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domingo, 4 de agosto de 2013

Qué viene el coco

Puede que sea una de las nanas más famosas de la historia, cuando no de las más incongruentes; porque en España, desde los tiempos más inmemoriales, los niños se han dormido sabiendo que de no hacer caso a las madres, un señor peludo con forma de fruto americano vendría por la puerta y se lo llevaría. Y el coco le ha ganado el puesto al hombre del saco, que un buen día descubrimos a través de la inocente serie mejicana de “El chavo del 8” que también se le llamaba “ropavejero”. El caso es que las madres, anchas y panchas, se dedicaron a acunar a sus vástagos amenazándoles con la horripilante visión de un secuestrador sin imagen concreta que hizo correr ríos de miedo en el colectivo popular de los más pequeños de la casa. ¡Demasiado bien salimos!

"Llegada de Vasco de Gama a Calicut". Luis de Camoes, 1880.

El Coco tuvo su origen en los primeros descubridores; fueron los portugueses los que trajeron a este personaje siniestro y macabro de los temores infantiles demostrando que el miedo a lo desconocido es con diferencia, el peor de los castigos. Y así las cosas, llegaba de nuevo a Portugal en agosto de 1498 el afamado Vasco da Gama, trayendo consigo un fruto desconocido que a los ciudadanos de hace más de cinco siglos les pareció la cabeza de un hombre, peludo, horripilante y macabro. A bordo de una carraca de 27 metros de eslora, el explorador luso había corrido por África y América y descubierto especias y frutos desconocidos. Y mientras desgranaba lo visto y vivido, no sin ciertas dosis de imaginación y fantasía, el personaje de leyenda que a las orillas del Tajo portugués y en toda la costa lusa había sido siempre alguien fantástico e irreal pero con el nombre de côco, le dio el nombre a aquel fruto tan extraño y peludo. El coco, al fin, tenía rostro y cara.

Don Francisco de Goya y Lucientes, 1799.

La figura se popularizó por toda la Península Ibérica, de aquí a toda América, la portuguesa y la española; al cabo de los siglos, el coco era temible entre los niños. Hasta que en 1799, formando parte de las otras 80 estampas de la serie de “Los caprichos”, el más grande de los pintores de la historia, don Francisco de Goya, sale a la luz con el número 3 QUÉ VIENE EL COCO.

Algunos intelectuales habían advertido de algo que a todas luces, hoy nos sonroja: Desde el gobierno de Carlos III se perseguía aquellos fallos educativos, falsas creencias, prácticas propias de un analfabetismo supino de la España del momento. La Real Academia ya propagaba a los cuatro vientos que estábamos ante un “abuso funesto de la primera educación. Hacer que un niño tenga más miedo al Coco que a su padre y obligarle a temer lo que no existe; porque las madres tontas hacen medrosos a los niños figurando el Coco; y otras peores se valen de este artificio para estar con sus amantes a solas cuando no pueden apartar de sí a sus hijos.”

"Cortejo español". José García Ramos, 1885.

Y Goya formaba parte de esa élite empeñada en meter cultura y erradicar prácticas insulsas en la sociedad, aún a costa de su propia cabeza. Fue común que denunciara mediante sus grabados y dibujos, fantasmas y seres que no existen, supersticiones absurdas y supercherías baratas. Pero claro, resultó, como vemos en la estampa goyesca, que en realidad el COCO, era un “echado p`adelante” de la vida, un vividor, un conquistador irresistible. “Niño, duérmete que viene el coco”. ¡Y tanto que venía! Pero con los calzones bajados.


El coco... el terror infantil que desde el siglo XV rondó los sueños de los niños españoles. 

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