La opinión de la prensa de los principales países democráticos:

Al día siguiente de conocerse la notica de la muerte del ex presidente sudafricano, el pasado viernes 6 de diciembre, el Diario The Independent titulaba así uno de sus artículos de opinión  “De 'terrorista' a tomar té con la Reina”. Y es que durante el Gobierno británico de Margaret Thatcher, a la Primer Ministro le llovieron críticas por su cercanía con quien la prensa inglesa denominó a secas, un terrorista. Fue el líder del Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés), a la que la “dama de hierro” le dedicó estas palabras en 1987: “El ANC es una típica organización terrorista... cualquiera que piense que pueden gobernar Sudáfrica vive en una fantasía”; pero tres años después Mandela viajaba a Londres y en la Cámara de los lores, el político Terry Dicks llegó a espetarle a la cara a Thatcher: “¿Cuánto tiempo más se va a permitir la primera ministra ser pateada en la cara por este terrorista negro?”. La opinión generalizada en el Reino Unido no era precisamente proclive a Mandela, como muestra, las palabras que en 1985 el parlamentario Teddy Taylor, le dedicó: “Nelson Mandela debería ser ejecutado”.  Pero si se creen que aquello fue cosa de hace dos décadas, nada más que leer lo que el escritor estadounidense Peter Beinart ha dejado escrito en el diario digital americano  The Daily Beast: “ahora que está muerto y no puede provocar más problemas, Nelson Mandela es recordado por todo el espectro político como un santo, pero no mucho tiempo atrás, en los círculos más selectos de Washington, era considerado un enemigo de Estados Unidos.
A menos que recordemos por qué, no estaremos realmente honrando su legado”.  

Y es que en los Estados Unidos, el partido de Mandela entró en la lista que aprueba el Congreso sobre grupos terroristas internacionales y el mismísimo Presidente Ronald Reagan avaló la propuesta de considerar  al ANC en la lista oficial de grupos terroristas; en 2008, para el 90 cumpleaños del sudafricano, Estados Unidos sacó de la lista al partido de Mandela aunque mantuvo la consideración de “peligroso”, ya que las mejores relaciones diplomáticas que tuvo Sudáfrica durante el Gobierno de Nelson Mandela, no podemos olvidar que fueron las dictaduras de Cuba, Libia y Siria. De hecho, la amistad entre Muamar el Gadafi y Nelson Mandela fue sólida y duradera.

The Economist ha sido duro tras conocerse la muerte del gobernante africano: “Como político, y como hombre, Mandela tenía sus contradicciones. No era ni un genio ni, como lo reconocía él mismo en varias ocasiones, un santo. Algunos de sus primeros escritos eran banales y dispersos textos marxistas”.  Y es que el pasado de “Madiba” no es precisamente pacifista ni optaría a ser reconocido con un Premio Nobel de la Paz. Era un enamorado de las figuras de Lenin y Stalin, cuyas fotos las exhibía orgulloso en su casa de Orlando, cerca de Johannesburgo; otro diario británico, esta vez The Guardian tampoco hace un retrato agradable de Mandela, recordando que gustaba del lujo, que sus vacaciones las pasaba en la isla caribeña privada del empresario irlandés Tony O´Reilly, que se quedó con el control del mayor grupo de medios impresos sudafricano, los fastos de la boda de su hija Zinzi y en definitiva, negocios no suficientemente claros que denuncia el periodista David Beresford: “en ciertas ocasiones hubo sospechas de cuán buenas e independientes de sus propios intereses eran sus tratos”. Es cierto que al llegar al poder, se recortó su sueldo presidencial, aunque el destino de los recortes fue siempre el entorno del ANC. Tal vez, lo más acertado sea el final del artículo de hace unas semanas del Diario The Economist: “este mundo necesita héroes. No siempre los elegiremos con sabiduría, pero en el caso de Mandela, la necesidad de un héroe encontró un héroe real”. Pero, ¿quién era ese héroe?

