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martes, 3 de diciembre de 2013

El tiempo entre costuras

La cadena televisiva Antena 3 entrega cada noche de los lunes un capítulo de la serie basada en la arrolladora novela de la española María Dueñas, que publicada en 2009, lleva vendidos más de dos millones de ejemplares, ha sido traducida a 25 idiomas y fue el best seller en España durante 2012. La historia se desarrolla en la ciudad de Tetuán, que era entonces capital del Protectorado Español de Marruecos, o lo que es lo mismo, la parte del actual país norteafricano en manos españolas desde 1912 a 1956. Hoy día Tetuán es la capital de lo español en África, una ciudad de 330.000 habitantes que no esconde sus pretensiones independentistas, que se repone de los castigos que el padre del actual rey marroquí le infringió por sus pretensiones separatistas y que nació como tal, en 1485, gracias a cientos de granadinos. Tetuán es, la hija pequeña de Granada, con un casco antiguo declarado Patrimonio Mundial por Unesco.

En 1485 las tropas de los Reyes Católicos avanzan sobre la comarca de los Montes en la actual provincia de Granada tras los éxitos militares que le auguraban los 50.000 infantes y 13.000 caballeros que componían el nutrido ejército castellano. A punto de morir el emir Abu-al-Hassan (que los cristianos llamaban Muley Hacen), la guerra intestina en la ciudad de Granada es implacable, enfrentando a partidarios de Abû ʿAbd Al·lâh (Boabdil) con los de su padre o su tío. Un reino desmoronado por el avance cristiano y el rencor de sus dirigentes, verá cómo en la localidad de Píñar, aguanta estoicamente un noble hayib del ejército granadino, un comandante en jefe partidario de Boabdil que es el caíd (alcaide) de la plaza y resiste hasta la extenuación en la alcazaba de Píñar los envites castellanos. Al fin, castillo y población son entregados a los Reyes Católicos y nuestro caudillo, se dirige hacia Granada para entrevistarse con el nuevo emir, Boabdil.

Su abuelo tenía un horno de pan en la actual Calle de Elvira; su familia, bien considerada, se relacionaba con la aristocracia nazarí y su valor en las armas le valió la confianza de la casa real para ponerlo al frente de centenares de soldados. Se llamaba Alí al-Mandari, nacido hacia 1455 y debía ser sagaz e inteligente, pues desde un primer momento entendió que el Reino de Granada estaba condenado a acabar en manos de los cristianos. Así que solicitó del sultán la dispensa para pasarse a África, seguro que con el objetivo de recabar ayudas del Sultanato de Fez que enviara para el socorro de los musulmanes granadinos, tropas y efectivos. Así, en el año 1485, al-Mandari, una pequeña corte de aristócratas y varios cientos de hombres que habían participado los últimos 3 años como soldados combatiendo a las tropas de los Reyes Católicos, pasan al exilio convencidos de una pronta vuelta al Reino que les vio nacer, algo que nunca se produciría.

El destino de las embarcaciones fue la costa africana, junto a la desembocadura de un río (Martil) y en el lugar que les había sugerido el sultán de Fez: una antigua ciudad destruida por los portugueses primero y por la armada castellana de Enrique III luego, en 1437, quedando en pie ruinas y casas abandonadas. Vecina de Tánger y de Ceuta, a las faldas de la imponente mole de “Yebel Dersa”, los granadinos emigrados la llamaron “paloma blanca”: TETUÁN. Nacía, de manos de granadinos, una ciudad que seguirá el urbanismo de al-Andalus y las costumbres de Granada y que con el devenir de los tiempos, seguirá íntimamente recordando que es hija de la ciudad de la Alhambra.

al-Mandari era conocido entre los suyos como Sidi Mandri. Con la ayuda de 80 familias, todas ellas del Reino de Granada y gracias a la generosidad del Sultán de Fez, Tetuán fue reconstruyéndose y renaciendo con un objetivo claro: servir de bastión ante los continuos ataques de los barcos portugueses. Con el tiempo, su puerto fue el más activo del mediterráneo africano y el primer refugio ante la armada lusitana. Y desde 1485 hasta su muerte, muy anciano, ciego y nostálgico de la tierra que lo vio nacer, Sidi Mandri, el laureado y temido muyahid granadino, fue su caudillo, su caíd, su gobernador. Había casado con una elche (una cristiana convertida) que se emparentaba nada menos que con la casa real nazarí y era sobrina del miembro del Consejo del Reino Ibn (Aben) Comixa; nuestro hombre, entraba a formar parte de la familia directa del emir de Granada.

