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jueves, 31 de octubre de 2013

Lluis Companys

Héroe de la Cataluña más catalana y biografiado a merced de los intereses más oscuros, hace justo una semana leíamos en el Diario El Mundo que La juez argentina María Servini había admitido a trámite la querella presentada por ERC contra el Estado Español por el fusilamiento en 1940 de su fundador y presidente de la Generalidad por el régimen franquista. Así lo anunciaba a diestro y siniestro el diputado republicano Joan Tardà. A priori, la noticia para muchos era uno de esos asesinatos que nada más acabar una guerra, vencedores o vencidos habrían cometido. Una pérdida que llorar (como humano) y casi 74 años después, nada más. No anda el patio para mojarlo con lluvias de otro siglo. La jueza argentina ve delitos tales como los de "privación de libertad, tormento y homicidio calificado". Otra cosa es que alguien pregunte qué sentido tiene esto 74 años después y más viniendo desde Argentina, pero en fin.

Luís Company, un héroe al parecer; pero lo cierto es que estamos ante una persona que en tiempos de guerra, se ganó el fusilamiento de acuerdo a los códigos vigentes (que no aplaudo yo muerte alguna) y que hizo todo lo posible para que se firmara su muerte. Conocido como “El Pajarito”, fue de todo menos lo absolutamente leal que se espera según se desprende de lo que los catalanes más catalanes dicen que fue: un padre de la patria. Pero ese padre de la patria catalana hizo bueno el consejo despótico de apegarse al poder, fuere cual fuere el que gobernase, traicionando todos los ideales habidos y por haber. Pasó de ser abogado de anarquistas a militante del partido derechista y españolista de Melquiades Álvarez, para al fin acabar como un izquierdista catalán de pro. De bandera de cuatro barras y estrella independentista para más señas...

Comulgó con las ideas de Ferrer Guardia, uno de los responsables de la Semana Trágica de Barcelona, o con los de Mateo Morral, culpable de intento de asesinato del Rey Alfonso XIII.  Fue detenido en 1920 acusado junto a otros anarquistas de graves atentados y disturbios, encarcelado en el Castillo de Mahón, su inmunidad como diputado fue vital para que lo excarcelaran y en 1930 fue de nuevo detenido por atentar contra el Gobierno. Tras una aplastante victoria de la monarquía en las elecciones municipales de 1931, a pesar de ello se produjo la paradoja e ilegalidad de proclamar un régimen republicano y él mismo, el 16 de abril de 1931, proclamó desde el Ayuntamiento de Barcelona la República Catalana, lo que no le impidió para acceder, con los republicanos en Madrid, al muy bien remunerado cargo de Ministro.

En 1933 ganaron las derechas en España y Companys formó parte de un Golpe de Estado de manera violento: consiguió reunir 3.400 “escamots” y 400 mozos de escuadra, una fuerza militar armada de 3.800 hombres. A simple vista, algo más serio que los 200 guardias civiles y 113 policías armados de la Brunete del Golpe de Estado que dio Tejero el 23 de febrero de 1981 y que supuso una condena de 30 años. A esto, hay que sumar los antecedentes de Companys, los cargos de alta traición, sedición y otros más contemplados en los códigos de entonces... El caso es que este intento de Golpe de Estado de Companys, dejó en unas horas 73 muertos mientras que no hubo herido alguno en el de Tejero. JUZGUEN USTEDES.

El Frente Popular gana las elecciones de 1936 y libera a Companys, que había sido condenado a 30 años. Si es vitoreado por los catalanes independentistas por la proeza de su golpe de estado, ellos mismos nos autorizan a pensar que fue entonces también responsable a todos los efectos de los 73 muertos, luego los 30 años a los que fue condenado se vulneraron a los dos y medio de estar en prisión. Lo curioso aquí es que fue restituido como Presidente de la Generalidad de Cataluña, criticado por el propio presidente de la II República, Manuel Azaña y para colmo, dejando como titular a la salida de prisión, esta frase: “vengo tomar posesión del gobierno por la fuerza”.

El 18 de julio de 1936 estalla la guerra y Companys promulga un decreto 5 días después creando las milicias ciudadanas y los Comités locales de defensa, decisión que tuvo como resultado el asesinato en Cataluña de 9.000 personas, según estimaciones del propio Companys y el destacado miembro de su partido, ERC (Izquierda Republicana de Cataluña), Jaime Miravitlles. El número de ejecuciones fue tan elevado en las primeras semanas, y la represión tan brutal, que el propio Companys tuvo que protestar ante el Comité Central hasta que en 1937 los comunistas unidos a los socialistas acaban con el dominio de los anarquistas.

No tuvo escrúpulo alguno Companys, al ver que las armas rusas y el poder de la Unión Soviética era alargado en España, de unirse a los comunistas; esta bendición del presidente supuso que la Generalidad practicara numerosas detenciones de anarquistas y que el 3 de mayo de 1937, los comunistas, con el beneplácito de Companys ocupen el edificio de Telefónica de Barcelona, baluarte del anarquismo. Aquello fue una provocación para  la CNT y el POUM, que sólo se pudo sofocar mediante una represión que en unos días, ajustes de cuentas incluido, supondrían 500 asesinatos más en suelo catalán permitidos por el gobierno de Companys.

Desde esta fecha y hasta 1939, Companys da su beneplácito a 2.300 ejecuciones más en el territorio catalán, hasta que al ganar las tropas nacionales del General Franco, el presidente, en un alarde más de falta de hombría y humanidad, huye a Francia. La nueva justicia, la del Franquismo, lo buscaban por varios cargos entre los que se encontraban de manera fundamental los referidos a los fusilamientos, los saqueos, las torturas y las atrocidades cometidas en Cataluña mientras Companys era presidente. Pero refugiado en Francia, ésta cae en manos del III Reich de Hitler, que no duda en extraditar al asesino Companys a la autoridad española. Un doble golpe de Estado, causas civiles y penales desde 1920 y la responsabilidad en última instancia de 9.000 muertos bastó para que lo condenaran a muerte. Fue fusilado el 15 de octubre de 1940 en el castillo de Montjuic.

Ante el pelotón de fusilamiento pidió descalzarse para tocar con sus pies desnudos la tierra catalana; el gesto es hoy poco menos que un credo, una religión, una hazaña de valentía entre los independentistas más desconocedores de la historia. Pero lo cierto es que en ese mismo lugar, el Frente Popular había fusilado a 1.200 personas. Companys lo sabía, Companys estaba informado y Companys no hizo nada para detenerlo ni impedirlo.

Aunque sea más heroico y dé más votos decir que a LLuis Companys se le asesinó por proclamar la Generalidad de Cataluña, lo cierto es que se le fusiló por actos violentos, exaltaciones y desórdenes públicos, muertes, asesinatos, represiones violentas, ordenar la creación de checas, ser en última instancia el asesino de casi 9.000 personas en Cataluña, algo así como el 0,3 % de la población de entonces, algo así a matar a 22 personas diarias. Porque a nadie se le escapa que un Presidente, autoproclamado como tal, debía estar al tanto de ello, amén de poder justificarse que lo estaba y lo refrendaba.


Una jueza argentina puede venir a investigar lo que desee. Nadie de bien puede aprobar el asesinato de nadie. Pero que recuerde la jueza que España es todavía, soberana de su historia y que los que intentamos aprender un poco de ella, sabemos a ciencia cierta que se fusiló a alguien con las manos bañadas en sangre, no a un honesto catalán que busco lo mejor para lo catalán. Lo hiciera el franquismo o el mismísimo Niño Jesús que lleva en sus brazos la Moreneta. 

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