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viernes, 18 de octubre de 2013

Diego de Siloe, 450 Aniversario (III)

 La consagración burgalesa

A sus 27 años Diego era el más destacado artista castellano de su época y el que más demanda de encargos tenía. El principal cliente, después de la maravillosa “Escalera Dorada”, era nada menos que la propia Catedral burgalesa que si un día confió en el padre, hará lo mismo en un hijo sobradamente mejor que el primero. Es así como en 1522, esté llamado a implantar en España la escultura en su más pura versión italiana con el sepulcro que el Arzobispo Acuña deseaba levantar en la Capilla catedralicia de Santa Ana.

Con don Luís se comprometió a trabajar el túmulo en 200 ducados y dejarlo listo en 8 meses. Todo de media talla, todo de mármol. Y le salió una obra de fiera vitalidad que dejó en los hábitos episcopales mientras le otorgaba una paz mortuoria exquisita a la cara del eclesiástico y completaba todo con una frase, nunca mejor dicho, lapidaria: “...no sea que por el lado de presumir”.  Quedaron contentos los familiares Acuña y decidieron que llevara a cabo el Altar de piedra de la Capilla, una pila para el agua bendita y una lauda del linaje familiar. Es la primera vez que Diego de Siloe trabaja con un equipo ya a sus órdenes, algo que patentará en la Catedral de Granada años después. El maestro se encarga del diseño, de los dibujos y trazas y supervisa la obra.

A unos kilómetros de Burgos se encuentra el Santuario de Santa Casilda, en Buezo. Su fama ya imparable hace que los abades le encarguen la imagen de la Santa Titular así como el conjunto mariano del Altar Mayor, en donde se adelanta cien años al arte y se saca de su ingenio una iconografía propio del siglo XVII, la de las santas acostadas de plena belleza y tras la gloria de su muerte. Este precursor capaz de preconizar los estilos posteriores, vuelve a ser llamado desde la Catedral de para trabajar en uno de los espacios más distinguidos, nada menos que la Capilla del Condestable Álvaro de Luna, en donde había estado junto a su padre, empeñado en el Altar de Santa Ana.

Pero ahora, crea el Altar de San Pedro, cargado de grutescos y de adornos mediante casetones y deja ver el que se convertiría en uno de sus sellos identificativos: las columnas y la belleza insultante de las mismas. ¡Sólo tienen que darse una vuelta por el interior de la Catedral granadina para comprobarlo! Pero para coronar todo este trabajo, Siloe colocó un San Jerónimo de magnífica anatomía, que ofrece unos músculos secos y duros, de suerte que se convertirá en una de las interpretaciones más certeras del desnudo varonil en todo el estilo, y está ya anunciando cuáles serían las características de su trabajo imaginero que hoy observamos cada Jueves Santo en las calles de Granada.

Pero si todos los ejemplos puestos son de soberbia creatividad, en 1524 le da tiempo a legar para esta misma Capilla catedralicia su cumbre estética: el Altar Central. Lo idea como un escenario, casi teatralizado. El Niño Jesús es Presentado en el Templo entre San José y la Virgen. Una esclava hebrea lleva una paloma en sus manos y las vestimentas parecen haber sido hechas por los griegos de la Antigüedad. En el basamento del altar, las escenas marianas de la Natividad y la Visitación se disponen entre coros de ángeles que son de una originalísima novedad.

Como quiera que su arte fuera en aumento, las familias más acomodadas de la Castilla del momento se disputaban el honor de ser atendidos por el taller de Siloe. No poco tuvo que costarle a los Gómez de Santiago sacar a Diego de Burgos para trasladarlo hasta Santiago de la Puebla, una localidad de Salamanca, en donde se empeñará sobre el Altar Mayor de la Iglesia local, una esbelta y fornida máquina más propia del gusto español del siglo XVII que de los principios del siglo XVI. Pero ya saben ustedes que Siloe fue siempre un visionario del arte. Dos de las escenas han llamado siempre la atención: el Descendimiento y la Adoración de los Magos, temas iconográficos sobre los que algunos han llegado a decir que las líneas de los mantos y trajes estaban movidos por agua, no menos imponente es su veracidad.


Al fin, ese mismo año hará los sepulcros de los Gómez de Santiago, patronos de tan fecunda ejecución de manos de nuestro genio Siloe. Poco le quedaba al maestro para dejar su patria chica. Estaba alcanzando la cima de su capacidad. 

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