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lunes, 23 de diciembre de 2013

Luces navideñas

Un 27 de enero de 1880, Thomas Alva Edison patentaba la bombilla incandescente de filamento de carbono, que para los menos duchos, ha sido la que hasta hoy mismo, más ha usado el Mundo. Ahora, las nuevas medidas energéticas, de eficiencia y ahorro de consumo desterrarán para siempre este invento del genial Edison que han estado fabricándose en España hasta hace unos meses. Desde que se dio a conocer fue todo un éxito, una sorpresa para el público; de hecho se considera que es el segundo mejor invento del siglo XIX, compitiendo con el tren, el teléfono, la fotografía, el cine, la anestesia, la aspirina o la Coca Cola, por qué no.

Quizá no sea el momento de discutir si el alemán Heinrich Goebel se adelantó a Edison y ya la había patentado el 11 de junio de 1874, es decir, 6 años antes. Entre otras cosas porque estaríamos discutiendo horas sobre los inventos de Alva Edison y si en verdad, no se apropió de unos pocos que no le correspondían. Excéntrico desde luego era: su sueño fue iluminar el Desierto del Sahara para demostrarles a los extraterrestres que el Mundo contaba con una impecable vida inteligente. Sí, han leído bien... creía a pie juntillas en la vida extraterrestre, aunque eso no puede ni debe empañar que Thomas Alva Edison fue un genial y decisivo inventor.

La familia Johnson en su casa del 139 de la Quinta Avenida. 

Tampoco podemos pasar por alto que se supo rodear de excelentes y valiosos colaboradores, como por ejemplo Edward H. Johnson (1846-1917), otro inventor, socio de Edison, vicepresidente de su compañía eléctrica y mano derecha de sus negocios especialmente en Europa. Con sólo 24 años eclipsó a Edison que lo puso al frente de su Compañía de telégrafos y desde entonces, lo mantuvo a su lado a sabiendas que era el perfecto socio para cualquier negocio o empresa que pusiera en marcha.

El caso es que a parte de un sagaz hombre de negocios, se convirtió en un pionero. Su mentor había patentado la bombilla, él comenzaba a hacer prosperar las contrataciones a la compañía eléctrica que se encargaba de copresidir y todo marchaba bien. Así que se retiró a descansar para las fechas navideñas y decidió probar los inventos del jefe en su propia casa, en la neoyorkina Quinta Avenida.

Cartel publicitario a manera de reclamo para que se abonaran a la compañía eléctrica

El día 22 de diciembre de 1882, algo brillaba de manera descomunal a través de las ventanas de la casa de Edward H. Johnson, que incluso llegó a preocupar a los vecinos. Era ya un importante número de curiosos el que se congregaba y arremolinaba en torno a las ventanas del domicilio familiar del socio de Alva cuando enterado de tal escándalo, un periodista, William Augustus Croffut, decidió entrar en la casa y ver por sus propios ojos qué era aquel brillo que se veía desde la calle y a causa de qué se había montado tal revuelo. Y esta es la crónica que publicó para el día siguiente en el New York Post:

La primera iluminación de Navidad de la historia, en casa de Edward H. Johnson

"Ayer por la tarde me acerqué más allá de la Quinta Avenida y llamé a la residencia de Edward H. Johnson, vice-presidente de la compañía eléctrica de Edison. Allí, en la parte trasera de los hermosos salones, vi un gran árbol de Navidad, presentando un aspecto pintoresco y extraño. Estaba brillantemente iluminado con muchos globos de colores casi tan grandes como una nuez Eran  ochenta luces encerradas en esos huevos de cristal delicados, de colores divididos equitativamente entre el blanco, rojo y azul. Cada cierto tiempo el árbol los colores se alternaban, encendiéndose las luces indistintamente. El resultado era un continuo baile de colores danzando en torno al árbol toda la noche. No necesito decirle que aquel árbol centelleante fue un espectáculo agradable y casi no se puede imaginar nada más bonito. Del techo se cruzaban oblicuamente dos cables en donde colgaban 28 pequeñas luces, [...] un leve camino por la corriente eléctrica traída desde la oficina principal en un alambre [...]


El periodista estaba conmocionado; alterado y sorprendido a partes iguales de ver tanta luz en un árbol. Y es que, sin saberlo, acababa de ser testigo y acababa de contar LA PRIMERA ILUMINACIÓN ELÉCTRICA NAVIDEÑA DE LA HISTORIA, aunque bien es cierto que desde siempre se había pretendido darle luz al árbol mediante la colocaicón de candelas, cera y otros sobre las ramas. Pero obviamente, aquello era un riesgo importante, habida cuenta del uso de candiles de aceite, velas de mala calidad y todo ello junto a la resina que soltaban las ramas. De ahí que en la foto de arriba, vean un anuncio de la Compañía Eléctrica de Edison advirtiendo que era mucho mejor pasarse a la luz eléctrica y desde luego, más seguro. Sobre todo para la seguridad de su economía, todo hay que decirlo.

Un árbol todavía iluminado con velas.

Aquello fue bien; Edison acabó muy contento con la promoción gratuita que le habían hecho y se decidió a sacar una línea comercial de luces, adornos y otros complementos eléctricos para la Navidad, tal y como hoy día seguimos montando, comprando o sustituyendo todavía. Edward H. Johnson pasó a la historia como el pionero, el que abrió el camino para que todos los ciudadanos del Mundo Occidental se decantaran por decorar su propia casa como hizo él hace hoy, la friolera de 131 años. Y como por supuesto, imitan los comercios del Mundo que cada vez, "nos encienden antes la Navidad". 

Ya lo saben, la idea o culpa de tanto derroche, fue (cómo no) un golpe de suerte con un negocio detrás. 

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