Visitas

martes, 10 de diciembre de 2013

Hitchcock, genio o monstruo

Hace 50 años la gran pantalla se vestía de gala para el estreno de uno de los títulos inmortales, imperecederos e imprescindibles del séptimo arte que sin embargo, no alcanzó a darle el prestigio que ya había cosechado su director. El cineasta británico padre del suspense, había estado tres años en el dique seco, obsesionado con la guionización y adaptación técnica de su nueva película que reafirmó su sagacidad para profundizar en la psique humana pero que no estuvo a la altura de títulos como “Extraños en un tren” (1951) o “Psicosis” (1960).

Hace 50 años, tal día como hoy, después de haber trabajado como nunca antes en una de sus películas, tanto en los recursos técnicos como en los efectos especiales que habrían de emplearse en el rodaje, podía al fin estrenarse el largometraje más difícil y complejo de la filmografía de Hitchcock, donde además de infundir terror, los pájaros protagonistas jugaban el papel de símbolo, de metáfora de los miedos humanos que están presentes pero no sabemos localizarlos. Un recurso que había empleado antes situando aves en cintas míticas como “Sabotaje” (1942) o “Psicosis” (1960), siempre con la intención de sugerir desgracias y mala suerte.

Precisamente, antes de este estreno, la última película que había proyectado el cineasta británico fue “Psicosis”, que junto a “Los Pájaros” se convertirán en las cintas del más puro terror que no caracterizaba a Hitchcock, recordado por ser el padre del suspense. En “Psicosis”, el miedo lo patentaba el personaje; en Los Pájaros, viene de fuera, de algo que no se puede controlar e hizo falta que el público redescubriera décadas después el verdadero carácter del film para que este reconociera su valía y su calidad. Pero si algo psicosomatizará al espectador será el final de la misma. Por vez primera, Hitchcock terminará una de sus obra sin el mítico The End... ¿Acaso quería someter al espectador a la idea de que esos pájaros no son una esperanza de cambio sino el mal que aniquilará nuestra sociedad? ¿Sentiría el espectador que la película no era más que un vaticinio, una profecía acertada del director inglés? Hay algo claro, Los pájaros no existen, son nuestros miedos.

Pero si costó realmente entender, aplaudir y confirmar la grandeza de la película, menos valorada (al menos inicialmente) que otros éxitos anteriores, lo que casi nadie conoce es el otro drama detrás de “Los Pájaros”, la máscara quitada a uno de los mejores directores de toda la historia del séptimo arte, la careta retirada al mago, genio y grandioso padre del cine de suspense. Porque detrás del artista inconmensurable, estaba también un ser despótico y denunciado por su actriz como demonio; hace un año se estrenaba la película The Girl poniendo de manifiesto que Hitchcock intentó abusar de su nueva musa, Tippi Hedren (madre de Melanie Griffith) y que al recibir una negativa, intentó destrozarla, destruirla. Una entrevista con ocasión del estreno a Tippi Hedren nos arrojaba una frase lapidaria: “arruinó mi carrera, pero no mi vida”.

The Girl” (2012) se estrenó justo hace un año intentando reflejar la obsesión que sintió Alfred Hitchcock hacia Tippi, incidiendo en el sufrimiento que ella vivió en silencio para evitar perjudicar su propio futuro en el cine y dejando claro que  ese Hitchcock que todos idolatramos, era un peligroso maníaco con tintes perversos. La verdad es que antes del rodaje de “Los Pájaros”, Hitchcock había perdido a Ingrid Bergman que, tras tres películas, se fue con Roberto Rossellini, con el que al final se casaría. También perdió a Grace Kelly, asqueada de Hollywood y enamorada del príncipe monegasco Rainiero. Hubo otras sin la trascendencia de éstas y cuando Hitchcock encontró a una nueva rubia a su medida, Tippi Hedren fue la escogida, una belleza impactante, dulce, manejable, de tímido carácter y dispuesta a todo por ponerse en manos del maestro Hitchcock.

Tippi tenía 29 años, era madre soltera de una niña de cuatro (Melanie Griffith) y se dedicaba a la publicidad. Al ver el anuncio, el director tuvo un flechazo y poco le importó que sus colaboradores insistieran en que Tippi no había actuado jamás. Lo primero fue entrevistarla y desconcertarla a la vez, como había hecho con Kim Novak, su actriz/musa en “Vértigo” (1958), pero Tippi salió mejor parada de esta primera cita y consiguió encandilar definitivamente al director. Dicho y hecho, se acababa de convertir en la nueva rubia hitchcockniana, y el británico la colmaría en estos primeros meses de caprichos y regalos impensables para una madre soltera que a duras penas sobrevivía y todo ello gracias a su arrebatadora belleza. Así que tuvo que ser sorprendente que Edith Head, la diseñadora de vestuario de las películas de Hitchcock, se encargara de crear todo un armario, todo un guardarropa para el día a día de la futura actiz. Pero aquello no era un regalo, sino un perverso modo de controlar a la actriz, de vestirla y disfrazarla, incluso fuera del rodaje, a su antojo. Igual lo había hecho antes con Vera Miles (“Psicosis”), Grace Kelly (“Crimen Perfecto”, “La ventana indiscreta” y “Atrapa a un ladrón”) y Eva Marie Saint. (“Con la muerte en los talones”).

