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lunes, 30 de septiembre de 2013

Balón de Oro

Juan Marrero Pérez fue un canario descomunal, un medio centro tan rápido como Quincoces y experimentado lanzador de faltas y penas máximas. Había nacido en “Las afortunadas” en 1905 y paseado por Vitoria o La Coruña su inmensa visión y cualidad futbolística. En España, estalla la II República y ese mismo 1931, justo al concluir la temporada, el club coruñés estaba inmerso en una difícil situación  económica, que le obligó a traspasar a Juan Marrero, conocido como Hilario en los terrenos. El Club que se interesó por él fue el Real Madrid, que pagaba la nada desdeñable cantidad 33.000 pesetas, de hace 82 años por hacerse con los servicios del centrocampistas. La gran cantidad de dinero para aquellos tiempos se justificó a lo largo de las seis temporadas que el canario defendió la elástica del Club Blanco.

Hilario compartía alienación con monstruos de la historia del fútbol como Zamora, Ciriaco, Quincoces o el grandísimo Luis Regueiro, del que se sigue diciendo que fue jugador más rápido que ha tenido España. Dos Ligas, dos copas, 5 trofeos menores y varias convocatorias como internacional para defender la camiseta de la Selección española fue el resultado del paso de Hilario por un Real Madrid donde se vistió de merengue en 130 partidos. En 1936 causa baja del equipo, pero lo hizo también el equipo entero, la Liga, la sociedad española y la vida incluso. Estallaba la Guerra Civil y antes que practicar deporte de manera profesional, había que salvar el pellejo en los frentes y malvivir en la retaguardia.

Jacinto, Zamora y Quincoces, leyendas blancas

Después de la Guerra, Hilario se instaló en La Coruña. Nadie estaba a salvo de las represalias, como no lo estuvieron durante la II República; el defensa madridista Félix Quesada, pasó de miliciano a convencido falangista, quizás por interés. El grandísimo portero Ricardo Zamora fue encarcelado por los republicanos, el medio centro merengue Ramón de Mendizábal y Amézaga, falleció mientras combatía como piloto de aviación en el bando franquista; el soberbio Jacinto Quincoces, se hizo conductor de ambulancias y Luís Regueiro, fue declarado enemigo por las tropas de Franco.

En este ambiente empezaba una nueva etapa deportiva Juan Marrero, el gran Hilario Marrero. En La Coruña el ambiente que respiraba el ciudadano era el de toda una España de purgas. Es la vida llevada al extremo: el ganador escribe la historia y la moldea a su antojo. En éstas, Marrero iba a convertirse en técnico del Deportivo de la Coruña y plenamente identificado con la ciudad, en lo que sí que se iba a convertir es en un humano excepcional. PORQUE HILARIO METIÓ MENOS GOLES QUE MESSI, PERO FUE UN HÉROE.

Vivía en La Coruña, en esos días de la iniciada dictadura, Paco Trigo, el mítico  portero del Rácing de Santander, cancerbero tan aplaudido como Zamora. En un cabaret coruñés de la Calle del Orzán, Hilario Marrero bailaba con una joven cuando entró al local una escuadra falangista borracha de odio y ebria de vino. Al momento, reconocieron a Marrero, al ídolo madridista. Los falangistas se acercaron a su mesita, le pidieron autógrafos, buscaron una cámara de las de antes para inmortalizar el encuentro y se felicitaron por la feliz coincidencia. Media hora después, ponían el local en solfa y a grito pelado, detenían a Paco Trigo. Hilario Marrero se acercó a los falangistas para interesarse por esa “atípica detención”. -¿A dónde lo llevan? -preguntó. Y los falangistas reconocieron la maniobra: “vamos a darle el paseo”.

Inmediatamente, Hilario se juega el pellejo. Corrían tiempos en los que interceder por un rojo condenado (sin juicio) era como poco, jugarse la vida propia. Pero al canario, al ex madridista le sobró arrestos y valor para interceder por el detenido, que iba camino de un viejo camión con rumbo a la tapia del cementerio más próximo. Los falangistas dudaron, a fin de cuentas “su héroe futbolístico” era el que les estaba pidiendo el favor. En estas, cuando Hilario veía todo perdido, decidió comentarles que Paco Trigo había sido un extraordinario portero que él mismo sufrió, que le detuvo más de un disparo y que era un astro sin igual. Y bastó para que los pistoleros, tragando kilos de odio y venganza, dijeran

-Ha tenido suerte. “Creíamos que era otro”... Y se marcharon. Luego, Hilario, el gran Juan Marrero Pérez, valiéndose de su merecida fama y del prestigio que antes de la guerra le dio su juego en el Real Madrid, salvó de una segura muerte a más de un coruñés que tuvo como ángel de la guarda al futbolista canario. Hoy día, con una legión de fisios, médicos, centros de alto rendimiento deportivo, nutricionistas y millones de sueldo, los astros de este deporte son aplaudidos mientras van camino de un juzgado, como presuntos chorizos, como presuntos defraudadores, como presuntos ladrones de guante blanco, al tiempo que decenas de ciudadanos sin estudios los corean como dioses, cuando los dioses de fútbol, son los Zamora, los Hilario Marrero, los Mathias Sindelar. Hombres que malvivían del deporte y que se jugaban la vida por defender la de otros, mientras que los ídolos de hoy sólo entienden de dinero...


Por eso, el mejor jugador del mundo no creo que sea Messi, pero Hilario Marrero sí merece que nadie lo olvide así pasaran cien años. Y a él le hubiera dado yo no cuatro, sino tantos balones de oro como vidas salvó.

3 comentarios:

Alfredito dijo...

Cómo me gusta llevar razón, de nuevo puedo decir, lo q no haga la Virgen. ...
Enhorabuena me alegro de q renazca la alacena, un abrazo hermano

J. Carlos Medina dijo...

Bien está lo que bien empieza y nada mejor con lo que comenzar esta temporada bloguera que sin duda ya echábamos de menos.

Anónimo dijo...

David, los de la foto son CIriaco, Zamora y Jacinto Quincoces.
Que te pueda corregir un solo dato, no tiene precio. Para todo lo demás Mastercard.
Francis Rabaza.