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domingo, 29 de diciembre de 2013

El Convento de los Ángeles de Granada

A lo largo de 2013 se han cumplido los 475 años de la fundación del Convento de los Ángeles que gracias al noble Rodrigo del Campo vio la luz en Granada en 1538; pero es éste un año especial para la Comunidad Religiosa de Clarisas Franciscanas y para los amantes del patrimonio y la historia de esta ciudad, en tanto conviven otras efemérides junto a la ya citada en torno al edificio, lástima que la indolente ciudadanía se haya preocupado poco por un conjunto patrimonial que a todas luces

Fue fundado en 1538 aunque 1570 será decisivo para su devenir posterior, pues en este año la Comunidad Religiosa establecido en él pasa a formar parte de la espiritualidad de Santa Clara y recibe una Bula del mismo Papa Pío V. Lo que no deja de ser significativo es el lugar escogido para su fundación y que en cuya elección, tendrán mucho que ver los patronos del mismo, el matrimonio compuesto por don Rodrigo Ponce de León, hijo del I Duque de Arcos (hermano del que en ese momento ostentaba el título) y que en aquel momento, ocupaba el prestigioso y nombradísimo cargo de Comendador de la Orden de Santiago. Su mujer, también noble, era Leonor de Cáceres.

Gustaba el matrimonio pasear por una zona de honda trascendencia histórica, más si cabe ahora, por las fechas próximas al 2 de enero que viviremos. Aquella era la cuesta de acceso al Campo de Ahabul que fue luego el Campo de los Mártires. Por este acceso subieron las tropas cristianas la mañana del 2 de enero a asegurar los Palacios Nazaríes y el ceremonial de la entrega de la ciudad. El matrimonio Ponce de León-De Cáceres paseaba con fruición por la zona, dominada por la Puerta de la Cuesta (Bab-al nayd) que con el tiempo, dada la gran cantidad de molinos que desde el Genil llegaban hasta la Acequia, se denominó la Puerta de los Molinos.

El paraje, sorprendente y de vistas enormes, era una agreste y singular entramado que siendo parte de la urbe, guardaba el aspecto de lejanía, boscoso y exótico y excelente para los paseos y excursiones de nobles como el Comendador de Santiago; pero quizás lo curioso aquí es que se repite como sucediera en La Cartuja, que el patrón y mecenas de una Institución conventual o monástica, “se enamora” primero del lugar y es entonces cuando decide levantar en él su obra. Así volvió a ocurrir en 1538 y a la muerte del poderoso matrimonio, sus albaceas mantuvieron vivo el deseo de ambos de seguir sufragando las obras.

Fueron entonces fundamentales dos religiosas, al punto de que ambas están beatificadas. Nos referimos a Leonor de Saavedra y a Inés de Jesús. Pero tampoco es de desdeñar la importancia que jugaron en estos años fundacionales religiosas como Magdalena de Velasco, llegada desde Alcaudete para imprimir el carácter franciscano a la incipiente comunidad clarisa o la Madre María de Mendoza Laso de la Vega, aristócrata destacadísima que llevaría como abadesa el peso del Convento.

El edificio primitivo se construyó en tan sólo dos años y en 1540 era ocupado por las monjas. El lugar ya era conocido entre los granadinos como “las Vistillas”, dando idea de por qué fue el sitio escogido por el Comendador para su fundación. El término sigue conservado en el colectivo ciudadano, casi cinco siglos después y a pesar de los modernos edificios que ya estropean parte de sus fabulosas vistas sobre la vega, el Genil o la propia Sierra, las Vistillas de los Ángeles sigue siendo el nombre que los granadinos otorgan al lugar.

Interior de la Clausura de Comendadoras, donde encontró refugio la Comunidad de los Ángeles.

