Visitas

viernes, 8 de noviembre de 2013

En busca del Arca Perdida

El esoterismo nazi

Las locuras del universo nazi dan para que cada día esta Alacena siga recordando al Mundo de qué es capaz la sinrazón. Mientras en la Alemania del Tercer Reich se asesinaba sin pudor a todo aquel que no cumpliera con los preceptos arios, el dinero robado vilmente al pueblo judío se empleaba entre otras, en crear la Deutsches Ahnenerbe, o “Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana”, un organismo nacido en 1935 con la finalidad de llevar a cabo investigaciones para después darlos a conocer sobre la “supremacía racial, la genética germana y el pretendido pasado casi divino de los arios”. Con los años, el pseudo proyecto científico pasó a depender de la temible SS, que comandaba con puño de hierro Heinrich Himmler y desde 1940, viró en sus trabajos científicos: ahora les interesaban las expediciones arqueológicas.

El Castillo de Wewelsburg, sede de la Ahnenerbe

Cualquiera de estos trabajos parecen sacados de un guión de cine de aventuras; de hecho, no pocos argumentos de la conocida saga de Indiana Jones parecerían sacados de la ruta proyectada por los nazis desde 1940 en adelante. La organización, acabó sentada en el banquillo de los acusados de los Juicios de Núremberg en 1946 y fue entonces cuando empezó a conocerse la utópica e increíble historia de esta Sociedad semi secreta del aparato alemán. Porque lo que realmente perseguía la Ahnenerbe era recorrer el Mundo tras la pista de los orígenes del pueblo ario, en un intento tan irracional como megalómano de demostrar con pruebas la superioridad racial aria. Y así fue como desde el Castillo de Wewelsburg, sede central de la organización, un buen día se extendió sobre una mesa de trabajo el mapa de la Península Ibérica y se señaló a España como el lugar más certero donde podían encontrarse los tesoros, símbolos antiguos y pruebas fehacientes del paso heroico del pueblo ario por el Mundo.

Todos los esfuerzos se conducían a demostrar que la raza aria era superior 
y en buscar piezas únicas que darían la victoria a los nazis. 

Dentro de la Ahnenerbe la sección más mimada y más dotada era la ESOTÉRICA, que se encargaba de propagar el poder mágico de diversos objetos que harían de Alemania la nación ante la que se arrodillarían los demás pueblos. A algunos, este mensaje más propio de la Bruja Lola o de cualquier engañabobos de las televisiones fraudulentas que exhiben tarot a diestro y siniestro les sacará una sonrisa, pero hay que recordar por desgracia que si los nazis se convencieron hasta tal punto de su superioridad y se empeñaron en el exterminio judío, que creyeran en una colección de objetos legendarios era a fin de cuentas hasta un cuento bonito y curioso. Más nos hubiera valido que los esfuerzos del Tercer Reich se hubieran centrado en estas naderías y no en construir el mayor horror de la historia de la Humanidad.

La piedra escocesa de la coronación, supuestamente, la del Jacob bíblico.

Dicho lo cual, el primer proyecto fabuloso de la Ahnenerbe fue robar de la Abadía de Westminster la Piedra de Scone que se empleaba en las ceremonias de coronación de los reyes escoceses durante la Edad Media. En el siglo XIII la Piedra fue capturada por el rey Eduardo I de Inglaterra y llevada a la Abadía de Westminster en Londres, para emplearla en la coronación de los reyes ingleses. En 1996, el Gobierno Británico decidió devolver la Piedra a Escocia, con la condición de que volviera a Londres para su uso en futuras coronaciones, por lo que ahora puede ser vista en el Castillo de Edimburgo, junto con las joyas de la corona escocesas. Tan legendaria pieza tiene una leyenda detrás: en esa piedra descansó su cabeza Jacob justo cuando soñaba con la escalera que e iba a llevar a Dios. Pero el Tercer Reich fracasó en este robo.


Himmler y el Padre Ripol a la entrada del Monasterio de Montserrat.

