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domingo, 14 de julio de 2013

Trabajo basura

Hace unos años estaba con un buen amigo; un manitas que sabe hacer de todo y que lo suyo le habrá costado dominar fontanerías, electricidades y demás apaños. Este improvisado genio no pasó por Universidad alguna ni falta que le hizo en el empeño por arreglar cualquier descosido y roto que se presenta en la casa. El caso es que había soltado una serie de folletos de publicidad anunciando que cualquier rotura o problema doméstico era capaz de arreglarlo y estando con él, a horas no muy prudentes por cierto, lo llamaron. Se trataba de abrir un ascensor que había dejado atrapados a varios vecinos dentro. La comunidad de propietarios debía haber obviado los pagos de mantenimiento a la empresa del ascensor porque ésta no les atendió y allí que me fui en calidad de acompañante (los que me conocen ya sabe de mi torpeza en manualidades varias) para ver como a los dos minutos de llegar, mi amigo había resuelto el drama, que para más señas, se produjo por estas fechas, con el consiguiente agobio claustrofóbico y proceso de histeria de los tres adultos encerrados en una cabina minúscula de un bloque cualquiera de Granada.

El caso es que tocaba pagar y mi amigo le dijo la cifra, que le presidente consideró un abuso, un robo, inapropiado para tan poco trabajo, espetándole que: “lo único que has hecho es tocar un par de cosas”... Mi amigo no perdió la flama ni los nervios y le dijo: “sí, pero hay que saber lo que se toca y dónde se toca”. Y el presidente, cabreo aparte, tuvo que apoquinar lo convenido.

De esto va la historia de hoy. Mi amigo no llega a la notoriedad, a la fama y a la capacidad de Charles P. Steinmetz (1865-1923), que está considerado uno de los padres de la electricidad, pero comparte con él episodios parecidos. Al parecer, Steinmetz tenía fama como investigador, era un técnico soberbio y responsable en buena medida de los éxitos de Ford. El dueño, el prestigioso Henry Ford lo llamó un día con muchísima inquietud, porque se había detectado problemas con el generador eléctrico que usaban casi todos los modelos de automóviles. El caos, la ruina para la empresa. Nadie daba con la solución y la cadena de montaje estaba parada, con la consecuente pérdida multimillonaria.

Charles P. Steinmetz llegó a la fábrica, pidió una libreta, un lápiz y un lugar donde dormir y se dedicó los días siguientes a escuchar el sonido del generador. Cuando había hecho los cálculos suficientes, hizo una marca de tiza sobre el generador y le dijo a Henry Ford que sus operarios tenían que eliminar 16 vueltas de  bobina a partir del punto en que había realizado la marca de tiza. Los ingenieros de Ford siguieron sus instrucciones y el generador comenzó a funcionar perfectamente.

Poco tiempo después, Henry Ford recibió una factura firmada por Charles Steinmetz por un importe de 10.000 dólares. Ningún empresario se hace rico siendo dadivoso y no escatimando, y Ford estaba extrañado por la enorme cantidad que le pedía. 10.000 dólares de principios del siglo XX, era a todas luces una burrada. Así que le solicitó que le detallara con precisión la factura, que le llegó a los pocos días: 

Marca de tiza en el generador: 1 dólar. 
Saber dónde hacer la marca 9.999: dólares. 
Total a pagar: 10.000.


Y es que, a la gente se le ha olvidado que se paga la capacidad, la experiencia, los estudios, la formación... al individuo. Y nos olvidamos muchas veces que para apretar un tornillo, antes alguien ha tenido que pasar mucho tiempo averiguando la manera de hacerlo lo mejor posible. 

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