El nombre de su mujer es aún épico en Tetuán, pero más rocambolesca la historia que precede a la figura de la esposa del caudillo granadino. Es la historia de Fátima, sobrina de Boabdil, que se disponía a embarcar para esposarse con Sidi Mandri cuando al cruzar el Río Genil marchando hacia la costa, el noble y Gran Maestre de la Orden de Santiago don Alonso de Cárdenas la hace prisionera y pone ne Pinos Puente en manos del Conde de Tendilla, que la apresará en la fortaleza de Alcalá la Real, hasta que por mediación del propio Sultán de Granada, fue liberada. Pero ya nunca conocería al mítico hayib de los granadinos, porque después de esta peripecia, al pisar el Norte de África es informada que al-Mandari ya se ha casado con la mítica Sayyida al-Horra (“la gran señora”), con una personalidad tal que sería durante 17 años gobernadora de Tetuán. Una mujer, en el mismísimo siglo XVI y en territorio islámico, comandando y dirigiendo toda una ciudad.

Los tetuaníes se pusieron al servicio de ese peculiar matrimonio. Él, 40 años mayor que la codiciosa Sayyida. Ella, astuta y firme en sus decisiones. Entre ambos sostuvieron, financiaron y costearon un negocio tan necesario para los musulmanes norteafricanos como peligroso: la navegación corsaria que desde el Puerto de Martil, atacaba la ya costa de España y pirateaba desde el Mediterráneo al Atlántico por todo el Estrecho. Y así nació la actividad por excelencia de Tetuán a lo largo de sus 50 primeros años, nutrida por granadinos que se habían refugiado en la “hija pequeña de Granada” y que plantaban cara a los portugueses y realizaban razias por las costas de la Península Ibérica, siendo Motril uno de los escenarios que más sufrieron las incursiones tetuaníes.

A principios de 1541 moría, casi nonagenario, al-Mandari, el fundador. Empezaba el gobierno de su mujer Sayyida, que durante 17 años le plantó cara a Barbarroja, se casó con el Sultán de Fez, consiguió que éste se trasladara hasta Tetuán para celebrar allí la boda y convertir en “segunda capital” a la ciudad de su primer marido y continuó comandando la actividad corsaria. Fueron tiempos en los que Tetuán recibió más legaciones diplomáticas y visitas de los embajadores de las cortes europeas que ninguna otra población norteafricana. Los reinos de Portugal, Francia y la España del Emperador Carlos mandaron a sus diplomáticos para agradar a la regidora Sayyida. Tetuán era un referente comercial y militar al otro lado del Mediterráneo.

En 1609 Felipe III firma la expulsión de los moriscos españoles. Y nada menos que 10.000 de ellos se expatriaron en Tetuán para darle, si es que no lo tenía ya, el carácter, aspecto y cultura andalusí del que sigue gozando hoy día. El puerto tetuaní era el más activo: naves del Imperio Otomano, barcos comerciales genoveses, galeones españoles... Gobernaron en el siglo XVIII la familia de los al-Naqsis, cuyos ancestros provenían de Granada, como si no hubiera más destino para Tetuán que permanecer históricamente ligada a la capital de la Alhambra. Avanzando en la historia, fue tomada por los españoles ya en el año 1860, cuando Tetuán  era una ciudad independiente que no estaba ligada ni al Sultanato de Fez ni a Marruecos, creado en 1666 con la dinastía real aún gobernante: los alauitas.

De su último periodo histórico, recordamos que fue la capital de la España Marroquí. Era profesor de su escuela de artes el granadino Mariano Bertuchi, todavía hoy, algunos de sus comercios se llaman “Ahmed Torres” o García y sus históricas casas tienen patios que bien podían haber salido del Realejo o del Albaicín, de las que algunas sirven para las reuniones de las zawiyas, cofradías religiosas imbuidas del espíritu de los sufíes como las hubo en Granada, como las hay, pero cristianas, en Granada.


Cada noche de los lunes millones de españoles no saben si ver Isabel en TVE, reírse de lo lindo con La que se avecina en Telecinco o seguir la trama de una serie que reproduce la fabulosa novela de María Dueñas y que tiene a Tetuán como su principal escenario. Yo no veo la serie, he de reconocerlo; pero no por ello dejo de acordarme que, al otro lado del Mediterráneo, en el norte de África, hay una populosa, histórica, artística y libertina ciudad que es conocida como “la blanca”... O LA HIJA DE GRANADA

Aún hoy, los tetuaníes visitan la tumba de Sidi Ali al-Mandari, convirtiendola en un objeto de veneración; es la mejor manera de recordar a su fundador, al caudillo granadino que la hizo posible

2 comentarios:

Anónimo dijo...

David:
Me preocupa que consideres divertida "La que se avecina".
Ni siquiera que la consideres. Es zafia de principio a fin.
Un saludo,

Emilio.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Ja,ja... Es reflejo de esta sociedad española, no hay más. Un abrazo fuerte, por cierto, hoy día de tu segunda tierra, ¿verdad?