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sábado, 19 de octubre de 2013

Diego de Siloe, 450 Aniversario (IV)

La etapa de madurez como escultor e imaginero

Diego era ya el autor consumado de toda Castilla, el más demandado, el más admirado. Sólo así se entiende que desde cualquier espacio geográfico castellano le encargaran proyectos y va contando con colaboradores de una altura y mérito desbordantes, caso de Felipe de Bigarny, con el que se cruzaría en Granada al tiempo.

Ambos participan del Altar de Santiago de la Puebla en Salamanca, una genialidad presidida por la Virgen, con el vigor de dos escenas, el Descendimiento y la Adoración de los Magos que dejan el sello de nuestro hombre. Para esa misma Iglesia ejecutará en mármol y piedra los sepulcros de los fundadores, los y del los sepulcros de los fundadores, los Gómez de Valencia.

Hacia 1525 ejecuta la gran imagen del Cristo atado a la columna de la Catedral de Burgos, talla que le servirá de modelo cada vez que interprete el asunto. Se caracteriza por una martirizada anatomía, un pecho plano jugando con la postura en la que iba a ser observada y un impresionante tratamiento de la espalda, musculosa y firme. Pero es más sobresaliente la cabeza, desproporcionada, ya que pretendía que el espectador viera a la Imagen desde abajo y se conmocionara con ella.

Hacia 1526 está trabajando los cuatro Evangelistas en Fresnedillo de las Dueñas (Burgos), la Sagrada Familia con San Juanito del Museo Nacional de Valladolid y de esa época es el sepulcro del Canónigo Santander del Claustro de la Catedral de Burgos. Tras este trabajo, la Iglesia queda tan conmocionada por la forma de trabajar el asunto de la Virgen con el Niño, que le llueven encargos del tipo para que haga relieves parecidos, que hasta en cuatro ocasiones en menos de dos años ha de afrontar.

Pero si hay una obra de esta época que no deja a nadie indiferente es el fabuloso y delicado San Sebastián de la Iglesia de Barbadillo en Burgos, que llegó a catalogarse incluso como obra de Donatello, poniendo de manifiesto la calidad de Diego.

Los benedictinos le encargaron su coro, trabajado con precisión humanística y huyendo de cualquier decoración suntuosa. Aún así, envió para San Benito de Valladolid esta joya que hoy conserva el Museo Nacional y entramos en la obra de Siloe destinada a la devoción popular con este crucificado vallisoletano imponente y el Ecce Homo de Dueñas, una obra que concentra el patetismo y el dolor de Cristo unido a una anatomía precisa y delicada.

Los años que van de 1526 a 1528 demuestran que estamos ante uno de los verdaderos culpables de que el estilo se asiente en España sin carácter exótico y en la plenitud de su belleza plástica, siendo Diego el artífice de que se produzcan las incorporaciones italianas en cuanto a perspectiva y dimensión escultórica y por supuesto, expresividad, venciéndose sin pudor el gótico.


Y así, llegaríamos a 1528... Fue cuando se establece en Granada. Acababa de empezar, otra nueva historia...

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