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miércoles, 9 de octubre de 2013

La Casa Blanca fue obra de un español

"La Madre Patria". William Adolph Bouguereau (1883)

Cuando se decía aquello de que España fue madre de naciones, no sólo hablaban los historiadores de la América hispana, sino de cuántas otras tomaron prestado de los españoles sus formas, maneras, cultura y avances al punto de que sus principales referencias históricas huelen a españolidad desde miles de kilómetros de distancia. Así fue como los Estados Unidos fueron asistidos en el parto de su Nación por las expertas manos españolas que guiaron el nacimiento. Desde el dinero que envió el pueblo de Málaga para que lograran la independencia de la Corona Británica, a costa de no ver nunca terminada su Catedral (la manquita sigue ondeando sobre el Mediterráneo con acento granadino y orgullo americano) hasta la trascendental figura de un navarro que marcaría el comienzo de la historia de los ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

Era un hombre de negocios de origen navarro, emprendedor y aventurero. Cruzó el charco y se estableció en una Norteamérica que acababa de alcanzar su independencia y parece que su sagacidad lo elevó hasta las más altas capas sociales de la nueva nación. Hablamos de Pedro Casanueva, que cambió su nombre por el de Peter Casanave; fue escogido alcalde de Georgetown y formó parte de una de las logias masónicas más activas y poderosas de Estados Unidos. Nuestro paisano era sobrino de otro gran español con peso y relevancia en la historia de los Estados Unidos, Juan de Miralles y se afincó en el país de las barras y estrellas en 1785. Fue compañero de logia de George Washington, realizó prósperos negocios y tomó decisiones aplaudidas. Pero si su nombre ha quedado grabado en la historia universal, es precisamente por un 12 de octubre de 1792, el día que es elegido para una proeza cargada de simbolismo y sentido dentro del pueblo americano.

Ese 12 de octubre se conmemoraba el III Centenario del Descubrimiento del continente americano por parte de Cristóbal Colón y desde meses antes, una popular taberna de Washington, escenario de las reuniones políticas y de la vida social más pujante, acogía a los que iban a tomar parte de un hecho singular. El culmen de la celebración de esos 300 años. El coronamiento a un tricentenario gestado en las mesas de la taberna “The Fountain Inn”. Concluida la reunión, lo más granado de la América del XVIII pone rumbo al solar que hasta meses antes ocupaba “la casa del Presidente”, una modesta construcción colonial destinada a albergar los despachos y vivienda de los gobernantes de la recién fundada Norteamérica.

El proyecto de la nueva casa había corrido de manos del arquitecto irlandés James Hoban, ganador de un concurso llevado a cabo dos años antes y en el que presentó un proyecto de mansión inspirado en el Leinster House de Dublín, actual sede del Parlamento irlandés. Las obras duraron 8 años y su coste se elevó a la nada despreciable cifra de 232.000 dólares. Pedro Casanueva supervisó las obras hasta su muerte, acaecida en 1796; se encargó de la comisión establecida para la recaudación de fondos y dirigió los procesos constructivos desde fuera. Pero si algo despierta interés, es que aquel 12 de diciembre de 1792, nuestro paisano, conocido entre los americanos como Peter Casanave, fue el que colocó la primera piedra con una placa de bronce que decía: "Esta primera piedra de la Casa Presidencial se colocó el día 12 de octubre 1792, y en el 17 º año de la Independencia de los Estados Unidos de América".

Cuando La Casa del Presidente se terminó en 1800, cuatro años después de que un español fuera capital y pieza clave en su construcción, se convirtió de golpe y porrazo uno de los símbolos de libertad y orgullo americanos. En lo único que intervino el Presidente George Washington fue en escoger el sitio donde se construiría. Financiación y trámites, fueron obra del español que puso su primera piedra. Hoy día es el centro de operaciones más importante del Mundo. Desde sus despachos se toman las decisiones más trascendentales y es el edificio que alberga más poder de todo el Planeta. Pero hasta la llegada del Presidente Theodore Roosevelt en 1901, no sería conocida como LA CASA BLANCA.


De todas formas, quién sabe si ésta se hubiera podido llevar a cabo sin la colaboración fundamental e inestimable de un español, forjador de los inicios de los Estados Unidos de América. Que aún no siendo la Hispanoamérica hija de España, arrancó su historia gracias a la contribución de españoles como Juan de Miralles, Pedro Casanueva, el dinero recibido desde la Península Ibérica o el apoyo español. Lo que no hace más que corroborar que España, SÍ QUE ES MADRE DE NACIONES. Y que hasta el edificio más importante del Mundo, tiene apellido español. 

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