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lunes, 7 de octubre de 2013

Españoles por un MUNDO MEJOR

Sigue produciendo verdadero pavor sólo pronunciar su nombre. Fue uno de los campos de concentración más temibles del sistema de exterminio nazi, se calcula que unas 300.000 personas fueron brutalmente asesinadas en sus instalaciones y era uno de los dos únicos campos clasificados de GRADO III, es decir, los más duros para los enemigos políticos del III Reich. A diferencia del resto de campos, Mauthausen fue usado especialmente para el exterminio de los intelectuales y clases sociales altas de los países enemigos de la Alemania Nazi. Pero además, fue el campo de los españoles. Hasta 7.300 compatriotas estuvieron en este lugar, que para siempre quedó marcado por un heroísmo casi místico de los españoles; eran los únicos convencidos en que el nazismo sería derrotado, se convirtieron en organizadores del campo, para repartir las mínimas cuantías de alimentos y conseguir así que murieran los más débiles y demostraron una altura humana que fue reconocida tras la liberación de los prisioneros en 1945. Cuando los soldados americanos llegaron a las puertas de Mauthausen, los españoles ya habían cambiado la bandera nazi por la española y aplaudían la entrada de los carros estadounidenses..

En agosto de 1940 llegaron 7.300 españoles. Todos, desde la Francia ocupada por los soldados de Hitler. En concreto, el 6 de agosto de 1940 el nuevo Mauthausen fue estrenado por 392 prisioneros españoles. En el brazalete, una S de “spanier” los identificaba. De los 35.000 españoles que participaron en la II Guerra Mundial, casi 10.000 acabaron en los campos de concentración alemanes y mayoritariamente en este.

Mauthausen pronto comenzó a ser conocido entre los deportados como “El campo de los españoles”. Pero es que además, fueron albañiles españoles quienes construyeron Mauthausen. Produce escalofríos aún la frase de un superviviente francés: “cada piedra de Mauthausen representa la vida de un español”.

La vida en Mauthausen pasaba por un durísimo trabajo en la cantera de granito, destinada para que los prisioneros trabajaran hasta su muerte por extenuación. Una escalera de 186 peldaños separaba la cantera de los barracones y los encarcelados debían subirla diez o doce veces por día, cargados con grandes piedras a la espalda, mientras eran empujados, o golpeados. Una fecha clave fue la del  26 de agosto de 1940, cuando murió el primer español. Ante la sorpresa de los guardianes nazis, el resto de españoles guardó un minuto de silencio. Por desgracia, repitieron esto mismo en múltiples ocasiones.

En 1942 muchos de nuestros paisanos fueron mandados al cuidado de la sala de duchas, desde donde desarrollaron la humana, salvífica y heroica misión de salvar la vida de cientos de reclusos, condenados a sumergirse hasta la cintura, en cubetas llenas de agua casi helada que acababa con sus vidas. Cubetas que nunca llegaron a tener las bajas temperaturas pensadas, gracias a la heroicidad española. Nunca debe olvidar el Mundo que la organización clandestina española, repartía medicinas robadas de la enfermería y se encargaba de difundir la noticia de una derrota nazi, alimentando la fe y la esperanza de los prisioneros.



Porque los españoles, dieron ejemplo también, en medio de la barbarie. A todos los que murieron y sobrevivieron a aquel infierno, de izquierdas o apolíticos, de la ideología, credo o condición que fuera, GRACIAS POR UN MUNDO MEJOR. 

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