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jueves, 10 de octubre de 2013

Gibraltar español... y Londres también

Estuvieron a punto; a lo mejor en Londres hoy día se hablaba un español con acento leonés, un castellano con tintes de Vascongadas. Lo de Gibraltar sería utópico y en vez de lores y cazas de zorros, se pegarían muletazos y se montarían hispano-árabes gráciles y elegantes. Nada de té a las cinco: cafelito y rebanada con manteca, colorada, suculenta, porcina ella hasta las trancas. No se rían porque hubo un tiempo, incluso cuando España no era España todavía, que nuestros antepasados los castellanos metían en cintura al más pintado. Hubo un tiempo, hace 633 años, que Castilla estuvo a punto de conquistar Inglaterra. Y de hecho, la invadió.

Y es que en aquel lejano siglo XIV, Castilla tenía la armada más poderosa de Europa, dirigida por el Almirante Fernando Sánchez de Tovar. Los franceses le pidieron ayuda al rey castellano Enrique II y allá que se fueron las naves de Castilla a combatir ingleses por las costas de Bretaña. Sánchez de Tovar salió triunfante de la batalla naval de La Rochela y cayó la boca al rey inglés que llevaba años queriendo hincar el diente en el trono de Castilla. Envalentonados, un año después se lanzan contra las costas inglesas: franceses, españoles y portugueses tripulados por el Almirante Mayor de Castilla, se pasean por 13 poblaciones del sur de las Islas Británicas que ponen en ristre.

Era el año 1373 y Fernando Sánchez de Tovar observa que hacen falta provisiones para satisfacer las necesidades de una tripulación que lleva meses combatiendo y poniendo en jaque a los ingleses. Así que decide que el mejor mercado que va a encontrar, está al final del Támesis, y cogiendo la desembocadura del río, llegando, nada menos, que a las mismas puertas de Londres. Los ingleses escribieron esta crónica: “hicieron gran guerra este año por la mar y entraron por el río Artemisa (Támesis) hasta cerca de la ciudad de Londres, adonde galeras de enemigos nunca entraron”.


Villas incendiadas, poblaciones saqueadas, ejércitos deshonrados, naves hundidas, poblados derrotados e Inglaterra entera humillada por Castilla. Pero a última hora, cuando la proa de las galeras castellanas enfilaba hacia Londres, el rey Enrique mandó que regresaran a toda prisa, porque urgía que las naves hispanas tomaran Lisboa, que en aquel tiempo tenía poca amistad con Castilla y viceversa. Si el monarca luso Fernando I no se hubiera vuelto bravucón, tal vez Londres hoy, junto a las tres cuartas partes del Mundo, hablaría la lengua de Cervantes parida en San Millán de la Cogolla, en esa Castilla que es la Madre de lo español.

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