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domingo, 27 de octubre de 2013

Tonto del Bote

En Granada sabemos qué ese reírse de deficiencias, de deformaciones y de desgraciados. No hay más que echarle un ojo a los cabezudos de nuestra Tarasca: Manuel Baena, el Cabezón de Gabia... Bilorio, un borracho de la Granada de no hace tanto... Manuel Fernández, Paniolla, mendigo ciego por una broma de unos estudiantes. El caso es que ha sido la tónica general española; Motril se rió de los suyos, Málaga de los personajes “entrañables” y Madrid, pues claro que también.

En la década de los 50 del siglo XX era conocidísimo en la capital, entre los castizos del Madrid eterno y de siempre, un pobre que pedía con un bote de metal con el que organizaba tamaños escándalos. El mendigo mostraba alguna deficiencia, alguna discapacidad de cierta severidad que desde luego, no le impedía acudir puntualmente a la puerta de la Iglesia de San Antonio, junto al Prado. Tenía dificultades para hablar, se expresaba con sonidos guturales, vestía como sacado de un cuadro clásico y no dejaba de hacer sonar su bote para recordarles a los madrileños que si podían, se acordaran de él...

Y su fama se hizo enorme cuando un toro consiguió escaparse de la Plaza y llegar hasta Carrera de San Jerónimo. Por allí estaba nuestro pobre, que sin inmutarse, seguía quieto. El toro, lo olisqueó sin provocarle daño alguno y aquello dio la vuelta a la España del momento, popularizándose al que ya conocían todos como “EL TONTO DEL BOTE”...


¡Qué crueles y poco sensibles fuimos durante siglos! 

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