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viernes, 29 de noviembre de 2013

El Día de la Ópera

Ópera Garnier. París.

Se celebra en mayo el día europeo de la ópera y cada 29 de noviembre hay tal sucesión de acontecimientos y efemérides que, habida cuenta de la capacidad social para hacer que cada día del año se consagre a algo (a veces loable, no tanto en su mayoría), aún me cuesta creerme que cada 29, cada día como hoy, las principales plazas operísticas mundiales no hagan unas jornadas de puertas abiertas rotundas y absolutas. La combinación, el feliz encuentro de fechas nos golpea: el día en que nació Claudio Monteverdi, padre de la ópera; el día que nació Gaetano Donizetti, que por cierto recordó a Granada en alguna de sus magistrales creaciones y el día que falleció Giacomo Puccini. Ningún otro día del calendario lo encontrarán tan rematada y fortalecidamente consagrado a uno de los partos intelectuales, artísticos y estéticos más grandes que el género humano ha sido capaz de crear alguna vez: LA ÓPERA.


Italia, 29 de noviembre de 1643 (hace 370 años). Nace Claudio Monteverdi, padre de la Ópera.

Fue un revolucionario, el que hizo la transición desde la tradición musical a la nueva música, padre del género operístico, responsable de los cambios drásticos que tendrían lugar en la música a partir del año 1600 y que podemos definir como un innovador adelantado a su tiempo que terminaría por definir las escuelas clásica y romántica. En 1607 estrenó Orfeo, acta de fundación de la ópera. Por sí sola representa la evolución más importante de la historia del género, imponiéndose como una forma culta de expresión musical y dramática. Un año después estrenaba Arianna pero de ella sólo nos queda el famoso 'Lamento de Ariadna', suficiente para convertirlo en el creador de algo nuevo, distinto y vibrante.



Italia, 29 de noviembre de 1797 (hace 216 años). Nace Gaetano Donizetti, padre del bel canto.

En el año 1998 se cumplían 150 años de su muerte y Sevilla lo conmemoraba llamando a la Orquesta Ciudad de Granada para que se encargara de la instrumentación e interpretación musical de Alahor in Granata, estrenada el 7 de enero (clave esa fecha y el por qué de su estreno) de 1826 en el Teatro Carolino de Palermo. Comienza el libreto describiendo la escena: Una gran plaza de Granada. A la derecha la Alhambra, el palacio real. A la izquierda, una puerta de Granada. Al fondo una perspectiva de las Alpujarras... Era el autor más alabado, componía una ópera en dos semanas y cosechó abrumadores éxitos con “Lucia di Lammermoor”, “Ana Bolena” y “María Stuarda”, pero entre la llegada de Puccini y la retirada de una serie de maestros, Donizetti cayó en desgracia. Hasta que de repente fue redescubierto por Calas, Kraus, Caballé, Carreras, Pavarotti, Plácido Domingo. ¡Resulta que Donizetti componía una ópera ideal para una voz superlativa, un verdadero torrente intachable y alguien con dominio del canto. No fue la única ópera que le dedicó a Granada (“Zoraida en Granada”, por ejemplo) aunque serán sus llamadas óperas menores las más reconocidas: L'elisir d'amore (1832), La hija del regimiento (1840) y Don Pasquale (1843). La recta final de su vida es novelesca: murieron a corta edad sus tres hijos, mueren los padres y en menos de un año, su esposa, víctima del cólera. Abatido, contrae sífilis y recibe las visitas y el cariño de Giuseppe Verdi. Al fin, muere a los 51 años de locura, interno en un sanatorio mental, el creador de algo tan sensible y tan estético y que con 21 años ya había hecho la primera de sus casi 100 óperas, carrera truncada por la vida.


Italia, 29 de noviembre de 1924 (hace 89 años). Fallece Giacomo Puccini, el músico de Hollywood y padrastro del todoterreno.

Quizás no haga falta ni hablar de él, ni describir sus insuperables y capitales obras, porque basta recorrer alguna de ellas para que hasta el más errático ciudadano reconozca los títulos: “Tosca”, “La Boheme”, “Madama Butterfly” y “Turandot”, “Manon Lescaut”... arias inmortalizadas por Pavarotti, Hollywood componiendo sus bandas sonoras con óperas de Puccini,  escenas con Demi Moore y su música de fondo, o Kirk Douglas. “Serpico”, “La teniente O`Neill”... hasta 80 películas han sido espejo de la música que creó décadas, un siglo antes. Pero si Puccini no necesita de nosotros para reflejar su espectacular contribución al universo de la ópera, sí que llama la atención una de sus aficiones incurables: era un enamorado de los coches. Comenzó su colección particular en 1901 comprando un De Dion Bouton " de 5 CV", que sustituyó en 1903 por un Clement Bayard. Entonces descubrió que le encantaba correr (quizás por eso Speed 2 lleva música de su obra Gianni Schicchi: el “O mio babbino caro”.

Fue multado en numerosas ocasiones por exceso de velocidad, tener accidentes mientras viajaba con su mujer, su hijo y un mecánico y buscar nuevos retos, como el que halló en 1905, comprando un Sizaire et Naudin, para cambiarlo por un Isotta Fraschini del tipo "AN 20/30 HP", varios Fiat, un "40/60 HP" en 1909 y un "Fiat 501" en 1919. El problema de todos sus coches, según el compositor, es que eran vehículos adecuados para viajes y uso familiar, pero no para su otra gran pasión, la caza. Y fue la caza lo que hizo que Puccini pidiera a Vincenzo Lancia la realización de un vehículo que pudiera utilizar en terrenos de difícil orografía. ¿Es posible que por el capricho del compositor naciera el primer todoterreno? Le costó el desorbitado precio de 35 000 liras de la época) que a Puccini no le importo pagar pero fue su antepenúltimo coche. Con el último, recorrió toda la Europa Continental en 1924. Cuando murió, dejaba una pasión por el automovilismo, la caza, la velocidad, los retos de los ingenieros y sobre todo, por una música que elevó a la descripción de sublime.



Esta sociedad que tiene fechas para todo, y sin embargo, no se ha percatado de las incontestables efemérides que tienen todos coincidencia, en un día como hoy...

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