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domingo, 6 de octubre de 2013

La Baraja Española

China ideó la baraja de cartas y Europa puso su milenaria cultura al servicio de su decoración. En el siglo XIV las cartas eran tan dispares como los pueblos europeos; y está claro que España tendría mucho que decir en la constitución y creación de su propia baraja. Es extraordinariamente particular, distinta a todas. Es la única del mundo que no incluye reinas y la que está más decorada, comparándola por ejemplo con las centroeuropeas o la francesa.

Los recursos decorativos que emplean son un verdadero libro abierto, una lección de la historia: cada palo representa un estamento de la sociedad, correspondiendo el de Espadas a la nobleza, las Copas al clero, el de Oros a los comerciantes y los bastos al pueblo llano. Aún queda por precisar si fue la Corona de Aragón la que llevó la baraja española a Nápoles o la transformó según el gusto napolitano, pero lo cierto es que una de las más extendidas es la baraja patria. Con los siglos, España patentó hasta tres modalidades decorativas distintas para sus cartas, empezando por la propia de Cádiz, la curiosa catalana o la clásica y más extendida baraja castellana.

La extraordinaria baraja de Cádiz, conmemorativa de 1812

En España se utilizan 3 estilos diferentes, el de Cádiz, el catalán y el castellano. Principalmente se ven los dos últimos ya que el estilo de Cádiz es más antiguo y es el que se utilizaba para las cartas destinadas a la exportación. Otra de las características que le otorgan exclusividad a la baraja española es la inclusión de pintas (o discontinuidades) dibujadas en el centro de cada carta, arriba y abajo. La explicación de estas marcas desvela el carácter del español y desde luego retrata nuestra antológica fama de pícaros. En efecto, la inmortal picaresca intentaba ser burlada con estas marcas o pintas, al objeto de dificultar la visión a los mirones, a los tramposos que pretendían fijarse en las cartas que llevaba su rival.

Aquí se observan las pintas de la baraja... Cada una distinta, según palos. 

Pero estas pintas no sólo dan carácter y personalidad a nuestra baraja, no sólo retratan la personalidad hispánica, sino que sirven para identificar con mayor rapidez el palo al que pertenece cada carta, por su motivo. Y además, ordena de forma precisa la baraja por palos, de manera que se lee así: oros, copas, espadas y bastos.

Nuestras cartas lucen Reyes mayores, barbados. Eso lo vemos en los palos de espadas y de bastos. Curiosamente, los Reyes de copas y de oros suelen parecer más jóvenes. Otra curiosidad es el lugar al que dirigen su mirada los caballos: los de copas y oros, se viran hacia la izquierda; los de bastos y espadas, a la derecha. Y al fin, la Sota... un personaje andrógino, un paje o criado vestido al modo medieval. Pero cada uno de los cuatro pajes, cada sota de cada palo, se viste con las mismas ropas pero con colores distintos.

España, diferente y creativa hasta para las cartas; y nuestra baraja, un libro de historia que hunde sus raíces en 1375, aunque el diseño  más aceptado y extendido actualmente, lo creó Augusto Ríus para el litógrafo e impresor de Burgos Heraclio Fournier, que patentó en 1868 la baraja que ronda por los cajones de las casas españolas. Como último apunte, el significado que desde el siglo XVII se le dio a cada uno de los cuatro palos, de modo que al de Oros, se le atribuyó la riqueza, abundancia, a las Copas, el amor y  la familia, las Espadas: el valor y los Bastos la actividad y laboriosidad.