Visitas

jueves, 26 de diciembre de 2013

Cestas de Navidad

No puedo creerme que no os haya llegado aún vuestra cesta; sí, la de siempre, la esperada, la que ha colmado de felicidad las mesas de miles de hogares y la que era bienvenida para la Nochebuena por la familia, a la espera de que la empresa del cabeza de la casa tuviera a bien recordar tan señalada fecha. De acuerdo, hemos convertido las celebraciones cristianas en una carrera a ver quién come más y mejor. Es una maratón inacabable de compromisos, citas familiares y copiosas comidas que dejan kilos de más y acogotan (y pervierten) el verdadero sentido de la Navidad. Ay, pero esas cestas, cuidadas, con sus papeles de celofán las que más, sus lazos de terciopelo las más presumidas, sus botellas, ibéricos, dulces típicos, destilados rimbombantes... Esas cestas... Esas cestas no las pilla ya ni el secretario del Ministerio, leche.

Pero si bien es cierto que el que crea que la cesta de Navidad es fiel reflejo de un consumismo exacerbado que viola el verdadero sentido, tendrá razones y se le dará, puede correr el riesgo de olvidarse que todo tiene en la vida un origen y esta cesta no iba a ser menos, incluso milenario. Hunde su historia en la lejana cultura romana y hasta las fechas del Imperio Romano nos vamos porque para celebrar la llegada del nuevo año, los romanos intercambiaban “sportulae”, unos cestillos en los que se guardaban olivo, laurel e higos secos y se incluía una nota en la que se mandaban buenos deseos a quién recibiría la cesta, tal vez (esto ya no me consta) origen a su vez de “las tarjetas”.

Esta tradición también se vincula al popular aguinaldo, en la época romana se conocía como ‘stranae’, un pago especial al trabajador, en dinero o en especies. También se conocía como stranae al intercambio de regalos entre amigos en honor a los dioses. De ahí que con la cultura cristiana asentada y dominante, las costumbres de Roma no se perdieran puesto que el nuevo credo hizo suyas muchas de éstas. Incluso en la Edad Media esta tradición pervivió, pues los campesinos transportaban los aguinaldos que iban a entregar a familiares (y recibir) en estos cestos. Con el devenir de los tiempos, cuando empresas y administraciones obsequiaban a sus trabajadores con un aguinaldo y en concreto con la archiconocida cesta de Navidad, mantenía viva una tradición de dos mil años.


Ojalá la crisis nos permita recuperarla. Y si por cualquier motivo este año sigues esperándola, que la de 2014 no falte. 

No hay comentarios: