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sábado, 23 de noviembre de 2013

San Fernando y Sevilla

Fernando III el Santo. Anónimo del siglo XVII Ayuntamiento de Sevilla
Lleva en sus manos a "Lobera". 

Fue un 2 de diciembre de 1230 cuando los dos reinos más pretendidos de la Península Ibérica se unen entre sí sobre las sienes del Rey San Fernando con el objetivo de recuperar para Europa, la cultura occidental y la fe católica aquel vasto territorio que antes de la ruindad de los últimos nobles visigodos fue la Hispania romana y la España del trono de Toledo. Fue con el tejido de un pendón de ese año cuando renacía con fuerzas redobladas el interés porque bajo la cruz y la cultura grecolatina, las tierras que eran de al-Andalus fueran castellanas, luego (o) españolas. Sería Isabel, madre de las Españas, la que lograra con Granada el sueño acariciado por Pelayo, pero Fernando estuvo bien cerca de lograrlo.

Ese pendón se convertiría en reliquia; la insignia y otra que con menos de 90 centímetros de largo y el sobrenombre de lobera, ha cumplido la tradición mandada por Alfonso X el Sabio de recorrer las naves catedralicias de la loca empresa arquitectónica de la Magna Hispalensis, la Catedral más grande del mundo. Bajo el universo de tracería gótica de las bóvedas sevillanas, rememorando la toma de Sevilla por el Rey Santo, el pendón y la espada han recordado que esta ciudad comenzó a ser lo que es desde el instante en que Castilla domeñó la taifa musulmana y que con este hecho de trascendencia inequívoca, la ciudad del Betis se convertiría en la primera del orbe, nadie dude eso.



San Fernando recibiendo las llaves de Sevilla. Francisco Pacheco, 1634.

Lobera es una espada de caza, la misma que el Rey, en su lecho de muerte, dejó en herencia a su hijo menor, diciéndole: “no os puedo dejar heredad ninguna pero os dejo mi espada que es cosa de mucha virtud y con la que Dios me hizo tanto bien”. En 1671 el Papa Clemente X canonizaba un héroe militar, un justo gobernante y un empecinado monarca en recuperar para Cristo territorios que lo fueron en su día. El pendón y la espada que conservaba la Catedral de Sevilla se convirtieron en reliquias y testimonios de un estadista medieval de difícil comparación en la historia. Y cada día que recuerda la conquista castellano leonesa de la tierra de Giralda y de María, el cabildo catedral y el alcalde en nombre del Rey de España, transitan la historia casi 8 veces centenaria de un pueblo, bajo la empresa católica más grande que hayan conocido los hombres. 

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