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martes, 22 de octubre de 2013

Diego de Siloe, 450 Aniversario (VII)

La Obra cumbre, la magna Catedral de Granada.

A seis años de haberse puesto la primera piedra, Diego se hace cargo de las obras de una Catedral que se quería hacer a la imagen de las antiguas plantas góticas hispanas y que gracias a él, vivirá la mayor transformación soñada.

Desde 1529 se empeña en hacer la segunda Catedral más grande de España pensada no sólo como sede de la metrópolis, sino para convertirse en el panteón de los monarcas de la Nación, convirtiendo su proyecto en una suma de modelos donde al final se impondrá su originalidad.

La Catedral granadina ha servido de inspiración a otras siete de España y Méjico; el famoso Velázquez la llamó “octava maravilla” y la publicación especializada internacional “Urbanity” la consideró una de las edificaciones más sorprendentes de la Historia de la Arquitectura.

La poderosa cabecera circular, su particular invento de añadir un trozo de entablamento sobre el capitel para darle más altura al edificio, el movimiento de las capillas, la majestad de las naves y el escorzado de los arcos la convierten en un modelo imitado pero inimitable. De ahí que todos la tengan por la construcción más perfecta en España del estilo Renacentista. Siloe tuvo en cuenta hasta la mismísima personalidad de la ciudad, y dejó al exterior una decoración severa y escueta, solo concentrada en las puertas, todas ellas concebidas por el maestro.

El modelo original era mucho más completo. Diego proyecta dos campanarios de los que uno, a pesar de los 189 años de construcción, nunca puede terminarse. Cada uno de ellos además iba a medir 84 metros frente a los 57 actuales. Silóe concibió la cabecera como un gran espacio central cubierto por cúpula y ordenó los alzados -de más de 60 metros- con unos potentes pilares camuflados por cuatro colosales medias columnas, trasdosadas por pilastras del mismo orden itálico, que articulan las naves axiales del templo.

En Granada coexisten dos concepciones diferentes dentro del espacio de la catedral al encontrar por un lado las cinco naves, respuesta a la tradicional disposición longitudinal de tipo basilical, y por otro la cabecera, con tendencia a convertirse en un elemento autónomo. Las naves están separadas por pilares de orden corintio, apoyados en altos plintos. Las vidrieras viajan de dos en dos sobre los muros y las columnas que sostienen este prodigio dan la sensación contradictoria de altivez y contundencia.

El modelo de las Puertas del Ecce Homo, de San Jerónimo o del Perdón, la obra cumbre del plateresco granadino, concentran todos los recursos del arte, sirviendo además para la formación de los mejores canteros y los más encendidos arquitectos, una escuela prodigiosa que deja Siloe para los años venideros y que se lanzarán a copiar sus trazas por media Andalucía.

Cuando el maestro muere en 1563, a la Catedral le queda mucho aún por hacer. No será hasta casi un siglo y medio después que se termine, pero siguiendo fielmente lo que Diego había concebido, la Iglesia primera del sureste español y el que iba a ser panteón de los Soberanos Hispanos. Hay que viajar a Italia para encontrar un edificio de este estilo que mejore lo que don Diego de Siloe dejó para Granada.


El 15 de enero de 1563 dejaba testamento; no moriría hasta un 22 de octubre de 1563, a la edad de 67 años, de los cuales, 35 los había pasado en Granada. Suyas son las mejores edificaciones renacentistas de todo el Reino de Granada. Suyas, las obras que servirán para asentar el Renacimiento en España. Fallecía en su vivienda, a la que se accedía por la que hoy es Gran Vía a la altura del Banco de España, el más grande de los artistas renacentistas de España y el más fecundo autor que ha conocido Granada. Y este especial no paga ni de lejos, lo mucho que le debe el arte y lo mucho que le debe nuestra ciudad. 

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