Mandela, nieto e hijo de reyes y privilegiado durante su juventud:

Hijo de un consejero principal de la casa real Thembu, nieto de rey, huérfano a los 9 años y educado por el regente de la Casa real y aristócrata, el jefe Ongintaba Dalindyeb, se matriculó en Derecho pero fue expulsado de la Universidad por una disputa política. Acabó la licenciatura “a distancia” y trabajó en un despacho de abogados blancos, sin que a éstos les importunara la política segregacionista racial de entonces. Junto a su primera mujer y otros jóvenes, trabajó por la transformación del ANC, que hasta entonces había expresado sus reivindicaciones dentro de los cauces parlamentarios y en junio de 1952 el partido le encomendó la divulgación por todo el país de la denominada Campaña de Desafío a las Leyes Injustas. Desde 1955 fue responsabilizado y juzgado como autor material de disturbios y delitos diversos.

Líder del brazo armado terrorista sudafricano:

Desde 1961 Mandela se convenció de la inutilidad de la lucha pacífica contra el apartheid, asumió la jefatura del brazo armado del ANC, Umkhonto we Sizwe (Lanza de la Nación, también conocido por su sigla, MK). En este tiempo, comandó las acciones guerrilleras contra instalaciones del Gobierno y objetivos policiales, fue acusado de delitos de incitación a la huelga, fue acusado de acciones criminales con los cargos de sabotaje, terrorismo y conspiración para derrocar el Gobierno mediante revolución interna e invasión de fuerzas extranjeras. En concreto, Mandela mantuvo contactos con el MPLA de Angola, el ZANU de Rhodesia del Sur, el FRELIMO de Mozambique y el SWAPO de Namibia, que le permitieron sostener una campaña de atentados y ataques con bomba. En el juicio del 20 de abril de 1964, en su comparecencia ante el Tribunal Supremo de Pretoria, Mandela reconoció ser uno de los fundadores del MK y que dicha organización armada “respondía a la violencia con violencia”.

La violencia del comunismo que lideraba, ejercida por su mujer:

De 1978 a 1988, el Gobierno intentó hasta en 5 ocasiones rebajar su pena y concederle un régimen penitenciario menos severo; se negó en todo momento. El 5 de julio de 1989 fue trasladado a la residencia del Presidente con el que tomó té y discutió actuaciones futuras, pero quiso regresar a prisión. Tras su liberación, viajó para encontrarse con el grupo armado terrorista de Zambia Línea del Frente. La siguiente visita fue al líder Yasser Arafat y entre medias, su segunda mujer, Winnie, fue condenada en mayo de 1991 a seis años de prisión por el rapto en diciembre de 1988 de cuatro jóvenes y el asesinato de uno de ellos a manos de sus guardaespaldas, reclutados entre los miembros del Mandela United Football Club, en su propia vivienda, aunque consiguió librarse pagando una multa.

Winnie era la primera defensora del horrible método de ajusticiamiento necklacing, consistente en la colocación de un neumático bañado en gasolina alrededor del cuerpo de la víctima al que luego se prendía fuego y aplicado frecuentemente por el ANC a colaboracionistas; en 1993, Mandela recibe el Premio Nobel de la Paz y en enero de 1994, nueve meses después, como máximo mandatario del ANC, organiza los acuerdos del partido para abandonar la lucha armada. Repito, 9 meses después de recibir tan importante galardón.

Líder de la transición, fracaso como gobernante:

Líder de una transición modélica y pacífica, ganó las elecciones de 1994 pero fracasó en la gestión del país. Las enormes expectativas sociales que había generado no se cumplieron. Se le acusó de favorecer la emergencia de una nueva élite de privilegiados negros, no acometió ninguna reforma agraria, se hizo con el control de los medios escritos, no atajó que los blancos, (el 14% de la población), siguieran regentando el sistema financiero y el mundo de los negocios. Además, no puso en marcha políticas de equidad, en los dos últimos años de la presidencia de Mandela, la producción económica creció por debajo del ritmo demográfico. Cayó el PIB a pesar de haber sido levantados todos los embargos y boicots internacionales, el paro se situó en el 35% (aumentó más todavía en años sucesivos) y el Gobierno de Mandela fue incapaz de contener la violencia y la delincuencia común. Al año, Sudáfrica vivía 25.000 asesinatos y 50.000 violaciones, convirtiéndose en uno de los 3 países más inseguros del Mundo. Para que nos hagamos una idea de las cifras, durante los 46 años de gobierno del Partido Nacional (apartheid), murieron en Sudáfrica 18.000 personas, mientras que en un solo año del gobierno Mandela, lo hacían 25.000.