Con este sencillo método Hitchcock empezaba a moldear a su futura estrella. Con Tippi escatimó menos todavía, pues todo el vestuario que le creó para el día a día, doblaba el sueldo que le había prometido por el rodaje de “Los Pájaros”. Puede que incluso a Hitchcock esa obsesión se le escapara de las manos y la dejara entrever en una de sus obras, cuando James Stewart (Scottie Fergusson) intenta moldear a Kim Novak (Madeleine) para que cada vez más y poco a poco, se vaya pareciendo a su difunta esposa. “Vértigo” puede, tal vez puede ser clave a la hora  de entender esa insana obsesión  que demostró siempre Hitchcock por sus actrices principales, que más que eso fueron auténticas musas y probablemente, amores platónicos inconfesables con algo de deseo y casi acoso sexual en la cabeza bulliciosa de este genio.

Pero además, justo cuando Tippi se convierte en su nueva protagonista, la futura actriz no es sólo el objeto de deseo oculto e inconfesable del director, sino que ha venido además para cubrir un hueco que atormentará y perseguirá hasta el fin a Hitchcock: hay que sustituir, suplir y llenar el vacío terrible que le ha dejado Grace Kelly, la más rotunda y guapa de las “rubias” que tuvo y de la que nunca se pudo olvidar, hasta tal punto que  “Marnie, la ladrona” (1964) la ideó para ella, confiando en que con esta cinta, Grace accedería a regresar a la gran pantalla. Para desgracia de Hitchcock, el General Charles De Gaulle, Presidente de Francia, puso en jaque las exenciones favorables de Mónaco y el Príncipe Rainiero tuvo que pedirle a su esposa que pospusiera ese regreso cinematográfico que jamás ya se produciría. Pero eso es otra historia.

Tippi Hedren había sido Melanie Daniels en “Los Pájaros” y gracias a Grace Kelly, sería también Marnie. ¿Gracias o por desgracia? La obsesión del director, la negativa de la Princesa Grace... aquello derivó en una insana actitud que llevó al cineasta a espiar a Tippi cada hora, enviando a profesionales que seguían cada uno de sus pasos fuera de los platós. Luego, los esfuerzos en dirigir su interpretación empezaron a desvelar ocultos sentimientos en el director... un exceso de primeros planos dejaba al resto del equipo técnico sorprendido; a ello, sumaba interminables reuniones en privado con la actriz y al fin, según declaraciones de la propia Tippi Hedren, “empezó a decirme qué llevar en mi tiempo libre, qué comer y los amigos a los que debía ver. Se ponía furioso si yo no le pedía permiso para visitar a algún amigo por la noche o un fin de semana”. Los últimos instantes del rodaje fueron de una intensidad tal que puso a prueba el estado emocional de la protagonista...


Hitchcock ordenaba que Tippi se acercara hasta su posición de director y aprovechaba la cercanía entre ambos para susurrarle comentarios obscenos y terminar los agotadores días de rodaje incitándola a beber un Martini tras otro con el claro objetivo de emborracharla. En cierta ocasión el cineasta desveló que su propósito no era otro que hacer que su actriz viviera situaciones límite para poder reflejarlas luego en pantalla, como la escena  en la que su personaje se veía atrapado en una habitación y sin poder abrir la puerta. Pero una última gota colmaría el vaso, no sabemos si por despecho de Alfred al no conseguir los favores de Tippi o como técnica para hacer más creíble el guión: se opuso a usar efectos especiales, es decir, aves mecánicas, para dar mayor credibilidad a las escenas. Así que enjauló a Hedren durante toda una semana, lanzándole pájaros vivos, para una escena de apenas un minuto y medio. El último día, casi pierde un ojo de un picotazo y fue devuelta a casa sedada tras un colapso nervioso. Tippi Hedren la recordaría siempre como la peor semana de su vida. 

Después de todo, ¿Hitchcock era realmente ese avieso personaje capaz de cuánto estamos contando o simplemente se trata de una venganza de Tippi Hedren publicada 50 años después y callada y silenciada durante décadas? Es la propia actriz la que insiste que pasaba del odio al amor, de la exigencia enfermiza al cariño perturbado con mucha facilidad. Le hacía regalos, le enviaba notas que eran toda una declaración de intenciones sexuales a las que añadía detalles del rodaje de “Marnie, la ladrona”, la encerraba en jaulas de oro con un lujoso camerino que se unía y comunicaba a su propia oficina en la Universal. Al final de cada día, le enviaba champán, y Hedren debía escapar de la compañía solitaria del director llamando al resto del equipo técnico para no verse a solas con Alfred Hitchcock.

Es probable que el cineasta terminara por perder la cabeza por la belleza insólita de la actriz; ella asegura que el director, cierto día, le confesó que había soñado su boda con ella, y que llegó hasta a abalanzarse encima; el rechazo de la actriz estuvo detrás de la condena absoluta que le infringió. Desde entonces, se refería a ella como “esa chica”, redujo al máximo sus palabras e intentó sabotear sus progresos. Le prohibió recoger el Premio Photoplay a la actriz más prometedora del año. Telefoneó en su nombre y lo rechazó por ella y según Hedren, hizo lo posible porque cayera en la lista negra empeñándose en frustrar para siempre su carrera.


Puede a fin de cuentas, que la alargada sombra de Hitchcock fuese real. Puede que ensalcemos a un maníaco o simplemente, que una actriz del montón viera perderse su belleza y con ella un éxito del que nunca hubiera sabido sin el soberbio director. O como en otras entradas de esta Alacena, puede, simplemente, que el artista y la persona, no sean lo mismo, lo que ello, no debe preocuparnos para admirar el grandioso cine del mago del suspense. 

No hay comentarios: