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lunes, 29 de julio de 2013

van Gogh asesinado

"Trigal con cuervos". Su última obra (julio de 1890)

Un trigal plagado de cuervos... Ya se sabe que en la región de la Isla de Francia, los veranos nada tienen que ver con este sur de Europa. Lo había acabado hacía unos días; uno de sus 900 cuadros. Tenía 37 años, una perturbada concepción de la vida y una coherente visión del futuro del arte. Sólo le quedaba su hermano Theo y la huella de su desequilibrio en la tajada de la oreja. Entonces, para despedir julio y justo ante el mismo campo de trigo que pintó poblado de cuervos, Vincent van Gogh se disparó en el pecho. En el Olimpo de las artes, dicen que hubo fiesta ese día.

El último autorretrato que pintó.

¿Es normal que alguien que piensa descerrajarse a la altura del corazón un balazo acabe con minuciosa atención un cuadro apenas unos días antes de hacer la maleta al otro mundo? En la vida de van Gogh, parece que todo era posible. Pero 120 años después, repasando las decenas, cientos de cartas que le mandaba a su hermano, algo no concuerda. ¡Alguien nos ha vendido la imagen de un loco, de un demente, para que su pintura se envuelva en el hálito del misterio y cotice más!

Autorretrato (enero de 1889)

En diciembre de 1888, año y medio antes de su presunto suicidio, se automutiló cortándose su oreja izquierda. En aquel momento compartía piso, taller, amistad y más con Paul Gauguin. El carácter de ambos era irascible y chocaban; la frecuencia de las peleas y las riñas era de sobra conocida en todo Arlés, el pueblecito sureño de Francia. El día de los inocentes, el pueblo vio como van Gogh perseguía a Gauguin blandiendo una navaja con la intención de alcanzarlo. Luego, dando síntomas de desmayo, se presentó en el burdel que más frecuentaba y con una de sus prostitutas, a la que tomó todo el cariño que su dinero le permitió, le dio envuelta en un pañuelo su oreja. Gauguin había desaparecido esa misma tarde y a van Gogh hubo que encamarlo de urgencia, cortarle la hemorragia y hacerle una transfusión de sangre. A su regreso a aquella habitación mil veces plasmada en sus cuadros, se autorretrató con la oreja vendada. Acababa de convertirse en “el loco del pelo rojo”. Pero: ¿y si nunca se autolesionó y lo hizo Gauguin?

Será difícil que lo descubramos ya, como que sostengamos plenamente que van Gogh ¡NO SE SUICIDÓ! sino que fue la víctima de un homicidio involuntario. Sí, hubo un disparo, pero no hubo suicidio. Las balas que acabaron con su vida procedían de la escopeta de unos jóvenes cazadores que acabaron con la vida del que hoy pasa por ser uno de los más admirados y cotizados artistas de la historia pero que en vida, fue un fracasado que nunca vendió un cuadro. Sn embargo, las cartas que le enviaba a su hermano Theo, mucho más que un confidente, más que un apoyo moral (su mecenas, quién le costeaba, quién compró el único cuadro que creyó haber vendido) dicen lo contrario. Aquel mes de julio escribía su extraordinaria voluntad de seguir viviendo y trabajando. En otra carta anterior, sin venir a cuento, manifestaba que el suicidio era un acto de cobardía. Los textos se amontonan. Sí, es cierto que sufría esquizofrenia, pero nada más lejos de la demencia que nos han querido vender.

¿Un enfermo que poco antes de morir pinta 500 cuadros?

Durante sus internamientos en psiquiátricos, de manera voluntaria, su pintura no se vuelve negra, extraña o aterradora. Pinta y mucho, hasta 2.500 obras en un cuarto de siglo. No parece la actividad de un demente, de un enfermo ni de un perturbado. En los dos últimos años ejecutó 500 obras; en los dos últimos meses, pintó más de setenta cuadros. En los últimos 69 días, 79 cuadros. ¿Así se comporta un loco? ¿Es esa la actividad de un enfermo mental?

El 29 de julio de 1890, hace justo hoy 123 años, Vincent van Gogh aprovechando la caída de la tarde, volvía al campo que inmortalizó días antes. El trigo atacado por la bandada de cuervos que lo sobrevuela. Por las fincas colindantes de hallaban los hermanos René y Gaston Secrétan, menores de edad, díscolos e incontrolables. Vicent van Gogh los conocía bien, se podía decir que hasta había hecho buenas migas con los dos. Sobre todo con René, el mayor de los dos, el líder. Un preadolescente problemático al que gustaba vestirse de cowboy y se entretenía disparando a animales con una vieja pistola del calibre 38. Ese día, una de las balas se perdió hasta encontrar el pecho del pintor que se sabía herido de muerte. Jamás quiso incriminar a los jóvenes, a fin de cuentas, el tormento mental que la enfermedad le provocaba era inmenso. Tenía 2.500 obras sin vender, dependía de la generosidad fraternal de Theo, era considerado un loco y puede que se hubiera rendido ya. No, no se suicidó, pero cayó la verdad para que René Secrétan no arruinara su vida cuando aún no había comenzado de verdad.

"La habitación de Arlés" (1888)

Murió ese día. Sin vender un cuadro; sin una crítica favorable, sin el apoyo de los colegas y sin el refrendo del arte. O fue un adelantado, o su pintura se ha convertido en un gigante gracias a la colección de inexactitudes que han poblado su biografía. Porque van Gogh puede que no se cortara la oreja, puede que no se suicidara y puede que sin todo ello, no hubiera tenido el reconocimiento aplastante del que goza hoy... Puede, por eso, que los responsables de su Museo en Ámsterdam nieguen todas estas investigaciones y corran al desmentido. Tal vez, como tantas veces, estemos ante un “producto”, el resultado del marketing, la rentabilidad de la falacia.   


"La noche estrellada (1889)

¿Tú que piensas? ¿Fue un grandísimo artista, un revolucionario, un adelantado, un vidente del arte o es un subproducto de todas las mentiras que sobre su vida se han podido contar? 

"Los Girasoles" (1889)

1 comentario:

JUAN PEDRO dijo...

a mi su arte me llama la atención, y ya sabes que soy un rancio y hasta que una vez mas nos has ilustrado magistralmente no sabia apenas nada de su vida.