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miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿Qué tienen en común Hitler y algunos políticos españoles?

Fue en 1923 cuando, 10 años antes de que el Mundo conociera realmente el ideario perverso nazi, el Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler daba visos de su verdadera ideología. En aquella fecha se produjo el Putsch de la Cervecería, un fallido intento de Golpe de Estado en el que murieron cuatro policías y 16 miembros del Partido Nazi y que dio con Hitler en prisión. Gozó de comodidades impensables durante su estancia entre rejas y fue en este periodo cuando perpetró el libro “Mein Kampf”, Mi lucha, la patraña personal de alguien que engañó durante décadas al Mundo contando lo duro que tuvo que trabajar y el hambre que sorteó durante tiempo para salir adelante. Pero lo cierto es que nunca fue un obrero explotado como contó en su libro tras haber sido rechazado como alumno de Bellas Artes en Viena, sino que vivió gracias a una generosa herencia que le permitió despilfarrar en ópera, cafés rimbombantes y lujos inapropiados para alguien que decía haber pasado tanto. Sí, es cierto que cuando terminó de derrochar la herencia, dormitó alguna noche en albergues, pero al poco tiempo estaba fundado el Partido Nazi y supo rodearse de quiénes le procuraron una financiación que de nuevo lo llevó a darse una próspera vida, caso del fabricante de pianos Carl Bechstein.

Cuando salía de la cárcel en 1925, lo primero que hizo tan abnegado obrero (eso quería hacer creer a los lectores de Mein Kampf) fue comprar un Mercedes A 6699, un vehículo que costaba 5 veces más que el Ford más caro del mercado y que levantó las sospechas del fisco alemán. Hacienda investigó tan repentina buena suerte y solvente economía y el futuro dictador alegó un préstamo bancario, viéndose obligado a pagar unos impuestos que le permitieron abonar en cómodos plazos. Pero lo que nunca adivinó la Hacienda Pública alemana es que aquel lujoso Mercedes venía con chofer. años después de su suicidio y de la caída del nazismo a manos aliadas, el investigador Klaus-Dieter Dubon, descubrió que Hitler había ingresado 44.000 Reichsmarks (la moneda alemana de entonces) en 1925, pero curiosamente su declaración fue la de un vagabundo, porque ni declaró posesiones, ni ingresos y se declaró tan solo un humilde escritor.

El Partido Nazi empezó a operar en Wal Street, era financiado nada menos que por el barón Fritz Thyssen que se comprometió a donar periódicamente ciertas cantidades al partido y compraba en 1928 la Casa Marrón, cuartel nazi, y un piso para Hitler en Munich. A los pocos años, los alemanes escuchaban los primeros de Goebbles, que llamaba a Hitler “el más humilde de los alemanes”, una humildad traducida en una cuenta privada donde Hitler atesoraba 50.000 reichsmarks de 1933; cuando visitó la fábrica de Siemens, tenía la caradura de decirle a los obreros: “he surgido del mismo sitio que vosotros. Antes yo ocupaba el lugar que vosotros ocupáis ahora mismo, pero he ascendido en base al hambre y al trabajo, y ahora lucho por vosotros”. Lo que jamás les contó en aquella visita es que ganaba 40 veces el sueldo de un obrero de Siemens y que semanas antes había sido citado por la Hacienda germana para que explicara ciertos ingresos y justificara el impago de 405.4949 Reichsmarks en impuestos. Pero al ganar las elecciones a la cancillería general, ordenó que sus ingresos estuviesen exentos de cargas fiscales. Gracias a ello, en 1934 tenía en sus cuentas 1.200.000 Reichsmarks.

Las invasiones y guerras le valieron y mucho a Hitler: cuando en 1938 anexionó Austria, incautó la casa familiar. Los sellos que se usaban en Alemania con su imagen, pagaban derechos de autor, con la invasión de Polonia en 1939 que desencadenaría la II Guerra Mundial, se apropió del Palacio de Postdam, convertido en su residencia personal y redecorado de forma suntuosa. Incautó 7000 obras de arte para conformar un Museo que exaltara su imagen en Linz y obligó a que cada hogar alemán que se preciara, dispusiera de su libro, Mein Kampf, lo que supuso 10 millones de ejemplares y los ingresos derivados de tal operación. En 1945, antes de su muerte, los bienes de Hitler ascendían a 7.5 millones de Reichsmarks, la casa Berhof en los Alpes Bávaros y el “Nido del Águila” cerca de Berchtesgaden.


El suyo fue el ejemplo de prevaricación, cohecho, alzamiento de bienes, fraude fiscal... Y ES QUE A VECES, EL PODER CORROMPE. ¿Les suena de algo que estemos viviendo hoy día?

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