Pero un buen día, los investigadores de la Ahnenerbe llamaban a rebato entre los muros del Castillo de Wewelsburg. ¡Tenían sólidas pistas de dónde podía estar la que quizás era la más codiciada pieza de la historia de la humanidad! ¡Podían asegurar que el Santo Grial estaba en España! En una visita a la España de Franco, Himmler era llevado al Monasterio de Montserrat; pobras de arte, piezas piadosas, la cámara de la Virgen, la Iglesia... hasta que el guía de la visita, tuvo el error de hablarle al lugarteniente de Hitler de los casi milenarios pasadizos subterráneos del Santuario que comunicaban con los intestinos de la Montaña; Himmler confesó su deseo de visitarlos y el Padre Ripol se negó. Aquello despertó más si cabe el interés del nazi que estaba convencido que no le conducían hasta los pasadizos porque tenían que ocultar algo muy valioso.  La visita a Montserrat no fue fortuita; la Ahnenerbe insistía en que el Santo Cáliz estaba escondido allí desde el tiempo de los templarios, por lo que Himmler, casi gritando, se encaró al Prior y le espetó en la cara: “¡Todo el mundo en Alemania sabe que el Grial está en Montserrat!”. Además, se negó a besarle la mano a la Virgen de Montserrat; la Moreneta pertenece al conjunto de obras marianas medievales conocidas en el mundo del arte como VÍRGENES NEGRAS, una ofensa para un racista como él. Para colmo en el museo monasterial se conserva restos de un íbero de una talla inusual para un hombre de hace 2.700 años. Cuando lo vio, aseveró sin dudarlo que se trataba de un guerrero nórdico y en el instante en que el Padre Ripol le dijo que por las fechas en que se databa el esqueleto era imposible que hubiera nórdicos en España, el enojo del tirano nazi fue en aumento y le respondió airado que los íberos eran oriundos del norte de Europa y ese prodigio genético lo demostraba. 

Y no sería éste el único sitio español en dónde volverían sus ojos los nazis... La Ahnenerbe quería la otra gran pieza de la historia de la humanidad: el Arca de la Alianza. La sección arqueológica determinó en 1939 que se encontraba en España y rápidamente, la locura nazi quiso disponer de un arma tan poderosa que según el Antiguo Testamento, sólo tocarla provocaba la muerte, poseerla, la victoria. La tradición hebrea decía que sólo un gran rabino podía abrirla sin morir y para ello debería conocer el verdadero nombre de Dios. La única forma era mediante la cabalística; por paradójico que parezca, los nazis encontraron a un cabalista judío en el Campo de Auschwitz. El pueblo al que había que exterminar ahora era semi-sagrado. ¡Cosas de la locura! Y el cabalista, que por nada del mundo querría volver a un campo de exterminio como éste, calló lo que conocía de su cultura: tras la muerte de Cristo y el posterior desgarro del velo del Templo de Jerusalén, el pacto entre Dios e Israel se rompió, y el Arca perdió su poder.

Mano a mano, los nazis tragaron y se vieron trabajando codo con codo con el archienemigo judío. Y el cabalista, deseoso de alargar cuanto más su vida, fue llevando a los miembros de la sección esotérica de la Ahnenerbe hasta la Comunidad judía de Toledo, asegurándoles que allí encontrarían la información suficiente para hallar la tan pretendida Arca. Empeñados en ello, pusieron al servicio de tamaño despropósito hasta al máximo responsable del espionaje de la Wehrmacht, que fijó sus ojos en el Museo Arqueológico Nacional,  en concreto en las salas de Arte Egipcio. Una de la salas más brillantes exhibía sarcófagos egipcios, pero con ningún parecido ni siquiera cercano a las descripciones del arca hebrea; las autoridades franquistas empezaron a pensar que aquella visita de octubre de 1940 por España realizada por Himmler, era cuanto menos, extraña. El segundo del Tercer Reich y verdadero jefe del terror, se detenía en sitios poco ortodoxos para una visita de Estado, como demuestra la fotografía de arriba, ante la Dama de Elche en el Museo Arqueológico de Madrid, el Nacional. Cuando terminó la visita, Himmler ya sospechaba que el Arca de la Alianza, seguro que no estaba en España. 

Asesinos y locos... Y todavía argumentaban la supremacía aria...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde luego que poco finos andan los buscadores actuales del Santo Grial, que lo buscan oculto en mil sitios cuando está expuesto a la veneración pública en una capilla de la catedral de Valencia.
Por cierto, es curioso como rebuscando el paradero del Arca de la Alianza no tomaran en cuenta otras tradiciones sobre su paradero como la que sitúa el Arca en Etiopía. Aunque claro, bien sabemos los cristianos que el Arca de la Nueva Alianza está en el cielo en cuerpo y alma y es la Santísima Madre de Dios.

Xristoforos Theotokou