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viernes, 4 de octubre de 2013

La Infantería de Marina española

Los míticos guerreros del Antiguo Japón fuero una élite militar invencible, unos perfectos arqueros, diestros jinetes y esmeradísimos soldados en el uso de la espada. Los samuráis, durante casi mil años, fueron forjando su fama de insuperables, convirtiéndose en la milicia más temible de toda Asia y poniendo las artes marciales y la lucha cuerpo a cuerpo al servicio de la estrategia militar. Los guerreros del Japón tenían un prestigio casi temible, el resto de pueblos reconocía que se trataba de un ejército invicto y miraba a estos soldados casi inhumanos a sabiendas que era imposible derrotarlos. ¿Imposible?

En 1521 España descubría para Occidente e incluía como posesión del Imperio Español el Archipiélago de las Filipinas. En 1565 se conquistó íntegramente y se bautizó en honor al rey Felipe II. Las reales armas españolas lucían sobre los fuertes de Manila, muy cerca de un Japón gobernado con la potencia de sus samuráis. Éstos, llevaban desde 1568 evolucionando y dejando claro su potencia bélica. En 1575 habían introducido el uso del arma de fuego, los soldados eran conocidos como “los pies ligeros”, se había conseguido unificar Japón y todos coinciden en señalar que los samuráis habían alcanzado el máximo nivel de entrenamiento y eficacia militar. Las islas japonesas se les habían quedado pequeñas.

Debía correr el año 1588, cuando se produjo la conocida como “cacería de espadas”, es decir, la máxima exigencia de profesionalidad dentro de los samuráis. Algunos de estos, convertidos en piratas, desembarcaron y sembraron el temor en las costas filipinas, en manos del Imperio Español. Gobernaba en nombre de Su Majestad las Filipinas, don Gonzalo de Ronquillo, advertido que los japoneses se habían hecho con el control del norte, en la provincia de Nueva Segovia; pero España no disponía ni de 500 soldados para hacerle frente al temible, al terrorífico e imponente ejército japonés, que saqueaba sin que nadie se lo pudiera impedir todo el territorio de Luzón.

Gonzalo de Ronquillo entonces mandó un emisario a la flota americana, la más cercana para que asistiera y socorriera las Filipinas. Y ese 1588, se presentó ante las costas de Nueva Segovia un contingente de cien infantes de marina; sobra recordar que la Infantería de Marina fue un invento español y que entonces, eran conocidos como los Tercios del Mar. Hubo combate; las crónicas que ahora paso a citar son japonesas, para que no haya dudas sobre la imparcialidad de lo ocurrido: los samuráis volvieron a Japón hablando de unos demonios, mitad peces mitad lagartos, que salían como bárbaros de la mar y que habían llegado en unos grandes y extraños barcos negros con los que los atacaron desde la tierra y desde las aguas de una manera suicida.

Las crónicas españolas terminan de ayudarnos a que nos hagamos idea de lo sucedido: los galeones españoles aniquilaron la flota japonesa, la artillería hispana redujo a los samuráis y los desembarcos de los infantes de marina, que atacaban al cuello y a los órganos vitales de los feroces japoneses, hicieron el resto. Cien españoles frente a más de mil samuráis. Fue la primera vez que un europeo se enfrentaba a un samurái y la primera vez que los samuráis fueron derrotados. Desde entonces, la historia japonesa incluyó entre sus leyendas la de los “Wo-cou”, unos extraños seres mitad peces mitad lagartos, que eran capaces de destrozar, aniquilar, derrotar y humillar a los invencibles samuráis.


Los WO-COU, claro está, eran los INFANTES DE MARINA ESPAÑOLES, eran los soldados de los Tercios de la Armada del Reino de España

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