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lunes, 18 de noviembre de 2013

La esperanza de la escuela granadina

Jesús Nazareno (2013)

Predestinado al arte, formado en sus materias desde los estudios de bachiller a los superiores de la Escuela de Artes de la ciudad, cursando formación académica universitaria en la Facultad de Bellas Artes a día de hoy y con una firmeza autodidacta que le persigue, la historia de Pablo Fernández Lupión es la de un canto a la esperanza de una ciudad que llegó a ser podio de las artes y la creatividad dentro de la cultura occidental (con todo lo que ello significa) y que lleva un siglo muy por debajo de la excelencia artística que logró en los siglos de la Edad Moderna, los siglos áureos de la escultura o la pintura.

"Calvario" (2012)

Pablo Fernández tiene 23 años y una incipiente carrera que se jalona de curiosidades; el ámbito familiar y sus estudios básicos en la Compañía de María bastaron por una inclinación devocional y cofrade y el resto lo puso él traducido en una atracción por el arte; cultiva la formación en dos planos: la creativa, que supone un manejo de las técnicas artísticas y la de la historia del arte en sí, que lo lleva al estudio y predilección de varias figuras capitales de la disciplina escultórica, dándose la inmensa curiosidad que elige autores de un rotundo aporte innovador como fuente de inspiración o de dedicación. Apuesta por artistas profanos como Jean Baptiste Carpeaux, decorador del Arco del Triunfo y de los programas de exaltación del Imperio Napoleónico o la crudeza realista y descarnada de Auguste Rodin. Es un gran admirador de las vanguardias en manos de José Llimona o la granadina Carmen Jiménez Serrano. Y si ha de señalar un nombre entre los creadores de escultura sacra, es la gran etapa dorada de la escuela granadina con José de Mora a la cabeza y la patética devocional sevillana nacida de manos de Pedro Roldán y sus discípulos o seguidores los que más persisten en su imaginario ideal. Así se entienden modelos faciales que sin poder evitarlo, rinden homenaje a los grandes por los que siente encendida devoción estética.

Imagen letífica en Villanueva del Arzobispo, Jaén (2012)

De su academicismo destacamos la profesionalización en materias de  procedimientos escultóricos como la talla en piedra, madera, volumen, escultura en metal, vaciado y moldeado artístico y muy especialmente la de fundición, como a la postre, el propio Pablo Fernández reconoce vital en su aprendizaje. Veníamos a decir que su trayectoria artística se llena de curiosidades, y la primera de todas es que no se considera imaginero al uso, sino el escultor que intenta en todos los ámbitos de la tridimensionalidad artística, trabajar y hallar la obra plena. La segunda de las características que lo definen como artista es su condición autodidacta, sin haber pasado por un taller donde formarse en el oficio, que por un lado aumenta y agranda su condición de escultor, pero por otra deja al descubierto el escaso interés que los maestros granadinos en activo vienen a demostrar para con la pervivencia de la escuela y nos permite abordar un asunto que sin ser del interés de esta semblanza artística, al menos sirve para denunciar que la escuela granadina murió el mismo día que los imagineros y escultores que la defendían decidieron aislarse impidiendo con ello que 400 años de tradición y transmisión de conocimientos se abortara en sus obradores. ¡Triste realidad que denunciamos!

Dolorosa colección particular (2012)

Fernández Lupión abre taller en septiembre de 2012 en Granada; en marzo de 2013 expone piezas propias y comienza a aceptar encargos llegados desde las vecinas provincias de Jaén y Córdoba y con destino a colecciones particulares. Las primeras sensaciones que deja son las de un modelado correcto, directo y realista. Un modelado que participa de la verosimilitud del barroco granadino y que nos hizo esperanzarnos con la resurrección de los patrones estéticos patentados en el manierismo por nuestra escuela, que desde mitad del siglo XX andaban en franco retraimiento cuando no en peligro de extinción. Pablo Fernández aborda de manera sincrética los patrones granadinos y renueva concepciones de algunos talleres (José de Mora en el horizonte) con visos de contemporaneidad. Es aquí donde aporta su propia creatividad pero la magnitud de su contribución reside en los conceptos de recuperación y de afirmación de la personalidad estética de la ciudad que le ha visto nacer y hacerse artista.

Jesús Nazareno (2013)

Quizás la mejor labor que viene a desarrollar es la de la policromía, más allá de las grandezas pictóricas que consiga en sus obras. Es titánico su esfuerzo documental por reproducir con fidelidad casi arqueológica los patrones, técnicas, métodos, materiales y aplicaciones de la que durante siglos fue la mejor policromía de la escultura sacra hispana: la granadina. Con un corpus bibliográfico extenso y la experiencia dogmática de muchas noches de prueba, emula las maneras que desde Raxis a Ruiz del Peral brindaron ocasiones fructíferas a los talleres granadinos.


Define una imagen sagrada como la escultura que se carga con una hondura espiritual. Es quizás el mejor camino para combinar con sabiduría arte e inspiración devocional y la única fórmula plausible que puede funcionar para que una obra sacra tenga sentido y funcione. Sus principales virtudes residen en una impecable formación académica, universitaria y artística, su inefable devoción por el trabajo, su persistente intento por crear obras que respeten la tradición escultórica sin olvidar el aporte personal y una doble profesionalidad basada en su estatus de escultor y de restaurador, por lo que le confiaron el San Bartolomé de la Parroquial de Cenes de la Vega que ha venido a restaurar, reintegrar y limpiar en este año de 2013. 

Pablo Fernández Lupión acaba de nacer a las artes y desde que trabajó sus bustos de temas pasionistas o realizara una Imagen procesional del trasunto iconográfico de Jesús con la cruz a cuestas, con una limpieza correcta y una técnica precisa y directa como la que muestran las imágenes, teniendo en cuenta sus 23 años de edad, hemos creído a pies juntillas que estamos ante la esperanza de la escuela granadina, que en el plano creativo de la escultura (y en éste entiendo la imaginería), ha tenido a Antonio Barbero Gor como el único exponente de alturas técnicas inigualables pero alejado de las propuestas de la escuela y contemporaneizando su obra. Quizás el joven Fernández Lupión sea un antes y un después, anhelado y muy esperado, para que resucite la escuela, sus modelos y patrones. Quizás sea el momento en el que redescubramos la grandeza de sus maestros áureos y aprovechemos sus capacidades para que un escultor que no tuvo la posibilidad de aprender el oficio en ninguno de los obradores que aún hay en activo, sí que pueda ser el "restaurador" de lo granadino en la escultura. 

Mascarilla mortuoria de don Luís de Góngora (2012-2013)

Por el momento es nuestra esperanza; y la inquietud desmesurada y las condiciones y aptitudes demostradas, aun cuando está todavía en su etapa inicial, nos dice que con toda probabilidad, no nos equivoquemos al llamarlo sostén de la escuela. Sería nuestro deseo y será a buen seguro, un magnífico defensor de esta disciplina artística que nos habrá de ocupar muchas páginas en el futuro. 

San Bartolomé antes de su restauración. (Siglo XVI, Parroquial de Cenes de la Vega)

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