En estos lugares y bajo esta protección vivió el Convento hasta la llegada del mayor de los horrores que habría de vivir España, la invasión francesa. La zona conventual se vio afectada pues las tropas napoleónicas la emplearon como arsenal de su munición. Las religiosas fueron expulsadas y buscaron alojo en el Convento de Comendadoras de Santiago hasta que estuviera todo dispuesto en el de Santa Isabel la Real, de la misma Orden, donde encontraron alojo hasta que los españoles pudieran expulsar al enemigo. No todas cupieron en el interior de aquel fastuoso Convento, por lo que hubieron de buscar unas casas en la Carrera del Darro que servirían para las monjas más jóvenes. Cuando en 1812 se conoció la noticia de la derrota francesa, al tiempo que en febrero de ese año los invasores abandonaban Granada, la Comunidad de los Ángeles se interesó por su Convento llevándose la decepción y la peor de las noticias: el edificio estaba arruinado y sería necesario reconstruirlo entero.

Las autoridades civiles, después de seis años de guerra, no estaban para ayudar ni financiar proyectos de restauración patrimonial. En 1814 el edificio era inhabitable y su deterioro palpable. Ni las monjas podían hacer frente a las obras de restauración ni los granadinos ayudarlas, de manera que en 1837, se enteran que su Convento ha sido subastado en virtud a la Ley de Desamortización que afectaba a las órdenes religiosas masculinas, pero no a las femeninas. Sin duda, el espacio en el que se encontraba y que no se hubiera vuelto a habitar (por imposibilidad, no por capricho) pesó lo suficiente como para que el Gobierno Liberal se incautara del inmueble. Mientras, las monjas de los Ángeles vivían de la caridad y de las ayudas de uno de sus benefactores, José de Villamena, en las destartaladas casas de la Carrera del Darro donde seguían desde el fin de la Guerra de la Independencia, hasta que fueron acogidas en un Carmen.

Ese mismo año de 1837 el edificio conventual es subastado y adquirido por José Siqués que comunica sin alteración alguna, que su idea es derribarlo. Convento, Iglesia, huertas y dos viviendas anexas, todo ello del siglo XVI, peligraba. Por alguna razón aquel sacrilegio contra el patrimonio y la historia no llega a perpetrarse aunque en 1847, el Convento tendrá que soportar el duro revés de ser usado como fábrica de tejidos de lienzo, que deterioraron más algunas zonas, afectaron a piezas históricas de su patrimonio, alteraron estructuras y diseños originales y sirvieron para la rapiña de coleccionistas y buitres del arte, que no dudaron en despojarlo de elementos históricos con destino a sus viviendas particulares.

Un soplo de fortuna sonrió a las madres clarisas que consiguieron reunir la cuantía necesaria para poner a salvo la que fue su casa y retornar al fin al Convento primitivo que fue, no nos engañemos, el que dio origen a la Comunidad, en tanto es imposible disolver la unión entre las Clarisas de los Ángeles y el paraje donde creció la Comunidad. Y en efecto, en 1863, hace ahora 150 años, las Reverendas Madres vieron cómo comenzaban las obras de reforma y restauración que habría de devolverles su casa. Un 23 de diciembre se bendecían las obras del Convento y un 29 de diciembre de hace 120 años, es decir, en 1893, se daba por concluido todo el proceso de reconstrucción, intervención y restauración.


La Titular del Convento durante su Procesión Anual
Fotografía del Blog "La Locura de una familia cofrade". 

Los Ángeles, en el año 2013, han vivido los 475 años de su fundación, los 150 años de la recuperación y restauración de su casa y los 120 años del fin de las obras. Cifras muy redondas y muy coincidentes; pero sobretodo, este Convento de Reverendas Madres Clarisas Franciscanas, cargado de historia, de patrimonio y de ideas de paz y bien es un monumento granadino al pasado, del presente y para el futuro. 

2 comentarios:

Rafael CM dijo...

Enhorabuena por su detallada y completa reseña. Y muchas gracias por devolvernos la memoria de quienes permitieron con su esfuerzo la recuperación y conservación de nuestro patrimonio religioso e histórico. Rafael de la Cruz

cpfeifer2 dijo...

Enhorabuena !!!
todo un ejemplo para la Ciudad Granada.
Iremos