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domingo, 20 de octubre de 2013

Diego de Siloe, 450 Aniversario (V)

El arquitecto.

Hasta ahora poco habíamos hablado de la faceta arquitectónica de Diego de Siloe que sin embargo es la contribución más definitiva y trascendental en toda la España del quinientos. Sin él, nos cuesta pensar que nuestros palacios e Iglesias hubieran adquirido el gusto y la estética italiana y por supuesto, no hubieran nacido las obras capitales de las que hoy presumimos.

Ya tocamos en su momento la fabulosa Escalera Dorada de la Catedral de Burgos que hasta sirvió de modelo para la que se hizo 360 años después en el Palacio de la Ópera de París.

Quedaba claro que Diego de Siloe estaba llamado a cambiar la arquitectura española como demostrará en el campanario de la Iglesia de Santa María del Campo, una ejecución pionera, un tipo copiado e imitado hasta la saciedad y la que se considera, la más bella pieza de su tipo en toda Castilla y que no pudo acabar por marcharse a Granada.

Bien conoció Burgos su labor como tracista. Primero en la Capilla de Santiago de la Catedral, con un arco doble de lo mejor de su arte. Luego, el Hospital del Rey, donde emplea con gusto el casetón y al fin, la casa de Íñigo de Ángulo, con una portada cargada de delicadeza y el triunfo del grutesco y los animales fantásticos en toda la decoración.

Suya era la maltratada Casa del Cubo o lo que aún queda en pie, una especie de taller-mansión típico del Burgos de hace 500 años que sirvió de modelo a media decena de edificaciones de la ciudad.

Toda la comarca del Alfoz se interesó por su obra. Las Iglesias de Orbaneja o Infantes disfrutan de portadas que servirían de experimentación para las que luego labra en Granada.

Pero la que sin duda destaca por encima de las demás es la actual Catedral de Albacete, que se contrató con “el más grande arquitecto de fama” como nos dice el documento original. Y ahí que llegó Diego de Siloe que ya pantentaba lo que estaba experimentando en la Catedral de Granada, sustituyendo pilares por columnas y proyectando las bóvedas tristemente trastocadas en el siglo XVII. Tras ésta, dejaría en la provincia de Albacete la Iglesia de Santa María de Chinchilla, donde hay que destacar la bellísima sacristía vieja con un artesanado de casetones que no puede negar el influjo siloesco.

Un palacio de la época será el de Castilfalé en Burgos, del que hemos de destacar la fabulosa portada que se carga con todos los ornamentos del momento, especialmente los exquisitos grutescos de gran volumen alojados en las enjutas.

Y al fin, hemos de hablar de la fundación que el Arzobispo Luís de Fonseca hizo para los estudiantes salmantinos, con Hospedería incluida. El actual Palacio Fonseca, antiguo Colegio de los Irlandeses, sirvió de experimento para la traza de los patios clásicos granadinos. Lo empezó en 1528, cargado ya de fama en toda Castilla.


Ese mismo año será llamado desde Granada y lo terminó su discípulo Juan de Álava, pero será en el patio donde quizá encontremos la pieza más interesante del conjunto. Consta de dos plantas con arquerías, más estilizada la inferior al tratarse de arcos de medio punto mientras que la superior presenta arcos escarzanos; pilastras corintias recorren la zona inferior. En las claves de los arcos y en las enjutas encontramos decoración escultórica, nada menos que 128 medallones, aunque el aire general del conjunto sea de inspiración clasicista.

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