La herencia de Mandela:

Sudáfrica es una tierra rica; principal productor de diamantes del Mundo, posee algunas de las minas de oro más grandes del Planeta, reservas de petróleo y de gas y se encuentra dentro de la lista de países megadiversos por su riqueza tanto en flora como fauna. Para sorpresa de muchos, es el mayor productor de platino del Mundo, el 5º país productor de oro, el 4º país productor de carbón y es uno de los Estados con mayor superficie cultivable gracias a sus 190.000 kilómetros cuadrados dedicados la agricultura. Los datos marean... Sólo con esto, hasta el más torpe de los gobernantes saldría bien parado. Sin embargo, al marcharse Mandela, estos eran los datos del país:

Un 49 % de la población vivía en estado de pobreza. Sudáfrica ocupa el Primer puesto de los países con mayores desigualdades sociales, el 17 % de la población blanca emigró a partir de 1994 por culpa de las represiones y olas de violencia y el país se convirtió en uno de los cuatro más inseguros del Mundo. Además, era y es uno de los países más infectados por el sida. Durante el Gobierno de Mandela, el 35 % de las mujeres embarazadas estaban contagiadas; hoy, la cifra ha bajado algo. Con más de un millón de huérfanos, dejó que la población blanca controlara los negocios, dejó un 35 % de paro, los índices más bajos de PIB de los últimos 50 años y las cifras anuales de violaciones y asesinatos que ya hemos comentado. Se fue en 1999 defendiendo “que la privatización es la política fundamental”. Y dejó un país con

Años después del fin de su mandato, en 2003, su segunda esposa Winnie fue declarada culpable de 43 actos de robo y fraude, pero solo cumplió 8 meses de condena. No se le procesó por los secuestros y crímenes sobre los que ella misma declaró el 13 de abril de 1986 que “con nuestros fósforos y nuestros necklace liberaremos a este país". El método del necklace, como hemos visto, contemplaba quemar vivo al opositor.

Mandela dejó una Sudáfrica con más desnutridos que durante el apartheid, con los blancos dueños del 80 % de la tierra y del 90 % del efectivo del país, un millón de ganaderos que perdieron sus granjas, un 50 % de escuelas públicas sin luz y una esperanza de vida que se redujo en 13 años respecto a la media que tenía Sudáfrica durante el Apartheid.

La fortuna Mandela:

Con el apellido Mandela, Sudáfrica recoge hoy día 110 empresas, 24 fondos, una de sus hijas está en el consejo de administración de 16 empresas (una de ellas, Nestlé) a los que sumar depósitos bancarios nada claros, pues las cifras van desde los 12 a los 20 millones de euros y no olvidemos las propiedades inmobiliarias en el barrio más exclusivo de Johannesburgo ¿Cómo una persona que estuvo 27 años preso y que fue 4 años presidente pudo hacerse con todo esto?


Comunista, guerrillero, terrorista, mal presidente... ¿qué hizo Mandela para que el Mundo entero se ponga a sus pies? ¿A qué obedece esta limpieza brutal de imagen? ¿Por qué durante su gobierno un millón de blancos se fueron de Sudáfrica? ¿Por qué su partido fue protagonista en 2008 de actos de violencia xenófoba y asesinatos contra los negros refugiados inmigrantes procedentes de Mozambique, Malawi y Zimbabwe. ¿Por qué los zulúes no pueden ni oír siquiera del ANC o de Mandela? 

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