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lunes, 25 de noviembre de 2013

El último rey de Granada

Ellos fueron los Nasr, emires de Granada, gobernadores del último reducto del Islam en Europa, representantes de la cultura andalusí y edificadores del mayor y mejor edificio medieval europeo y cumbre del arte musulmán (qué decir del arte hispanomusulmán): La Alhambra. Los nazaríes fueron 22 reyes de una Granada que la formaban desde Cádiz, pasando por las provincias de Málaga, Almería, la granadina y otros lugares de las vecinas provincias actuales, extendiendo sus dominios sobre más de 36.000 kilómetros cuadrados, 3 veces la actual provincia de Granada.

Restos de la Rawda Real de la Alhambra

Descansaron en un principio en el Cementerio de la Sabika, que hunde sus raíces en los pueblos iberos y romanos. En el actual Paseo de Coches o acceso a la Alhambra desde Plaza Nueva y la Cuesta de Gomérez, se sepultaron el fundador, Alhamar y su hayib, el comandante en jefe de las fuerzas militares nazaríes. Pero fue a principios del siglo XIV cuando en torno al Palacio de Comares y del Partal, aprovechando la X`aria (explanada) y en buena parte de los que es hoy el Palacio de Carlos V, se construyó la Rawda Real para que desde Muhammad II en adelante, con la excepción de Muhammad V (el gran constructor del Palacio de los Leones, por ejemplo) y Abu al Hasan (Muley Hacén para los cristianos) se enterraran los soberanos granadinos.

Capitulaciones de Granada

Pero fue en 1491, un 25 de noviembre, por tanto hace ahora  522 años, que se firmaban las Capitulaciones de Granada, los acuerdos en los que el último emir y los Reyes Católicos pactaron la rendición de la ciudad y la entrega de esta al poder de Castilla y la fe católica. Ante las murallas granadinas, casi 90.000 soldados de 12 nacionalidades distintas esperaban que un emir, condenado por los suyos, abandonase la pretendida y acariciada capital. Desde el 25 de noviembre al 2 de enero, cuando se cumplimenta la entrega, pasaron 37 días, tiempo más que suficiente para poner en orden todo lo necesario; imaginamos que el último emir intentó asegurarse el resto de sus días, eliminó documentos comprometedores, dispuso lo necesario y no se olvidó de algo que para él era fundamental: exhumar los restos mortales de sus antepasados y llevarse consigo los huesos de los Reyes de Granada.

Restos del Castillo de Mondújar a cuyos pies estuvo el cementerio real

En el Valle de Lecrín, a 30 kilómetros de Granada, está Mondújar, un pequeño pueblo que en las fechas que nos ocupan pertenecía como señorío personal a Aixa al Horra, la madre de Boabdil y legitima del penúltimo emir. Allí mandó enterrar el sultán a la familia real nazarí a los pies del castillo que eligió en 1485 su propio padre, Muley Hacén, para retirarse y en donde murió. La leyenda de su entierro no es más que un “cuento dorado” aunque si algo tiene de verdad, es la proximidad de las nieves de Sierra Nevada, pero ya está. En esa rauda sencilla y sin el esplendor de las lápidas de mármol que conserva el Museo de la Alhambra, descansó Muley Hacén y por ello decidió Boabdil unir al cuerpo de su padre, los de todos los emires.

"El suspiro del Moro". Francisco Pradilla, 1888

Boabdil cruzó por Mondújar camino del exilio, pues se dirigía hacia las tierras concedidas en las Capitulaciones a la familia real nazarí, en Andarax, la Alpujarra almeriense. La comitiva la conformaba la familia, sirvientes directos y arcones con recuerdos, aunque no faltaban las joyas de la corona, muebles y telas. Este lugar de “destierro dorado” fue escogido por los Reyes Católicos con enorme cuidado. Andarax alejado de la capital y del mar en previsión de un intento de sublevación que animara a los musulmanes. Y en Andarax se establecieron Aixa, Boabdil y su esposa Moraima, llegando al poco Ahmed y Yusuf, los dos hijos del real matrimonio, pero el sucesor murió a mediados de 1492. Por algún motivo Boabdil no se sintió jamás a gusto en su nueva tierra y escribe un 8 de julio de 1493 a los Reyes Católicos anunciándoles su intención de marcharse. Isabel y Fernando son los encargados de comprar el señorío y asegurarle cierta solvencia económica al último emir.

Antes de la partida, el 28 de agosto de 1493, moría Moraima y a principios de septiembre se le enterraba en el Cementerio de Mondújar, convirtiéndose en la última soberana en recibir sepultura en suelo granadino. Aquel cementerio que nos lo describen con una extensión de 6 marjales (alrededor de 3. 300 metros cuadrados) quedó la historia real. Muhammad al- Mayrat y su esposa, que con nombre cristiano se llamaba Isabel Nihiriza, eran los mayordomos personales de Moraima y los que se encargaron de hacernos saber que Boabdil repartió los bienes de su esposa entre los necesitados de Mondújar y dejó pagado y encargado al alfaquí que fuera a rezar dos veces por semana sobre su tumba y sobre la de los otros emires.

Lápida real en el Museo de la Alhambra

En 1542 primero y luego en 1574 se fueron encontrando los sepulcros reales en la Alhambra. Se necesitaba espacio para las obras del Palacio del Emperador Carlos y aparecían las losas, unas de alabastro, otras de mármol, con los fantásticos poemas grabados en su superficie que recordaban a los emires allí enterrados. Pero no había ni resto de los huesos y cuerpos reales; sólo apareció un gigantesco esqueleto humano que algunos relacionan con algún hayib del ejército granadino. Estaba claro que Boabdil no quería que por cualquier motivo, los cristianos violaran el descanso eterno de los suyos y no se arriesgó a profanaciones posteriores.


El cementerio de Mondújar fue clausurado por mandato del Rey Fernando el Católico y rellenado de tierra para ocultarlo en 1509. Se trataba de que los musulmanes terminaran por abrazar la fe católica y olvidaran usos y costumbres, especialmente funerarios. Fue así como se pudo preservar tal y como quiso Boabdil, pero lo que jamás imaginó el último emir de Granada ni ninguno de los amantes de la historia, es que unas obras, en 1988 iban a masacrar los restos mortales de la Casa Real Nazarí. Ese año, las tumbas fueron removidas y los huesos esparcidos, quedando ocultos bajo el asfalto de la circunvalación de Mondújar. Los emires y la familia habían sido saqueados, restituidos por una carretera y estuprada la historia. Después de 400 años allí, la insensibilidad, la barbarie y la estupidez de unos pocos, silenciaron a los responsables de la obra cumbre de la arquitectura palatina, de la construcción medieval y de la cultura que durante casi 8 siglos, reinó en la Península. 

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