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sábado, 9 de noviembre de 2013

¿Dónde están los huevos blancos?


Directo al paladar es una de esas páginas que con toda probabilidad no pasen desapercibidas; uno de esos lugares de internet en los que aprender algo nuevo, desde los últimos estudios de la Universidad de Granada, echando al traste la mítica creencia de que el chocolate engorda, aclarando la cantidad de azúcares de bebidas y refrescos o le sacan los colores a alguno alimentos y marcas a la hora de ofrecernos informaciones dietéticas y calóricas de sus productos, con la finalidad rebuscada y taimada de engañar al consumidor. Pero quizás uno de sus muchos artículos que me llamó la atención fue la desaparición de los huevos blancos del mercado.

La página abunda en que huevos blancos o morenos, son iguales, dependiendo el color en última instancia del tipo de gallina. Hasta no hace tanto, los huevos que comprábamos eran todos blancos, de un tiempo a esta parte se hace imposible ver uno en el lugar habitual de compra. La explicación no es tan rara como puede suponer a priori: las gallinas blancas son más pequeñas (luego no comen tanto), por lo que caben más en el mismo gallinero, gastan menos pienso, pero también sus huevos son más pequeños.

Además, el color blanco está asociado a la imagen de limpieza e higiene. Hasta que un buen día nos arrolló lo ecológico, lo puro, lo tradicional... y el huevo pardo o moreno, se convirtió en símbolo de ecología, granja respetuosa con el hábitat de la gallina y de un granjero que ofrecía una mayor calidad. Nada de eso: las ponedoras pardas están tan masificadas como las ponedoras blancas, pero el consumidor, tan engañado en todo, está convencido que disfruta de un huevo ecológico y de “trato justo con el animal”.  


De vez en cuando, uno se queda estupefacto con lo que cree comprar y en realidad consume.

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