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lunes, 2 de diciembre de 2013

Alhambra

Un implacable y vertiginoso número de ilustres visitantes nos han dejado una colección vasta de piropos sobre “la joya de la corona”. A Grace Kelly, de la mano del Príncipe Rainiero, “todo en la Alhambra le admiraba”. Michelle Obama insistía que “este tesoro permanecerá en mi mente como un bello recuerdo” y el hombre más poderoso del Mundo, el Presidente de los Estados Unidos Bill Clinton reconocía que tras la Alhambra “estaba la puesta de sol más bonita de la Tierra”. Alejandro Dumas solía repetir que la Alhambra “adelanta a todo lo visto” y Víctor Hugo describía los palacios como “una de las grandes obras de arte del Mundo.

El emperador de Japón, Naruhito, dio en la clave: “Me acuerdo del sonido del agua que pasaba por los jardines de la Alhambra y en el Patio de los Leones, fue la primera vez que me di cuenta de que el agua era importante”. La Premio Nobel Rossenberg decía que “La Alhambra es la fuente de inspiración más fértil de todas de las que he bebido”. Y el cineasta Spielberg espetó que “si tuviera que visitar de nuevo un solo monumento en todo lo que quedara de vida, sería la Alhambra”. A Rubén Darío le gustaba explicar que la Alhambra era “como el palacio de un cuento”. Pero sobre todo, el poeta aclaraba que “Ni jamás he visto cosa mayor, en Oriente ni en Occidente, que la Alhambra de Granada”. Hasta el famoso actor Brad Pitt no pudo omitir su pensamiento: “De España siempre me llevaré la Alhambra de Granada y la Sagrada Familia de Barcelona”.

No estuvo desencaminado Ángel Ganivet al decir que “De la Alhambra pudiera decirse que está en toda Europa y fuera de Europa”. Gustave Doré entendió la plástica del entorno donde se alza Alhambra y soltó: “nos quedamos deslumbrados por la más espléndida vista que pueda el hombre soñar desde la Torre de la Vela”, al tiempo que el artista holandés Maurits Cornelis Escher, sentenciaba: “La Alhambra es la fuente de inspiración más fértil de todas de las que he bebido”.

La premio Nobel Gabriela Mistral reconocía que “es fácil entender por qué millones de personas se han impresionado con la Alhambra” y de nuevo citamos a Rubén Darío: “Ni jamás he visto cosa mayor, en Oriente ni en Occidente, que la Alhambra de Granada”. Pero sin duda, será el Emperador Carlos, I de España, V de Alemania, el soberano y estadista más grande la historia de Europa, el que recoja todos los piropos, afirmaciones, sentencias y admiraciones posibles y en una frase consiga explicar qué es la Alhambra: “¡Cuán desgraciado el hombre que perdió todo esto!”. Una admiración que dejaron por escrito Orson Welles, Buster Keaton, Hemingway, Bertolt Brecht, Antonio Machado, Shakespeare, Diego Velázquez, Pablo Neruda, Unamuno, Falla, Albert Camus, Sorolla, Claude Debussy y por encima de todos, Federico García Lorca.

El Monumento más visitado de España, el mejor complejo palatino del Medievo Europeo y la más sobresaliente pieza del arte hispano musulmán sobrecoge en todas sus facetas dando muestras de su originalidad y de su estética. A lo largo de los últimos 200 años, cualquier intelectual, artista y mandatario reconocido y reconocible la ha visitado, convirtiendo al conjunto de la Alhambra en el más enigmático y sorprendente edificio de la historia del arte, quizás porque sus avanzadas técnicas decorativas, el empleo de desconocidos mecanismos creativos y la justa, proporcionada y sesuda manera de concebir los espacios, han hecho de los palacios granadinos el referente de la arquitectura musulmana y del exotismo. Alhambra, es el reflejo del refinamiento y cultura que el último pueblo de al-Andalus patentó en la Península Ibérica. Basta recordar la frase de Lope de Vega: “No sé si llamar cielo a esta tierra que piso.  Si esto de abajo es el paraíso ¿qué será la Alhambra? ¿Cielo?”.

La geometría que sirve para decorar los paramentos cerámicos representa los 17 grupos de números cristalográficos, logrados casi siete siglos antes de que fueran descubiertos y propuestos desde Rusia. Todas sus edificaciones están alzadas en torno a un número que ha sido llamado áureo, el culmen de la proporción y el equilibrio entre dimensiones, el pitagórico. La ingeniería aplicada a espacios concretos nos habla de avances impropios de la época y además, es el referente de la arquitectura contemporánea. Fue tomada como referente para Le Corbusier, sirve de inspiración al Instituto Matemático de Silicon Valley y el GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) y los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna han puesto como ejemplo constructivo los volúmenes arquitectónicos que configuran la Alhambra.

Lo primero que nos sorprende es su forma: a la manera de un barco, con la proa hacia la ciudad de Granada, se sitúa sobre la colina que recibe su nombre y que los primeros pobladores granadinos bautizaron como Sabika. En efecto el lugar fue codiciado desde siempre por su estratégica altura y su dominio sobre el barrio del Albaicín, la Vega y las sierras limítrofes. La colina se convertía en ideal para el establecimiento de un lugar protegido y guarecido de cualquier incursión o ataque, idílico para preservar a ilustres moradores y embriagador como para albergar una corte. Desde tiempos iberos fue ocupada la zona, recalando en ella romanos y al fin, el primer momento de la historia en la que nos aparece citada la Alhambra, en el año 889, cuando el caudillo de Elvira, aún dependiente del poder califal cordobés, Sawwar Ibn Hamdum, manda construir sobre la colina una fortificación defensiva, torres y residencia para el poder civil granadino que ya llama al-Hamra. Es decir, la primera vez en la historia que se denominó Alhambra, desmintiendo las teorías que especulan sobre el origen del nombre.

Éstas han venido a decir que toma su nombre de Muhammad I (al-Hamar), el primer emir de la dinastía nazarí que con capital en Granada, extendió el reino por más de 30.000 kilómetros cuadrados correspondientes a las actuales provinciales (enteras) de Granada, Almería y Málaga, más partes de las hoy Cádiz, Córdoba y Jaén. El Reino, comandado desde Granada y con residencia real en esta colina, vio nacer lo que hoy conocemos y admiramos de la Alhambra, por lo que algunos pensaron equivocadamente que los palacios tomaban el nombre del emir que los mandó construir: el Alhamar cristiano (el bermejo o rojo, por el color de su barba).

Otra teoría incide en que al construirse la Alhambra, los arquitectos, alarifes y decoradores trabajaban incesantemente durante día y noche, ayudados en las horas nocturnas por antorchas para ver su trabajo. El color del fuego sobre los muros ya alzados, se veían desde la ciudad y desde la colina frontera del Albaicín de un tono rojo y de ahí que fuera conocida por los granadinos como “la roja”, al-Hamra. Pero lo cierto es que ya había una primitiva construcción en el año 889 que se llamaba así, y se llamaba así por el color de la piedra y los materiales, muy ferruginosos, con los que se alzó aquel primitivo complejo del siglo IX y el actual, que va desde 1238 a 1445, que fue el año de los últimos proyectos arquitectónicos de envergadura bajo el gobierno del Sultán o Emir Muhammad X, decimoséptimo emir.


Y he aquí el por qué de su nombre... 

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