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jueves, 7 de noviembre de 2013

Historias de la Mili

"Carlos III en San Pedro". Giovanni Paolo Panini, 1750.

Tal día como hoy, hace 243 años, nacía en España el reclutamiento obligatorio militar mediante una Real Orden refrendada el 7 de noviembre de 1770 por el Rey Carlos III que con el tiempo, terminó convirtiéndose en la archiconocida MILI. En noviembre del año 2000, tras haber estado presente en las vidas de millones de españoles y de millones de familias y después de 230 años de vida, el Gobierno español acababa con el último sorteo de los “quintos” un noviembre de 2000 dando por finalizado el reclutamiento obligatorio que a la postre, deja en España frases y expresiones populares y millones de anécdotas para forjar en definitiva, la historia misma de una nación.

Soldados del Ejército Español en 1793

Carlos III se empeñó en reformar España, de cabo a rabo, sin dejar nada que no tuviera nuevos aires. Y la cuestión militar no iba a quedar al margen de las profundas reformas, casi todas acertadísimas, que convierten al monarca en uno de los más activos y más prolijos de  nuestra historia, con permiso del Emperador Carlos. Hasta la promulgación de esta Real Orden, el ejército español se abastecían a través del reclutamiento voluntario y las levas forzosas, de manera que presidiarios, vagabundos y “maleantes” de la época, pasaban de golpe y porrazo de ser unos parias sociales a vestir nada menos que el uniforme de los Tercios Españoles y formar parte del más temido e invicto ejército de los tiempos modernos.

En caso de guerra o conflicto, que a lo largo de los siglos ha sido la tónica habitual de nuestro país, no sobraban efectivos ni se podía presumir de voluntarios, obligando a la Corona a realizar reclutamientos forzosos entre las ciudades. Los Cabildos Municipales tenían que contribuir a las causas bélicas de tan vasto imperio con un número determinado de hombres que además estaban obligados a llevar ellos mismos el equipo necesario y a rezar porque la paga prometida, la soldada, llegara en tiempo y número. ¡Lo menos probable! De no ser así, las ciudades se enfrentaban a una cuantiosa reparación económica, gravándose los productos, alimentos o impuestos de forma desorbitada, por lo que rara vez no mandaron a los cuarteles el número de hombres solicitado.

Pero el número de voluntarios disminuía de forma preocupante así que a Carlos III eso de las contribuciones generosas y loables de sus poblaciones le pareció una medida propia de los tiempos en los que se implantó y necesariamente a reformar y dicho y hecho, introdujo el sistema de quintas pero minimizando su influencia, de manera que se limitara a cubrir las necesidades militares reclutando varones solteros de entre diecisiete y treinta y seis años, que al menos estuvieran sanos. Nada especial.  

"Promulgación de la Constitución de 1812". Salvador Viniegra, 1912.

La modernidad de un rey del siglo XVIII como Carlos III sigue sorprendiendo hoy día; previó exenciones tales como compromisos y cargas familiares e incluso permitió que se recurriera el reclutamiento alegando situaciones profesionales. Pero lo más importante que recogía esta Real Orden de hace 243 años, casi de manera visionaria, es que no estaba permitido pagar para librarse del servicio militar, ni se permitió en tiempos de Carlos III que aquel ciudadano que le había tocado servir al ejército y provenía de una familia con posibles, se escapara de su contribución al Reino enviando a otro en su lugar previo pago de lo estipulado en un acuerdo entre partes. Desgraciadamente, la tan loada (y casi siempre con razón) Constitución de 1812, que el tiempo demostraría que no era perfecta, sí que permitió esta injusticia cuya práctica se mantuvo durante más de un siglo. Las familias pudientes libraban a sus hijos del servicio militar y llegado el caso, de ir a la guerra. Los pobres por el contrario, perdían la vida en América, en África o en Filipinas.

Resulta muy curioso cómo en 1800, la mejor manera de dejar claro que eludir el servicio militar era rastrero, fue acuñando una expresión salida desde el Gobierno: “poco se puede esperar de un hombre que se vende por otro”. Pero las Cortes de Cádiz que han sido puestas una y mil veces como ejemplo de progresía para su época, admitió la “exención por donativo”, la “redención en metálico” habida cuenta que uniformar y armar a un soldado podía costar unos  15.000 reales. Los liberales y progresistas, acababan de crear una elitista manera de sentirse patriotas sin serlo y que produciría vergonzosas e injustas situaciones a lo largo de más de un siglo. A España la empezarían a servir los  soldados de las clases sociales más bajas que no disponían de recursos como los ricos para dejar que se partieran la cara por un bien común “los más desfavorecidos”.

Canalejas

En 1912 era Presidente del Gobierno José Canalejas, infundado en un espíritu reformista que desgraciadamente su asesinato el 12 de noviembre de ese año frustró. Una de estas renovaciones sociales fue la creación del servicio obligatorio para todos, tal y como 142 años antes había previsto el Rey Carlos III. Desde ese instante, el soldado de cuota acababa con la triste figura de la sustitución y de la  redención en metálico que habían inventado y permitido los liberales de 1812. Se presuponía que desde este instante, nadie se libraría servicio militar, pero como la medida fue impopular entre los afectados, se estipuló que pagando 1000 pesetas sólo se haría una mili de 10 meses y pagando 2000 pesetas, de cinco. ¡El honor y la contribución a la sociedad se compraba y se vendía! Y hay que recordar que Canalejas era un liberal-progresista, de manera que a los ricos, los han favorecido los gobernantes sociales siempre. Contradicciones de este país.


Los pobres que no podían pagar se comían una mili de tres años y por supuesto, eran los primeros que, en caso de guerra, serían movilizados. De esto sólo te salvaba el dinero o ser hijo de viuda. Como eximente máximo, una discapacidad física. Así se mantuvo con Alfonso XIII, así lo mantuvieron los republicanos y al llegar Franco al poder, se abolió el pago. Sigue siendo muy curioso: precisamente un “dictador” es el que acababa fulminantemente con la “diferencia de clases y de estatus económico” a la hora de hacer la mili. Llegada la democracia, los gobiernos progresistas del Partido Socialista no acabaron con la Mili, pero sí el conservador de José María Aznar. El caso es que un repaso a nuestra historia y en concreto, a las de la Mili española, nos deja cosas, cuando menos, muy curiosas... 

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