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martes, 26 de noviembre de 2013

Isabel la Católica

"El testamento de Isabel la Católica". Eduardo Rosales, 1864.

A pesar de que nos hemos ocupado de la figura de la Reina Isabel en no pocas ocasiones, refiriéndonos a ella como gestora del Nuevo Estado y recordando la trascendencia de su matrimonio, en un día como hoy que se cumplen 509 años de su muerte y aprovechando que la Serie Isabel de TVE rinde homenaje a una de las más preclaras figuras históricas que ha dado España, creo oportuna la consagración de su figura y volver a resaltar algunos de los logros de su reinado, cuando no gracias a su propia intervención que la han terminado por catapultar como una de las gobernantes más acertadas y con el legado de mayor prosperidad en la historia moderna y contemporánea.

He querido beber y embeber la producción e investigación de Manuel Fernández Álvarez (Director del CSIC, catedrático de Historia de la Universidad de Salamanca) y de Manuel Ríos Mazcarelle, el más prolífico de los historiadores y de los escritores sobre la Monarquía española y la historia que le es propia. Y apunto esto como ejemplo de un rigor histórico que trasciende los “ensayos” y opiniones escritas de cuántos detractores pueda tener la figura de la reina más evocadora y reformadora que conoció Europa. La artífice de que España fuese la nación más poderosa del Continente. 

Bajo su reinado se gestaron empresas socio-económicas y transformaciones civiles que sin duda, permiten llamarla la “arquitecto de España”. Recordamos algunas de ellas de manera sucinta:

-Reformas en Justicia, el Clero, la Nobleza y el Orden Público.
-Creación de la primera policía del mundo.
-Expulsión de 40.000 forajidos.
Fortalecimiento de la autoridad real y freno a los desmanes de la nobleza.
-Repartición justa de los impuestos (Cortes de Toledo, 1480)
-Medidas sociales con los bienes incautados a la nobleza destinados a huérfanos y viudas de los militares.
-Control del poder eclesiástico.
-Reforma de las Órdenes Militares.
-Profesionalización del Ejército.
-Invención de la artillería militar.
-Fundación de los primeros hospitales profesionales (Reales y/o Militares).
-Remodelación del Consejo del Reino y del órgano de la Corte.
-Creación de la nueva administración de justicia.
-Apoyo a la industria y comercio lanar.
-Unidad legislativa para el territorio (Leyes de Toro).
-Política diplomática de alianzas (matrimonios regios).
-Apoyo y financiación al Descubrimiento de América.

Isabel es madre intelectual de España; hemos dejado fuera de la lista la unificación bajo una misma corona y trono de los reinos peninsulares alcanzando España las dimensiones que conserva actualmente entre las fechas de 1474 y 1504, salvedad hecha de Navarra que se debatía en guerra civil desde la muerte de Carlos, Príncipe de Viana, en 1461. No podemos dejar de pensar en la influencia y gobierno directo de Francia sobre un reino navarro que tenía poca posibilidad de autogobierno y que cuando es incorporado a la Corona de España en 1512 (así consta en los legajos, por el contrario de lo que algunos apuntan) se divide en dos, siendo la Baja Navarra desde entonces, parte de la vecina Francia. No es pues indicativo que en 1504 a la muerte de Isabel, Navarra no formara la nacida España. Los Reyes Católicos no estaban dispuestos a injerir en un territorio que se debatía en Guerra Civil aunque los Acuerdos de Ejea (1467), la Paz entre agramonteses y beaumonteses (1476) y lo más importante, el Tratado de Valencia (1488), que prohibía que hubiera tropas navarro-gasconas en Navarra, obligaba a los alcaides y soldados de las fortalezas a prestar pleito homenajea a los Católicos e impedía el matrimonio de los hijos de los reyes navarros sin autorización de Isabel y Fernando, deja bien claro, que sin necesidad de anexión, la tutela de España sobre Navarra era rotunda y podemos afirmar que para 1492 era España y no reino independiente.

Isabel Clara Eugenia; Juan Pantoja de la Cruz, 1599

Salvado este escollo, lo que nos interesa ahora es incidir en mentiras históricas que han resumido de manera cicatera y falaz a la Reina Isabel, comenzando con la famosa (tan famosa como mentirosa) historia de la promesa de no cambiarse de camisa hasta conquistar Granada. Lo cierto es que ocurrió 110 años después y sin saber aún por qué se le atribuye a Isabel la Católica, fue protagonizada por su tataranieta, Isabel Clara Eugenia, Gobernadora de los Países Bajos en nombre de su padre el Rey Felipe II.

