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sábado, 20 de julio de 2013

Sibaritas

Síbari, Calabria. Una población a la que cambiaron su nombre por el actual (Cassano allo ionio) pero cuyos orígenes se remontan a la Grecia de hace 2.600 años. Eran sus habitantes los sibaritas, que hacia el siglo VI antes de Cristo, empezaron a destacar por su curioso amor por la buena vida. Los textos antiguos dicen que en Síbari, los ciudadanos demostraban “excesiva dedicación al lujo, a la vida reposada. Pronto, en toda la Grecia se empezó a decir que los sibaritas detestaban el trabajo y se hicieron famosas las extravagancias de la población, como por ejemplo, cuando llegaron a prohibir que se establecieran herreros o caldereros, o cualquier otro artesano que estuviese sometido a mucho trabajo y sobre todo, que su actividad produjera ruido. Incluso se dictaron normas de orden público que prohibía la presencia de animales en la ciudad, por lo molesto de sus ruidos, su vulgaridad o la pestilencia de sus excrementos. Era, sin lugar a dudas, la ciudad de lo refinado y lo exquisito. A los niños se les vestía con trajes púrpuras, el color de la nobleza aristócrata y el tinte más caro y se les dejaba el pelo largo que era atado con hilos de oro. Tal vez, exageraciones, tal vez, el origen de la fama de los sibaritas.

Poco a poco, aquella colonia griega del sur de Italia fundada en el año 721 a.C. logró fama y fue perpetuando lo excéntrico de su día a día. Llegó a tener más de 300.000 habitantes, allí se trasladó a vivir Pitágoras y el boca a boca ya se encargaba de contar que los sibaritas dormían en colchones de pétalos de rosas.

Allí sólo trabajaban los esclavos, con recomendaciones y órdenes muy claras: tenían prohibido realizar actividades ruidosas a la hora de la siesta y alcanzaron una enorme distinción en lo gastronómico, con invenciones culinarias de una finura tal como el ganso, los huevos de faisán o postres de higos y miel. A diferencia de los otros pueblos griegos, no existía el servicio militar obligatorio, aunque los nobles practicaban maniobras más propias del lucimiento que otra cosa. El ejercicio militar más extendido fue la danza a caballo con animales amaestrados para tal fin, siendo muy populares los “regimientos musicales”. Desde luego, sonaba bien una guerra sibarita.

Síbaris se enfrento hacia el año 510 antes de Cristo con la vecina Crotona. Los enemigos de los sibaritas, sabían que la victoria iba a ser muy fácil y armaron a sus ejércitos con soldados que sólo llevaron al combate, flautas. Rápidamente, los caballos sibaritas perdieron la compostura y empezaron a hacer lo que estaban acostumbrados y para lo que fueron en su día amaestrados: bailar. Crotona tuvo muy fácil la victoria y arrasó al “refinado” ejército, que más bien era un conjunto de delicados y elegantes caballeros, tomando Síbaris a la que le infringieron un duro castigo: la asolaron, la arrasaron y borraron toda huella de su historia y de su urbanismo. De la patria de los sibaritas no quedaron ni los muros, y el historiador Heródoto (485-425 antes de Cristo) no pudo ni siquiera encontrar algo que mencionar sobre el que 50 años antes, fue un verdadero paraíso en la tierra.


Pero quedó la fama. Y ésta llegó a nuestro diccionario, a nuestra habla diaria y popular, a nuestra colección inmaterial de dichos y expresiones populares de forma que cuando uno dice de otro que es un sibarita (persona de gustos refinados, amante de la elegancia o relacionado con lo ceremonioso y cuidado), hemos de acordarnos que se lo debemos a los sibaritas, allá por el sur de Italia, en la actual Calabria y hace 2.700 años. 

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