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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Voltaire

Si algo siempre me ha llamado la atención desde la óptica de la investigación histórica es la milenaria animadversión llevada a veces hasta extremos cruentos e inhumanos que han sufrido los judíos. El pueblo hebreo encarna a la perfección el conocido como “odio inmortal” sufrido desde la dominación egipcia, siglos antes de nuestra Era, al inexplicable Holocausto padecido por el régimen nazi. Tal día como hoy, hace 319 años, nacía el escritor y filósofo Voltaire, ejemplo de la ilustración y del respeto a la humanidad. Pero el peligro de creerse a pies juntillas la historia es inmenso, puesto que a veces erraremos encumbrando una figura que escondía apartados muy negros dignos de condenar. Hace ahora seis meses desgranaba yo la atroz forma de pensar de otro genio que desde luego no merece más consideración que la de su arte, y que les dejo aquí en referencia a Richard Wagner.

Voltaire se ha consagrado en la historia por sus aportes filosóficos y por obras literarias como la que en 1764, el “Tratado sobre la tolerancia”, cuando lo cierto es que estamos ante el primer antisemita público y notorio de la historia de la humanidad, quién sabe si no, ante la mecha encendida que estalló entre 1933 y 1945 asesinando al pueblo hebreo. Es simplemente vomitivo que en cualquier obra enciclopédica se diga literalmente del escritor y pensador francés: “Voltaire ha pasado a la Historia por acuñar el concepto de tolerancia religiosa. Fue un incansable luchador contra la intolerancia y la superstición y siempre defendió la convivencia pacífica entre personas de distintas creencias y religiones”. Porque la verdad de este filósofo la resumen sus textos y la definición que destina al pueblo de Israel que recoge nada menos que en su muy aplaudido y definitivo Diccionario filosófico, de 1764:



“¿Por qué los judíos no habrían sido antropófagos? Habría sido la única cosa que hubiera faltado al pueblo de Dios para ser el más abominable de la Tierra”.
“[...] una horda de ladrones y de usureros”.
“Son el último de todos los pueblos entre los musulmanes y los cristianos, y se creen el primero”.
“[...] los hebreos casi siempre han sido o errantes, o tunantes o esclavos o sediciosos: aún hoy son vagabundos sobre la tierra, y para horror de los hombres, garantizando que el cielo y la tierra, y todos los hombres, se crearon para ellos solos”.

Todo esto sorprende viniendo de alguien que murió siendo inmensamente rico, que fue uno de los mayores rentistas de Francia, cuando no prestamista. Que fueron tantas sus empresas financieras como fraudulentas. Que es hoy día encumbrado como el pensador de la tolerancia que desmiente lo que él mismo dejó escrito y que se apela a su casi divino nombre como “prócer de las luces” y padre del pensamiento moderno. Pero fue él el que escribió lo que vamos a poner ahora, dejando bien claro que ningún mortal es digno de recibir veneración como algunos se han encargado de hacernos creer y de hacernos pensar a lo largo de la historia. Desde luego, no quien encarnando los valores de la tolerancia, de la investigación histórica y de la reflexión, fue capaz de publicar cosas así en su  Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las Naciones, escrito en 1756:

“La religión cristiana es mala desde el principio. Por el hecho de ser una extensión de la religión judía, el credo de una nación odiosa y enemiga de la humanidad”.

 “Cuando, hacia el final del siglo XV, se quiso encontrar la fuente de la miseria española, se encontró que los Judíos habían atraída para sí todo el dinero del país a través del comercio y la usura. Se contaban en España más de ciento cincuenta mil hombres de esta nación extranjera tan odiosa como necesaria.

“[...] es cierto que habían permanecido en Andalucía desde tiempo inmemorial, pero envolvieron esa verdad de fábulas ridículas, como las que siempre ha atesorado este pueblo, cuyas gentes de buen sentido sólo se aplican al negocio, y donde el rabinato se deja para aquellos que no pueden hacer nada mejor. [...] Urdieron falsas medallas, falsas inscripciones; este tipo de artimañas, junto con otras más esenciales con las que se solía acusárseles, contribuyó no poco a su desgracia”.


“Si leyéramos la historia de los Judíos escrita por un autor perteneciente a otra nación, nos habría costado creer que hubo una vez un pueblo de fugitivos de Egipto que por orden expresa de Dios sacrificó a siete u ocho pequeñas naciones que no conocía; estranguló sin misericordia a las mujeres, ancianos y niños de pecho, reservando solamente a las niñas pequeñas; que este pueblo santo castigado por su Dios, cuando ya había sido suficientemente criminal para ahorrarse un solo hombre dedicado al anatema. No creeríamos que un pueblo tan abominable (los Judíos) hubiera podido existir sobre la faz de la Tierra. Pero como esta nación nos ha reportado todos sus actos en sus libros sagrados, es preceptivo creerlo”.

 “Siempre supersticiosos, siempre ávidos por los bienes de los demás, siempre bárbaros, rampantes en la desgracia e insolentes en la prosperidad, eso es lo que los Judíos fueron a ojos de los Griegos y los Romanos, que pudieron leer sus libros”.

 “¿No es claro (humanamente hablando, considerando sólo las causas secundarias) que si los Judíos, que esperaban la conquista del mundo, fueron casi siempre esclavizados, fue por su propia culpa? ¿Y si los romanos dominaban, no fue porque lo merecían por su valentía y su prudencia? Pido humildemente perdón a los romanos por compararlos un solo momento con los Judíos”.

“No se ve [...] en todos los anales del pueblo hebreo, ninguna acción generosa. No conocía la hospitalidad, ni la liberalidad, ni la clemencia. Su soberana felicidad consistía en ejercer la usura con los extranjeros; y este espíritu de usura, principio de toda bajeza, está tan arraigado en sus corazones que es el objeto continuo de figuras que ellos emplean en la especie de elocuencia que les es propia (…). Ninguna cortesía, ninguna ciencia, ningún arte ha sido perfeccionado en ningún tiempo en esta nación atroz”.


HOY, MÁS QUE NUNCA, CREO QUE LA BARBARIE NAZI TUVO SU ORIGEN EN ESA FRANCIA QUE AMPARADA EN LA ILUSTRACIÓN, FUE LA MISMA QUE ENTRÓ EN ESPAÑA Y LA ESQUILMÓ. Hoy, más que nunca, me siento un poco judío sin necesidad de serlo ni de renunciar a mi católica fe. 

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