"El sitio de Ostende". Pieter Snayers, 1626-1627

El error histórico se fundamenta en el primer nombre de ambas protagonistas, aunque si esta supuesta promesa la realizó la soberana en 1491, la verdadera se llevó a cabo en 1601, 110 años después y a miles de kilómetros de Granada. Durante la Guerra de los 80 años (1568-1648), los sublevados contra España habían conquistado varias plazas capitales. Una de ellas fue Ostende, en la actual Bélgica. Los españoles al mando de Ambrosio de Espínola, tuvieron que sitiar la ciudad durante tres años, resistiendo entre sus muros al mando de Francis Vere los ejércitos de las Provincias Unidas. En calidad de gobernadora, Isabel Clara Eugenia dijo al inicio del sitio que no se cambiaría de camisa hasta tomar Ostende, pero desconocemos si aguantó con su sacrificio a Dios los tres años de asedio.

Boceto preparatorio de Francisco Pradilla, 1881. 

De ese intento de ridiculización higiénica a Isabel la Católica vino confundir un episodio con otro 110 años posterior; además, los documentos de la época son aplastantes: Hernando de Talavera, entonces Arzobispo de Granada, reprendía a la Reina Católica por “el excesivo cuidado que prestaba al cuerpo”. Y conviene además contar que el caballo que nació de la mezcla de las caballerías reales con los ejemplares árabes de las cuadras nazaríes, fue llamado isabelino. Sobre todo el de pelaje blanco oscuro, que decía Hernando de Zafra, secretario real, le recordaba a “la camisa de Su Alteza”.

Disipada esta duda, este craso error histórico, afirmamos sin miedo a equivocarnos que la Reina fue una joven “adelantada a su época”. Rechazó y se negó a matrimonios que le impusieron (aún no era ni monarca ni nadie en Castilla), algo que tanto valoramos de lo que han hecho las monarquías europeas del siglo XX. No sería tampoco justo que dejáramos de valorar y de ensalzar que una mujer, hace 540 años, se impusiera al hombre y gobernara sin ceder lo que legal y moralmente le correspondía: ejercer de Reina. Aún más si cabe cuando todavía hoy, la mujer es víctima de atropellos sociales que también se intentaron con la Reina Isabel.

Monumento a Isabel la Católica en Madrid. Manuel Oms, 1883

Un último par de anécdotas humanizan su figura. Jugaba Fadrique Enríquez con su sobrino, el Rey Fernando el Católico. Le ganó a los dados y se rió de ello con simpatía y la euforia contenida durante el juego, por lo que la reina le llamó la atención. Fadrique, además de tío carnal del Rey, era Almirante de Castilla, y le hizo ver a Isabel que estaba bromeando con su sobrino; pero la Reina le reprendió diciendo: “un Rey no tiene familiares ni amigos, lo es hasta la muerte”. Esto explica su sentido del deber y la segunda anécdota, ha dejado una frase para la historia.

A pesar de que los reyes eran de una moderación en el gasto y de una sencillez importante, en la cocina Isabel odiaba el ajo. Sentía una profunda aversión por el mismo y dejaba bien claro a los cocineros que no lo emplearan bajo ningún concepto. Pero en una ocasión alguno de éstos olvidó la indicación y usó en el guiso ajo; para cuando quiso remediar el fallo, era tarde y esperaban el servicio del almuerzo, así que decidió disimular el sabor usando todo tipo de especias, sobre todo perejil, de un intenso sabor con el que creyó poder enderezar el entuerto. Pero Isabel detectó el sabor a ajo y espetó: “¡venía el villano vestido de verde!”, que ha quedado como frase histórica de ironía latente.

Reconstrucción del Campamento de Santa Fe

Al fin, durante el asedio a Granada, los reyes mandaron construir un campamento en las inmediaciones a la Ciudad de la Alhambra. El 14 de julio de 1491, un formidable incendio redujo a cenizas los barracones, tiendas y partes de esta improvisada ciudad, a punto de llevarse por delante la vida de los Reyes Católicos. Quedó Isabel sin ropa siquiera con qué vestirse, perdiendo todo su ajuar en el incendio de la tienda real pero gracias a don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, se salvó la situación. No hacía tanto que el brillante militar se había casado y dejaba en la vecina Íllora a su mujer y las ropas y vestiduras de ésta, no dudando en ofrecerlas a la Reina, que quedó sorprendida por su riqueza y lujo, más del que ella solía hacer uso. El Gran Capitán le recordó que estaba cerca la Conquista deseada y ansiada de Granada y le dijo: “Todo es poco para ser presentado a tan Gran Reina”.

Sí, la arquitecto y madre de España. La que moría con Granada en sus labios, tal día como hoy, hace 509 años

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