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sábado, 3 de agosto de 2013

Venir de perilla

Si algo hemos puesto de manifiesto muchas veces en esta Alacena, es que el origen de nuestras expresiones y dichos se sustentan en cuestiones históricas y en sucesos reales. No iba a ser menos la de hoy, con siglos a sus espaldas y que vio la luz por la aplicación de algo lógico. El resto, esperar y que la transmisión oral se encargara de inmortalizar la frase. “Que algo nos venga de perillas” significa que llega en el momento oportuno, que cuando más necesitamos algo, nos lo ofrecen o lo encontramos. Mis recuerdos infantiles recreaban estas expresiones, las visualizaba, intentaba darle explicación. Aún rememoro unas peras brotando de un árbol sin entender el sentido de “no pedirle peras al olmo”. Algo parecido me sucedía con “venir de perillas”... ME imaginaba una de esas penas enanas del verano en la mano del que de repente, decía la expresión.


Pues no, es una de las piezas que componen una silla de montar, en la parte delantera, muy recomendable para los jinetes nobeles, muy útil los más inexpertos y que tiene el fin de ayudar al caballista si éste, llegado el  caso, puede perder el control y cree caer de la montura. Además, para la doma vaquera y el tipo de espectáculo equino vaquero, la perilla servía para amarrar a ella las cuerdas que sostenían otro animal y suele ser frecuente en los mayorales y hombres de confianza de una ganadería taurina o en el entrenamiento de los rejoneadores. Lo que queda claro es que la forma de esta pieza de la montura le dio el nombre de perilla, que a veces, viene de manera oportuna al que monta y que durante todos los siglos y siglos en los que el caballo fue uno de los animales trascendentales para la vida del hombre, la perilla fue parte importante, de ahí que todavía, las cosas o los sucesos, NOS VENGAN DE PERILLA. 

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