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jueves, 28 de noviembre de 2013

El té de las cinco

El té en el Palacio de Buckingham

Cabinas rojas, autobuses de dos plantas, guardias de extraños sombreros, conducir al contrario que la inmensa mayoría... y el té de las cinco. Es el colmo de lo inglés, de lo británico. Una merienda importada desde las islas al resto del Mundo a pesar de que el té gozaba desde dos mil años antes de Cristo de toda la tradición y popularidad que los chinos encontraron en la bebida. El té les pudo venir a los ingleses al ser dueños de India en el dorado instante de su Imperio; otros, apuntan a que detrás de tan típica costumbre inglesa está Anna María Stanhope, Duquesa de Bedford, que hacia 1840, despertó de una siesta con hambre justo en el momento en que recibía visita en su palacete de Woburn Abbey, de modo que para comer algo a la vez que atendía a los invitados, mandó al servicio que prepararan pastas, sándwiches y creyó conveniente acompañarlo con té, creando de golpe y porrazo la costumbre de la merienda “british” por naturaleza.

Siguen insistiendo que la Duquesa de Bedford recibió incluso a la misma Reina Victoria y que se fue extendiendo esa manera tan peculiar de “merendar”, con tanto refinamiento, por lo que la reina casi que impuso la costumbre. Pero lo cierto es que el té inglés, fue popularizado, impuesto y dado a conocer por una ibérica, por una europea del sur, por la portuguesa reina consorte, Catalina, esposa de Carlos II de Inglaterra.

Carlos y Catalina comenzaron a reinar en 1662.

Carlos comenzó a reinar después de un breve periodo de republicanismo inglés y tras una guerra civil desoladora. Catalina Enriqueta de Braganza era hija del Rey que empezó a reinar tras lograr la independencia portuguesa del Imperio Español. Dos reyes neófitos y con un pasado trágico, representantes de dos países en horas bajas. Catalina se había convertido en la llave para que su tierra fuera algo en Europa. Los franceses habían obviado de la política internacional a Portugal y el otro país dominador, España, era el enemigo a batir. Por lo que los padres de Catalina quisieron que ésta casara con el Rey Inglés a fin de que Portugal contara con un aliado en el continente. Pero para conseguir la boda, Portugal tuvo que hacer importantes regalos a la corona inglesa: Tánger y Bombay.

No hace falta que digamos que la India es uno de los principales productores de té y que su milenaria cultura sabía de los beneficios de su consumo. Así que la Casa de Braganza, dinastía reinante en Portugal, ya tomaba té con asiduidad. Fue la princesita portuguesa la que introdujo la costumbre en Inglaterra, además de convertir a su marido en católico. Estamos de acuerdo que fue definitiva la influencia de la Duquesa de Bedford, que lo único que hizo fue poner de moda “la típica merienda inglesa”. Y estamos de acuerdo que si aquello no hubiera encantado a la Reina Victoria, no tendría tanta fama. Pero no es menos cierto que la primera en tomar té por la tarde lúgubre y fría londinense, fue nuestra medio paisana Catalina Enriqueta de Braganza, Reina Consorte de Inglaterra.

Luego, llegó el protocolo de la época victoriana, la elegancia y el refinamiento... Todo empezó a las 4 de la tarde, pero en verano, se permitía por el calor celebrarlo a las 5. Y fuera de Inglaterra, todo el Mundo, así cree que sucede en el archipiélago Británico, todo el Mundo le concede el honor del invento a una duquesita con hambre de 1840 y todo el Mundo celebra la ocurrencia. Pero yo, reivindico a nuestra vecina, a la pobre Catalina, que soportó estoicamente que los ingleses la ningunearan por ser católica, que su marido le fuera infiel y engendrara hijos fuera del matrimonio, que los tres abortos impidieran dar un heredero y que reconcilió al esposo con la fe en sus últimos días.


Catalina de Braganza, la reina del té. 

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