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domingo, 10 de noviembre de 2013

Gabinas de Cochero

En Granada “llueve más que cuando enterraron a Zafra” y las cosas son más delicadas que la Calle de la Colcha; pero también los hay que hablan cosas insustanciales, que mantienen conversaciones sin ton ni son y que sus opiniones y charlas resultan, sin lugar a dudas, intrascendentes. En aquella Granada de hace siglos, de oficios la mayoría de ellos perdidos en el tiempo, uno de los que gozó de cierto prestigio y reconocimiento fue el de cochero, que sin embargo, ha acabado sus días retratado de manera jocosa cuando el castizo, en un sorprendente y fresco ejercicio de “granadinidad” se atreve a decir: “eso son GABINAS DE COCHERO”, intentando decir y explicar que se trata de algo sin relevancia, absurdo o una nadería.

Al  parecer, los cocheros granadinos mantenían con sus clientes conversaciones tontas, sin importancia, más por no parecer estúpidos que por entretener. A fin de cuentas se trataba de fidelizar clientes para el futuro y no como nuestros prudentes taxistas de la actualidad, que prefieren no pasar a la historia como estos cocheros que los antecedieron en el ejercicio del mismo trabajo. Porque me han de reconocer que es difícil dar con un taxista que rompa hoy día el voto de silencio que escrupulosamente mantienen de no interferir ni molestar al viajero bajo una regla que ríete de los cartujos.

Los cocheros de Granada decidieron constituirse en gremio, hacer sus ordenanzas y protegerse unos y otros de injusticias o robos. Eran uno de los 40 oficios granadinos que en el siglo XVII tenían su propia estructura gremial, a manera de los Colegios Oficiales Profesionales de la actualidad. Había un examen que había que superar para poder convertirse en cochero por el que se pedía un real y había que demostrar una limpieza de sangre para poder “coger las riendas del carruaje”. Mientras que los plateros, albañiles, sastres o sederos eran moriscos en un amplio tanto por ciento, los cocheros se dedicaban al prestigioso y elitista oficio de transportar y pasear a lo más granado de la sociedad, luego habían de ser cristianos viejos cuanto menos.

Los cocheros granadinos tenían su alcalde, su veedor y sus representantes, pero a diferencia de otros gremios seguían desprotegidos, lo que dio lugar a que establecieran de manera legal un régimen social que les otorgara el deber de una cotización para tener derecho a una prestación que poco tenía que envidiar a la actual: seguro de enfermedad, vejez o pobreza, con auxilios concretos en caso de enfermedad y previsiones si hacía falta la sustitución del enfermo, que fuera asistido por un médico o ingresado en un hospital. Y para ello, en 1680, crean una Cofradía, el organismo más capaz y más garante del bienestar en la España barroca.


El caso es que parte indispensable de su atuendo era un generoso sombrero de copa que era conocido como GABINA. Alto, enhiesto y orgullosamente voluminoso, algunos cocheros más que simpatía demostraron pesadez, cansinos profesionales con una verborrea tan grande como su gabina (su sombrero). Y fue así como nació la expresión, cuando se oyen chorradas, cosas intrascendentes o se ha hecho algo irrelevante, que son GABINAS DE COCHERO. 

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